Se necesitan más Rappis, pero quejas de sus repartidores son legítimas

Se necesitan más Rappis, pero quejas de sus repartidores son legítimas

¿Cómo se benefician los trabajadores de los millones que llegan en inversión para estos unicornios?

Rappi

Quienes hacen las entregas suelen ser jóvenes desempleados y población migrante.

Foto:

EL TIEMPO / Cortesía

Por: Wilson Vega
05 de julio 2019 , 10:36 p.m.

Es fácil perder la paciencia con las apps de domicilios: es legítima la molestia si la comida que esperaste una hora llega dañada o incompleta... o peor, no llega.

Pero en la comodidad de la sala de un apartamento es igualmente fácil perder de vista la realidad en la que trabajan quienes asumen el rol de domiciliario, repartidor, ‘rappitendero’ o cualquier otro nombre para el mismo oficio.

En la impaciencia de la espera, quizás no venga a la mente la seguridad de quien recorre la ciudad en bicicleta o la vulnerabilidad de quien depende para su sustento de que alguien active un ícono en su celular, a veces por menos de dos mil pesos por su trabajo. La idea de que son “contratistas independientes” es conveniente para las compañías, pero para los que hacen las entregas, que suelen ser jóvenes desempleados y población migrante, en algunos casos sin calificación para trabajos más especializados, representa más incertidumbre que flexibilidad.

Las firmas detrás de estos servicios coinciden en decir que están creado oportunidades de trabajo en un entorno en el que estas no abundan. Esto es posible porque su modelo evita costos asociados a la vinculación laboral tradicional (primas, vacaciones...). Tienen un seguro mientras realizan entregas y una póliza de responsabilidad con terceros, pero así como Uber y sus ‘socios conductores’, es vital en su discurso que a los repartidores no se les considere empleados.

Y puede parecer acaso una obsesión, pero el asunto es que el éxito de firmas como Rappi representa lo que muchos desearíamos que pasara con otros emprendimientos nacionales, pero cuando el Ministerio del Trabajo señala que los repartidores están “desprotegidos”, es válido -diría que es obligatorio- preguntarse si firmas que valen cientos o miles de millones de dólares no pueden hacer más por quienes cimentaron sus fortunas.

Al igual que con otro unicornio, no naranja sino azul, es una discusión que hay que dar un poco con amor, un poco con verdad.

WILSON VEGA
EDITOR DE TECNOLOGÍA
Twitter: @WilsonVega

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