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Al borde de un ataque de nervios
bipolar

Sin ser consciente de ello, mi cabeza ya estaba comenzado a angustiarse, a querer controlarlo todo para pretender evitar la posible ansiedad. Pero ya estaba ansiosa.

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Al borde de un ataque de nervios

Persona con trastorno bipolar cuenta cómo logró calmar su ansiedad durante asilamiento preventivo

Yo sabía que el aislamiento preventivo estaba por llegar. Las cifras, cuando Las comparaba con las de otros países, mostraban que sería necesario. Hacer este análisis no me generaba angustia, pero no me imaginaba entonces que mandarnos a todos a la casa afectaría mi salud mental, tema muy delicado para mi porque tengo un trastorno bipolar.

Lo primero que hice cuando supuse que pronto estaríamos todos guardados fue asegurarme de que uno de mis medicamentos que tomo para cuidarme de mi enfermedad me llegara a la casa por domicilio, así yo no quedaría en el limbo de descifrar cómo recogerlo en medio de una posible cuarentena. Desde hace dos semanas está programado que llegue a mi casa el próximo 3 de abril.

Los otros dos medicamentos que tomo debía recogerlos en una droguería especial que queda cerca de mi casa en Bogotá. Las fechas para hacerlo coincidieron con el simulacro, así que salí a la calle muy angustiada de que me pudiera contagiar: calculaba la distancia que guardaba con los pocos peatones que había en la calle, caminaba con las manos en los bolsillos para evitar tocarlo todo, pero también iba tranquila porque llevaba conmigo las fórmulas médicas con las cuales, si me paraba una autoridad, podía demostrar que tenía una razón válida para no estar en mi casa.

Sin ser consciente de ello, mi cabeza ya estaba comenzado a angustiarse, a querer controlarlo todo para pretender evitar la posible ansiedad. Pero ya estaba ansiosa.

Regresé a mi casa más tranquila porque cuento con mis medicamentos para un mes completo y eso reduce mi angustia, pero cuando el presidente anunció la cuarentena hasta abril, mi ansiedad volvió a crecer. Esa noche no pude dormir bien, no entraba en un sueño profundo, me despertaba cada rato y no dejaba de pensar en cómo nos íbamos a mantener durante estos días. Calculaba para cuántas semanas me alcanzaba el mercado, cómo podría pagar la cuota del préstamo de la universidad de mi hijo y las respuestas no me dejaban descansar.

Dormí cerca de tres horas. A las 7:00 a.m. ya estaba frente al computador enviando correos para negociar el crédito, para saber si las empresas que me contratan por mis servicios como independiente me van a pagar como proveedor durante estos días. A pesar de no haber dormido, sentía que tenía que moverme, que debía actuar, que no podía quedarme quieta, que el mundo jamás sería el mismo, que ya no habría trabajo para todos, que los muertos serían millones

Entonces lo hice consciente: estaba realmente ansiosa. Le escribí a la psiquiatra, me recomendó tomarme otro medicamento que afortunadamente tenía en mi casa y eso me ayudó un poco, pero entonces comenzó una nueva angustia: no puedo tener una crisis durante este encierro, no puedo terminar con un encierro en otro sitio, ¿qué puedo hacer?

Lo primero fue volver a escribir para entender mis emociones. Esto me ha servido mucho durante la enfermedad y estos escritos fueron el origen de mi libro Mi Bipolaridad y sus Maremotos que salió publicado en el 2016, entonces pensé en alguien que realmente me pudiera entender y decidí que mi amiga Fermina Ponce, poeta que también tiene un trastorno bipolar y con quien creamos recientemente Conversemos, un movimiento para ayudar a reducir el estigma hacia la enfermedad mental, sería la destinataria perfecta para recibir mis textos.

Ella vive en Aurora, Estados Unidos, y comencé a enviarle cartas por correo electrónico en las que le cuento cómo me siento. Ella me manda poemas como respuesta. Escribir me dio claridad mental y emocional, y la ansiedad comenzó a bajar. Lo otro que hice fue reducir en lo posible el contacto con las noticias. Mi años de trabajo como periodista me dejaron el hábito de saber qué sucede en mi país y en el mundo, y frente a esta pandemia sentía que debía seguirla minuto a minuto.

Leí las crónicas sobre lo que sucedía en Italia, el horror de los cadáveres que se quedan por días en las casas en España porque las funerarias no dan abasto, la decisión de Estados Unidos de no tomar ninguna decisión, la opción que tomó el Reino Unido, y todo esto no hizo más que hacerme sentir en un mundo que se destruía poco a poco. Por fortuna, la siquiatra me recomendó que solo viera noticias una vez al día, así que comencé a seguir su consejo y me sentí mucho mejor.

El presente

La angustia por la plata no cesaba. Pensaba en escribirles a mis familiares para que me regalaran dinero para hacer el mercado, espera ansiosa las respuestas de mis clientes y trataba de calmarme pensado que mi única necesidad real era la comida, el resto ya estaba cubierto.

Finalmente, una empresa me consignó parte de la plata que me debía por un trabajo y dos amigas muy generosas me regalaron un dinero. Tema resuelto, pero mi angustia no se iba del todo, así que vi una charla en Instagram del reconocido psicólogo y logoterapeuta Efrén Martínez y me dio las mejores herramientas. La más valiosa para mi: el sufrimiento dura hasta que lo aceptemos. Lo acepté.

El mundo va a cambiar, tal vez tenga problemas económicas por un tiempo, como nos sucederá a muchos independientes, pero algo nuevo me inventaré. Necesitaremos herramientas diferentes para vivir después de todo esto y sí, me puedo quedar sin plata. Aceptar este hecho me dio la mayor tranquilidad y me abrió la puerta a que tal vez todo esto sea una opción para reinventarme.

Mi ansiedad se redujo en un 95 por ciento y pude volver a trabajar y a asumir mis responsabilidades. Antes de esto, me sentaba frente al computador y no lograba concentrarme, tardaba horas en escribir una página, pero como siempre, al final lo lograba. Quienes me conocen saben que tarde o temprano le gano la partida al trastorno bipolar y logro seguir con mi vida.

Decidí que también podía ayudar a otras personas con enfermedades mentales a superar estos momentos, así que desde las redes sociales de Conversemos comencé a publicar un consejo diario que reúno de entrevistas y recomendaciones de expertos. Ha sido muy útil para mi enfermedad entregarles algo a otros y sentir que puedo ser parte de la solución. Estoy feliz comunicando mensajes útiles en Conversemos.

Ahora reviso muy celular pocas veces en el día, los grupos de WhatsApp están invadidos de memes. Ya no miro todos los videos ni recomendaciones que circulan sobre el coronavirus, ni los chistosos ni los serios. Solo sigo fuentes oficiales de información. Parte de los problemas con nuestras mentes cuando no están muy bien es que nos dedicamos a rumiar y rumiar las mismas ideas, hasta que nos cuesta trabajo desprendernos de ellas: por eso he cambiado los temas en los que pienso y estoy concentrada en mi trabajo.

Le doy gracias a la vida por vivir en una casa que tiene jardín, entonces he salido al sol y al pasto. También tengo suficiente espacio para que todos estemos tranquilos en la casa y tengo un perro al que mimo cuando estoy angustiada o juego con él. Eso me da tranquilidad. No lo saco a la calle a pasear sus 20 minutos, los hacen los otros miembros de la familia, porque salir me genera angustia.

Tener que cuidarme de tantas cosas, como mantener la distancia, lavarme las manos de verdad muy bien, no estornudar, en fin, todo esto me abruma, así que cuando es necesario salir para comprar algo, lo hace mi marido. Me da miedo salir y sentir que todo el espacio fuera de mi casa está lleno de enemigos.

Todas las estrategias que he seguido me han servido para estar tranquila y a gusto. He sido consciente de lo que me genera ansiedad y lo reduzco o lo elimino. Me tomo mis medicamentos y se que tengo un saldo en el banco que me permite atravesar estos días con las necesidades básicas satisfechas.

En estos momentos son pocas las cosas materiales que necesitamos, como lo es realmente en cualquier momento de la vida, pero sí requerimos sentirnos tranquilos para vivir el presente.

Por fortuna, tengo mucho trabajo por hacer, no se con todo esto cuándo ni cómo me lo paguen, pero ahora también se que tengo herramientas a la mano a las que puedo acudir, como por ejemplo colorear mandalas, hacer clases de yoga –ahora hay montones gratis por Internet–, conversar con alguien por teléfono, leer de temas diferentes a esta pandemia y escribir, siempre escribir.

CATALINA GALLO ROJAS
Para EL TIEMPO 

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