Se lo digo a la cara: Claro que hay que regular

Se lo digo a la cara: Claro que hay que regular

Hablar del tratamiento que se da a los datos biométricos de las personas no puede ser un juego

Por: Wilson Vega- Editor de Tecnología
16 de mayo 2019 , 10:17 a.m.

No hay que tenerle miedo a la tecnología. Aunque en un comienzo plantee inquietud e incluso miedos, avances como la automatización, el big data o la inteligencia artificial ofrecen posibilidades reales de mejorar campos como la salud, la empresa, la seguridad y muchos otros aspectos de la vida diaria.

El reconocimiento facial no es la excepción. Cada vez que firmas como NEC, Google, Apple, Amazon y Microsoft presentan algún nuevo avance, es fácil imaginar cuán conveniente puede ser. Desde desbloquear su teléfono hasta abordar un avión, las cosas pueden ser más cómodas si su rostro es su documento.

Pero nada de eso significa que no haya que regular. ¿Quién almacena los datos biométricos de un rostro escaneado? ¿Cómo se garantiza que no sean usados con fines comerciales, políticos o, incluso, criminales? ¿Protege esta tecnología a los niños? ¿Trata con igualdad a personas de todas las razas, a la población trans, a otras minorías?

Lo primero es pedir permiso, pero pedir permiso no basta. Porque al final del día, el rostro no es un documento. No puedo enmendarlo o cambiarlo a voluntad. Una vez está en el sistema, es probable que siga allí y si alguien quiere darle un mal uso, es una vulnerabilidad de la que deberían protegerme quienes tomaron esa información para empezar y la convirtieron en unos y ceros.

Cuando la Policía quiere acceder a los archivos de mi celular, necesita una orden judicial. Si esperan que mi operador les entregue mi historial de llamadas, necesitan un OK de alguna autoridad. Compañías como Apple llegan a extremos para cuidar que los datos que generan sus dispositivos, desde la ruta al trabajo, pasando por la frecuencia cardiaca y gustos musicales o información bancaria, solo sean usados para lo que necesitan ser utilizados y no puedan caer en las manos equivocadas. Los datos de su rostro son mucho más sensibles y personales que su número de tarjeta de crédito.

El rostro no es un documento. No puedo enmendarlo o cambiarlo a voluntad. Una vez está en el sistema, es probable que siga allí

Ojalá llegue el día en que atrapar a los terroristas detrás de un atentado como el de la maratón de Boston en 2013 no tome tres días, sino tres horas.

Pero para aprovechar ese potencial tenemos que crear la infraestructura, tanto en controles al seno del aparato gubernamental como en mecanismos de acceso y control de la sociedad civil, para asegurarles a los ciudadanos de nuestros países que no hay manera de que la identificación facial pueda ser usada (o abusada) más allá de lo que redunde en su beneficio.

Hoy no tenemos esa seguridad, por lo que la regulación no solo es conveniente sino moralmente necesaria.

WILSON VEGA
EDITOR DE TECNOLOGÍA@WilsonVega

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