Redes, el ‘photoshop’ de la vida privada

Redes, el ‘photoshop’ de la vida privada

Seth Stephens-Davidowitz habla de la ‘necesidad compulsiva’ de mostrarse casi perfecto en internet.

¿Serías capaz de vivir sin redes sociales?

Stephens-Davidowitz, investigador del efecto de la tecnología, dice que cuando ve a personas muy presentables en las calles las mira y piensa: ¿qué estarán buscando en Google?

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iStock

Por: Candelaria Domínguez
07 de enero 2020 , 08:43 p.m.

Búsquedas en Google, videos en YouTube, fotos con la familia en Instagram y mensajes por WhatsApp. Saludos vía Snapchat y mensajes por Facebook. Viajes, recuerdos, saludos, preguntas. Todo está en la web. Las vidas y los datos de cada persona que está dentro del sistema y cuya información es continuamente actualizada por los intereses personales de cada uno.

¿Hasta qué punto existe la privacidad? ¿Existe? ¿En qué momento la información personal pasó a ser una commodity?

“Todo el mundo miente”, dice Seth Stephens –Davidowitz con un dejo de cinismo. No lo dice para causar impresión o para dar cuenta de su descreimiento de las personas, sino como resultado de un trabajo empírico que dejó de lado cuestiones morales y personales y resultó en lo que pocos –o casi nadie– quieren admitir: que las personas mienten y mucho en redes sociales y aparentan ser de otra forma; que las fake news son la consecuencia de una necesidad compulsiva de falsear una realidad poco o nada aceptada.

También, podría decirse que las fake news son el producto de conglomerados económicos en control de grandes cantidades de big data que necesitan producir información falsa o engañosa para sus intereses.

Seth es economista egresado de Stanford University y doctorado en Harvard. No le interesó estudiar la inflación ni los problemas económicos, sino utilizar las herramientas aprendidas para analizar comportamientos en la era del big data. Por eso escribió el libro Todo el mundo miente: lo que internet y el ‘big data’ pueden decirnos sobre nosotros mismos. Estuvo en Buenos Aires gracias a la Agencia Periférica a dar conferencias magistrales en la Federación de Docentes Universitarios (Fedun) sobre su investigación.

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Su padre es periodista y da clases en la Universidad de Nueva York; su madre es crítica gastronómica. Ambos le inculcaron desde niño la importancia de ser lo más transparente posible y de chequear varias veces la información. Su abuelo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y a los horrores que quedaron grabados en su cuerpo y mente; luego de haber pasado por Auschwitz llegó a Nueva York. Él también grabó enseñanzas en Seth, quien no tiene redes sociales, pasó por veinte psicólogos a lo largo de su vida y se define como un “típico nerd”. Trata de ser lo más honesto posible, según él, porque se cansó de ver cómo las personas mienten continuamente en redes y en sus vidas.

“Soy escéptico cuando alguien dice que le gusta mi trabajo; soy muy cínico. Veo a personas muy presentables en las calles y las miro y pienso: ‘¿Qué estarán buscando en Google?’”, dice.

¿Por qué la gente miente?

Creo que las personas buscan agradar, entonces quieres que tus conocidos piensen que eres inteligente, que eres feliz y que tienes una buena vida familiar, básicamente es una forma de hacer que las personas piensen bien de ti.

¿Eras consciente al escribir el libro de las mentiras que pudiste haber dicho en tu vida?

Creo que soy un honesto compulsivo, pero también nos mentimos a nosotros mismos. Como investigador y escritor a veces tienes que tener cuidado porque es muy fácil hacer de cuenta que entiendes algo cuando en realidad no, y eso es una mentira.

¿Crees que las personas se mienten más a sí mismas que a otras personas?

Sí. Creo que eso se debe a que, si te mientes a ti mismo, tiendes a creer esa mentira y es más fácil impresionar a la gente si te crees tus propias mentiras; si puedes inventar que tienes una vida increíble, el resto quizá lo crea.

***

En una de sus charlas TED, Seth explica qué pasa con el uso de las redes sociales y el comportamiento de las personas:

“El gran problema es que usamos las redes cada vez más y nos hacen sentir miserables. Hay un estudio en la Universidad de California que arrojó que cuanto más usamos redes sociales, más deprimidos nos sentimos. Vemos las vidas ajenas que parecen mejores y nos sentimos mal con nosotros mismos. Pero en realidad la gente miente. Yo analizo lo que la gente dice que hace en sus vidas en redes sociales y no se corresponde con lo que realmente piensan". 

Vi cómo muchísimas personas buscaban chistes racistas, cosas que no salían a la luz en las conversaciones diarias

“Por primera vez, tenemos un acceso a cómo las personas se sienten: las búsquedas de Google. Las personas son sorprendentemente honestas ahí. Es como un servidor de realidad. Estuve analizando las búsquedas de personas anónimas y son muy diferentes con lo que pasa en las redes sociales. Por ejemplo, durante el último discurso de Obama en el Congreso, las personas en redes sociales hacían preguntas como: ‘¿Qué políticas económicas tomará Obama?’, ‘¿Qué pasará con el sistema de salud?’, pero en búsquedas de Google se preguntaban por el color de la corbata del senador de al lado y por qué estaba tan bronceado”, analiza.

Seth utilizó las búsquedas de Google, para luego compararlas con las tendencias de búsqueda en redes sociales. El libro, que estuvo varias semanas como best seller de The New York Times, da cuenta de cómo las redes dejaron de ser el soporte idílico para conectarse entre sí.

Con sitios web como WikiLeaks, Panama Papers y la reciente acusación a Cambridge Analytica, ¿se demostró que quizá no se puede creer en las instituciones?

Todos los gobiernos mienten, algunos más que otros. El presidente Trump es un mentiroso compulsivo y creo que los leaks demostraron cuánto nos ocultan y cómo usan sus verdades y mentiras a su favor.

¿Tal como pasó con Cambridge Analytica?

Es un poco exagerado. Lo que ellos decían que hacían era siniestro, eran buenos vendiendo ideas. Ellos decían que podían leer los deseos de las personas a través de sus datos en redes sociales y bombardearlos con publicidad. Lo que pasó con Rusia en las elecciones es un tema aparte.

Para mí, el racismo es uno de los soportes de Trump, aun sin la ayuda de Cambridge Analytica y Rusia. Vi muchísimo racismo en las búsquedas de Google y las ideas detrás de las personas que quizá no se animan a mostrar. No hay una sola razón por la que ganó Trump. Había mucha furia en Estados Unidos después del golpe económico de 2008.

Trump también dice lo que realmente piensa sin filtrarlo de una forma nunca vista en la política de Estados Unidos.

¿Qué te impactó más en tu investigación?

Vi cómo muchísimas personas buscaban chistes racistas, cosas que no salían a la luz en las conversaciones diarias. Mucho odio y un nivel de xenofobia del cual se pensaba que había menguado. En Google, como son búsquedas anónimas, pueden buscar lo que quieran sin filtrarlo, al contrario de las redes sociales, donde las personas crean cierta imagen.

Creo que las empresas tendrán que estudiar las búsquedas de Google en vez de hacer encuestas donde se puede mentir. No alcanza con ver cuántas personas buscan a tal candidato, porque no puedes saber si les gusta o no por la cantidad de búsquedas, pero sí qué búsquedas hacen sobre ellos. No hay una imagen muy optimista de las personas cuando encuentras las búsquedas que hacen.

Cuando la justicia británica y de la Unión Europea llamaron a testificar a Brittany Kaiser, exempleada de Cambridge Analytica arrepentida del accionar de la empresa para la cual trabajó, ella dijo que “la herramienta de selección de datos era controlada por el Gobierno británico, lo que significaría que la metodología de selección de datos se consideraba un arma. Tácticas de comunicación de uso militar”.

¿Se puede hablar del uso de los datos de las personas como un arma que utilicen gobiernos, agencias de inteligencia?

Sí, es una preocupación. Nadie es perfecto en su vida privada. Y si alguien revela las cosas embarazosas de las personas o lo que no quieren mostrar, sería un poco peligroso. Podría decirse que los datos son copias de los pensamientos de las personas. Esperamos privacidad, creemos que la tenemos, entonces somos muy honestos en Google porque pensamos que nadie lo va a leer o nadie va a saber qué estamos buscando.

CANDELARIA DOMÍNGUEZ
La Nación (Argentina)
GDA

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