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Una visión jurídica sobre los agregadores de noticias
Agregadores de noticias

Un tema que se discute respecto a la legalidad de los agregadores tiene que ver con la competencia desleal.

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Una visión jurídica sobre los agregadores de noticias

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La práctica consiste en reunir lo publicado por otros medios para facilitar el acceso al lector.

La acción de agregar noticias o, como se dice en inglés, de hacer 'press clipping', consiste en reproducir total o parcialmente artículos periodísticos (noticias, crónicas, entrevistas) que han sido publicados en la prensa escrita, en la radio o televisión, a través de resúmenes o técnicas como el redireccionamiento, los 'links' y el 'framing'.

El tema es que en dichos recortes, boletines y resúmenes de prensa a veces se indica quién es el autor del texto original, a veces no, a veces se paga, pero la mayoría de las veces no. Por consiguiente, lo que se discute es si esta actividad es o no legal, si vulnera los derechos de propiedad intelectual de los titulares del producto original o si viola las normas que sancionan la competencia desleal.

La pregunta concreta es la siguiente: ¿pueden terceros que no participan ni intelectual ni económicamente en el proceso de creación y edición de una noticia reutilizar este trabajo y lucrarse de él?

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Para responder esta cuestión desde el punto de vista del derecho de autor habría que revisar temas como la originalidad de la obra periodística, el derecho de cita y las obras derivadas. No es original y por lo tanto no está cubierta por el derecho de autor una información de prensa que carezca de individualidad, de un aporte creativo diferenciador.

Además, tenga en cuenta que la legislación permite reproducir sin autorización y sin pagar contraprestación los artículos de actualidad, de discusión económica, política o religiosa si se cumplen los siguientes requisitos: la distribución o reproducción se hace en prensa, radio o transmisión pública por cable; el artículo originalmente fue publicado o dado a conocer a través de una publicación periódica, llámese periódico, colección periódica u obra radiodifundida, y si su reproducción, radiodifusión o transmisión pública no ha sido prohibida.

Hay compiladores que justifican la legalidad de su actuar alegando el derecho de cita, que permite reproducir obras protegidas sin contar con la previa y expresa autorización del titular y sin pagar contraprestación alguna.

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En este aparte valdría la pena recordar que, en Colombia, para que opere el derecho de cita, se requiere que se cumplan varios requisitos, a saber: que la obra citada haya sido publicada, que se indique la fuente y el nombre del autor de la obra citada, que la cita no interfiera con la explotación normal de la obra citada y que no se cause un perjuicio irrazonable a los intereses legítimos del autor de la creación.

Otro tema que se discute es si la compilación resultante del 'press clipping' es una obra derivada, en los términos del derecho de autor. Al fin y al cabo, quien hace la compilación a menudo no solo copia mecánicamente el texto original, sino que hace un trabajo adicional de contextualización, donde el artículo reproducido se ve enriquecido con comentarios y enlaces ('links') a otras páginas que lo complementan.

El problema consiste en determinar, primero, qué tan original es esa variación y, segundo, si el autor de la compilación obtuvo o no autorización del autor de la obra original para efectuar la transformación, porque si no lo hizo, no es titular del derecho de autor sobre la obra transformada.

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¿Qué pasa cuando el recorte va acompañado de un 'link' que dirige al usuario al sitio web donde fue publicada por primera vez la noticia? En principio, pareciera ser que el direccionamiento de una página web a otra no vulnera el derecho de autor de quien elaboró el contenido de la página direccionada, puesto que lo único que se copia y pone a disposición del público es su dirección electrónica.

De hecho, algunos sostienen que quien publica una página en la web conoce las posibilidades técnicas de este medio y está interesado en que haya tráfico sobre su página, a menos que lo prohíba expresamente.

El problema comienza cuando se hacen enlaces profundos o los llamados 'deep linking', que son los que reenvían a las páginas secundarias de un sitio objetivo sin pasar por su página de bienvenida, lo cual puede desnaturalizar el contenido o la imagen del sitio objetivo hacia el cual conduce el enlace de hipertexto y generar confusión.

En Colombia, la Dirección Nacional de Derecho de Autor sostiene que los hipervínculos no pueden ser utilizados como un mecanismo que permita la transformación de la obra sin la autorización previa y expresa de su titular ni facilitar la confusión del consumidor del contenido.

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El tema más discutido en esto de la legalidad de las compilaciones tiene que ver con la violación o no de las normas que sancionan la competencia desleal. Estas normas sancionan las prácticas competitivas desleales y no la competencia per se.

En Colombia se tienen como desleales los actos o hechos dirigidos a mantener o incrementar la participación en el mercado que resulten contrarios a las sanas costumbres mercantiles, al principio de la buena fe comercial, a los usos honestos en materia industrial o comercial.

También se consideran desleales los actos o hechos encaminados a afectar la libre decisión del consumidor y los actos o hechos que afecten el funcionamiento concurrencial del mercado.

Si se observa bien, las empresas que realizan compilaciones periodísticas le hacen una fuerte competencia a los medios de comunicación clásicos. Tanta, que una encuesta en España encontró que más del 80 % de los suscriptores de las compilaciones declararon que de no contar con ellas habrían adquirido el medio original.

Precisamente por eso, en España adoptaron en el 2014 una ley según la cual la puesta a disposición del público por parte de prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos de fragmentos no significativos de contenidos, divulgados en publicaciones periódicas o en sitios web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento, no requiere autorización, pero sí genera una compensación equitativa.

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En Estados Unidos, en un caso reciente, una corte revisó la demanda presentada por una asociación de editores de periódicos contra una empresa que hacía 'press clipping' y alegaba que ella simplemente hacia uso del derecho de cita pues facilitaba a sus suscriptores la búsqueda de los textos originales.

La Corte falló a favor de la asociación de periodistas pues estimó que la cantidad de texto copiado –entre el 4,5 y el 60 %– del documento original, incluyendo el 'lead' –que son los 2 o 3 renglones que resumen la noticia–, excedía el derecho de cita.

En resumen, quien desee dedicarse legalmente al negocio de agregación de contenidos debe verificar si lo que compila está protegido por el derecho de autor y si se cumplen los requisitos para alegar el derecho de cita.

También sería indispensable considerar el motivo por el cual agrega contenidos, porque si lo hace con un interés económico, es posible que las autoridades encuentren que incurre en competencia desleal, bajo el entendido de que su actuar puede ser parasitario.

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Al fin y al cabo, el compilador está adquiriendo presencia en el mercado a costa de la inversión de tiempo, estudio, dedicación, análisis, trabajo y dinero que hacen otros –solo imagine todo el equipo físico y humano que se requiere para publicar un periódico–, por lo que al explotar estos contenidos sin pagar contraprestación alguna les causa a sus titulares un perjuicio injustificado que se evidencia en la reducción sustancial del número de ejemplares vendidos o de suscripciones.

Al final, este tema es tan importante que de él depende la subsistencia de muchos medios de comunicación y, por consiguiente, la posibilidad de mantener un mercado libre de ideas donde florezca la libertad de expresión y se garantice la democracia.

NATALIA TOBÓN FRANCO
Abogada, máster en Propiedad Intelectual, Comercio y Tecnología.

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