Las macabras prácticas de bandas criminales que aterran en 4 ciudades

Las macabras prácticas de bandas criminales que aterran en 4 ciudades

Descuartizados en Bogotá y cerdos alimentados con partes humanas en Bello son parte de los métodos.

Descuartizados

Dos cuerpos descuartizados en Bogotá fueron abandonados en mayo, en una esquina del barrio Eduardo Santos.

Foto:

EL TIEMPO

Por: Unidad Investigativa
31 de julio 2019 , 08:36 p.m.

El gobernador de Antioquia, Luis Pérez, estaba desconcertado. Este martes a mediodía, tras finalizar un consejo de seguridad en su departamento, le reveló al país una macabra práctica que bandas criminales de Bello están utilizando.

Según Pérez, información que ya está en poder de la Fiscalía señala que varios de los desaparecidos, en medio de la guerra que se vive en ese municipio, terminaron desmembrados y lanzados como alimento para cerdos con el fin de borrar todo rastro.
“Sabemos que les están echando a los marranos los cuerpos para que se los coman (...) Esto es lo más brutal de la humanidad (...) Ya le di aviso a la Fiscalía para que se investigue. Necesitamos que la gente denuncie”, aseguró el gobernador. Y agregó que una persona que ya había sido torturada y logró sobrevivir, y que hoy está bajo protección, entregó detalles de esta práctica.

Un par de horas antes, la Policía Metropolitana de Bogotá había confirmado el hallazgo de un cuerpo descuartizado y envuelto en bolsas de basura, que fueron abandonas en una calle del barrio Villa Luz, de la localidad de Engativá. Tal como lo reveló una investigación de este diario, con este ya van 8 descuartizados en los últimos nueve meses en la capital del país y en sus goteras.

La revelación de Pérez y el nuevo descuartizado de Bogotá confirmaron una hipótesis que las autoridades vienen manejando con preocupación y que expertos en seguridad ratifican: una nueva degradación de la violencia.

“Esto se puede considerar como una actividad terrorista. Nuevas estructuras criminales buscan sembrar terror en la comunidad y entre sus competidores para apoderarse del territorio y de economías ilegales. El mensaje que quieren enviar es quién es más fuerte”, aseguró Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz.

Bajo esa lógica criminal se explican los cuatro casos de descabezados que se han reportado en la frontera con Venezuela en tan solo un mes y medio. Fuentes de la Policía y autoridades locales confirmaron que bandas criminales como ‘los Pelusos’ y el ‘clan del Golfo’ se estarían ‘disfrazando’ de Autodefensas Colombo Venezolanas para disputarles territorio y poder al Eln y las disidencias de las Farc.

Este tipo de prácticas fueron las mismas usadas en el pico de violencia que desató el narcotraficante Pablo Escobar –en los 90– para desaparecer a sus enemigos; por la ‘Oficina de Envigado’, que derretía en ácido a sus víctimas, y por paramilitares de Cesar, que tiraban restos humanos a fosas con cocodrilos.

La gasolina de este tipo de violencia, que también se ha vivido en países como México, no es otra diferente que la coca. Colombia sigue inmersa en al menos 207.000 hectáreas.

Camilo González Posso, director de Indepaz, recalcó la falta de jerarquía en estas organizaciones, que buscan espacio con violencia. Y agregó que hay una clara influencia de métodos que producen terror en otros países, como pasa en el norte de México.

“A eso se suma el resurgimiento de los herederos de viejos grupos paramilitares, que introdujeron en el país métodos como los hornos crematorios y las motosierras”, precisó González Posso.

Al respecto, la Defensoría del Pueblo y la comunidad dan cuenta de la presencia de mexicanos en zonas como Jamundí, Valle, en donde la gobernadora del departamento, Dilian Francisca Toro, aseguró que aumentaron los cultivos ilícitos.

“Ya le pedí al presidente Iván Duque ayuda para desterrar las más de 1.400 hectáreas de narcocultivos que hay sembradas en Jamundí”, aseguró Toro.

También hay rastros de la presencia de ciudadanos de ese país involucrados en el narcotráfico en sectores de Córdoba, Nariño, Cundinamarca y Antioquia.

Según la Fiscalía, ya son dueños de cultivos ilícitos y hay 103 mexicanos investigados. Y se sabe que grupos de hasta 10 ciudadanos de ese país están enquistados en Antioquia, especialmente en Urabá, coordinando los envíos de droga. Ahora son ellos los que se disputan el negocio con las bandas criminales, el Eln y la disidencia de las Farc.

Droga y armas

En el caso de Bogotá, el pulso es entre poderosos ‘sayayines’ del viejo ‘Bronx’ que han extendido sus tentáculos a municipios vecinos como Soacha y que desencadenaron una vendetta por la pérdida de un cargamento de droga.

Las pequeñas estructuras de microtráfico se están quedando con una importante tajada del mercado, no tienen jerarquía y están dedicadas exclusivamente a delinquir. Y lo que las mantiene son las enormes ganancias, entre las que están el tráfico ilegal de armas”, le dijo a EL TIEMPO Andrés Nieto, experto en seguridad ciudadana.

Nieto agregó que en este mercado ilegal se pueden mover anualmente hasta 11.000 millones de pesos en ganancias netas.

Una cifra similar se maneja en Bello, en donde, en lo que va de este 2019, han asesinado a 90 personas. Sin embargo, la cifra podía ser mayor si, tal y como lo dijo el gobernador de Antioquia, algunos de los desaparecidos terminaron en marraneras o neveras. Allí, la pelea es entre organizaciones criminales que buscan el control de los corredores del narcotráfico, minería ilegal y la extorsión.

“En el norte de Antioquia quienes están generando esos asesinatos son ‘los Pachelly’, ‘los Triana’, y la gente de París (barrio de Bello). Todos están ligados al narcotráfico y buscan marcar una pauta de terror, tanto en sus rivales como entre quienes les deben dinero”, aseguró Hugo Acero, analista en temas de seguridad.

El mismo esquema criminal se puede extrapolar al otro lado del país. En Tuluá, Valle, han aparecido dos decapitados –Edwin Gutiérrez y Cristian Mesa–, quienes antes habrían sido torturados.

Autoridades y expertos coinciden en que la erradicación de cultivos ilícitos es uno de los caminos para bajar la violencia tanto rural como urbana. Otra vía legal es la disminución del desempleo, que en Colombia ya llega de manera alarmante al 10,5 por ciento.

Pero también aseguran que cuando una de esas bandas acumule más poder, las otras tenderán a desaparecer, bajando los niveles de violencia que hoy presencia aterrado el país.

UNIDAD INVESTIGATIVA
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