Tres campanazos para la tecnología de vanguardia: ONU

Tres campanazos para la tecnología de vanguardia: ONU

Estudio propone usar tecnologías como 'bien público global' para el desarrollo de zonas vulnerables

Tecnología y empleo

Según estudio de Naciones Unidas, las tecnologías de vanguardia pueden ayudar a cerrar brechas digitales pero requieren políticas adecuadas para mitigar los efectos negativos de la automatización. 

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123RF

Por: Linda Patiño
15 de octubre 2018 , 01:45 a.m.

Desde la conducción autónoma hasta la biotecnología y la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías pueden acentuar las brechas entre los países del primer mundo y los que se encuentran en vías de desarrollo. Así lo plantea el más reciente estudio económico y social de Naciones Unidas, que analiza el rol de sistemas de vanguardia para alcanzar las metas de desarrollo sostenible a 2030.

El estudio, de 195 páginas, brinda un panorama sobre el estado actual de herramientas como los sistemas de almacenamiento y producción de energías sostenibles, la tecnología de las criptomonedas y blockchain y el aprendizaje automático, entre otros, a la luz de problemáticas como el hambre en el mundo, las enfermedades, la desigualdad social y el cambio climático.

En palabras del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, el estudio hace un llamado al cierre de las brechas tecnológicas y a la generación de estándares éticos para un “futuro digital compartido”.

Necesitamos políticas que puedan garantizar tecnologías de vanguardia


A 2016, según cifras de la ITU, un 84 por ciento de la población en países desarrollados tiene acceso a internet, en comparación con el 26 por ciento de las personas en países como África subsahariana.

Según Guterres, aunque podrían alcanzarse metas con el poder de las tecnologías, como el aumento de la expectativa de vida y la sostenibilidad del medio ambiente, estos desarrollos plantean serias preocupaciones.

“Necesitamos políticas que puedan garantizar tecnologías de vanguardia, que trascienden los límites sectoriales, geográficos y generacionales, para que no sean solo comercialmente viables sino también equitativas y éticas”, escribió el directivo.

Una 'Caja de Pandora'

Según Naciones Unidas, los algoritmos de aprendizaje automático y los avances en inteligencia artificial, que están presentes en las redes sociales o el buscador de internet que usted usa, “podrían haber abierto una 'Caja de Pandora' de problemas éticos”.

Hace poco más de dos décadas no se visualizaban problemáticas como la imparcialidad de los sistemas o la segmentación de poblaciones vulnerables en ataques digitales.

Entre otros temas urgentes por abordar figuran la protección de la privacidad y la autonomía de los usuarios, la lucha contra las noticias falsas, y el deseo por mayor transparencia y responsabilidad por parte de las instituciones y las empresas.

El texto señala preocupaciones frente al uso creciente de ‘sistemas de decisión automatizados’ en áreas de contratación de personal o en procesos de la justicia penal, donde “corren el riesgo de reforzar aún más los sesgos contra los grupos minoritarios y exacerbar las desigualdades sociales”.

Por ejemplo, si al buscar una posición como ‘Gerente’ el sistema solo recomienda perfiles de hombres se podría hablar de un sesgo identificado. Aunque algunas compañías aseguran que además de aumentar la productividad están buscando reducir los sesgos humanos dentro de las máquinas, el reporte indica que los sistemas aún no brindan información suficiente y explicable sobre por qué pueden tomar una decisión imparcial.

Una espada de doble filo

La automatización del trabajo es un tema que ha sido abordado por diferentes entidades este año.

Según datos del Foro Económico Mundial, se prevé que para el 2025, un promedio del 50 por ciento de los trabajos en el mundo sean eliminados por la automatización.

Ese mismo año, según datos de la Federación Internacional de Robótica, se estima que el número de robots en las economías más avanzadas podría aumentar hasta cuatro veces.

Según el estudio de Naciones Unidas, las nuevas tecnologías podrían aumentar la productividad, incrementar las ganancias e impulsar el crecimiento económico. El reemplazo de tareas repetitivas, que usualmente son realizadas por trabajadores de baja o media calificación, podría resultar en mejores condiciones labores y de salud para los empleados, al evitar tareas peligrosas o monótonas.

Pero los cambios en el panorama del empleo generan un debate entre la eficiencia y la equidad, algo que el reporte describe como un “escenario de ganadores y perdedores”.

Por ejemplo, en los países de la Ocde, la participación del empleo en el sector de la manufactura ha decrecido del 25 por ciento en la década de 1970 al ubicarse en alrededor del 11 por ciento en 2010.

Si bien Naciones Unidas es optimista frente a la cuarta revolución industrial e incluso asegura que “las nuevas oportunidades de empleo que surjan podrían compensar el número de empleos perdidos”, el reporte aclara que ese equilibrio puede no lograrse sin la implementación de unas políticas adecuadas.

Dos de las principales preocupaciones serían que la transición laboral sea demasiado “lenta y dolorosa” para los trabajadores afectados y que los nuevos empleos creados, especialmente en el sector de servicios, resulten en pagas menores o tengan una demanda significativamente menor.

Un ‘bien público global’

Para Naciones Unidas, existen avances que podrían facilitar la resolución de problemas sociales como el hambre o las pandemias. Con la idea de facilitar el flujo de esas tecnologías y conocimientos entre los diferentes países, la propuesta sería que los conocimientos que permitan salvar vidas sean más accesibles.

Según el reporte, cerca del 90 por ciento de la investigación y desarrollo en biotecnología se realiza en países industrializados. Por lo general, el desarrollo de medicinas por multinacionales no puede costearse en países pobres.

Por ejemplo, un medicamento no genérico para tratar el sida puede costar más de 10.000 dólares al año, mientras que una versión genérica desarrollada en la India, 300 dólares, lo que aun así seguiría siendo costoso para quienes viven en extrema pobreza.

Incluso, el informe señala que en ocasiones, las grandes firmas farmacéuticas no encuentran muchos incentivos para invertir en la creación de productos y tratamientos que prevengan enfermedades que afectan más comúnmente a los países menos adelantados.

Específicamente hablan de tecnologías emergentes que sean ‘bienes públicos globales’, dado que traen beneficios a diferentes países y pueblos, y que su consumo mundial se caracteriza por “la no rivalidad y la no exclusión”. Es decir, sistemas relacionados con revertir el cambio climático, apoyar la sostenibilidad del medioambiente o la lucha contra las pandemias.

Pero generar algo así como una biblioteca de código abierto universal sobre tecnologías para el desarrollo no sería un proceso sencillo.

El informe reconoce que existen empresas y compañías que recaudan ganancias de dichos sistemas, por lo que su intención sería despertar discusiones sobre qué tipo de iniciativas podrían apoyar la adopción y el intercambio de tecnologías, inspirados en un enfoque de futuro común.

Entre otras propuestas, un apartado argumenta que podría mejorarse la flexibilidad del régimen global de derechos de propiedad intelectual, que en respeto a las libertades nacionales, “mantenga e incluso amplíe algunas excepciones de patentes en los países menos adelantados o de mayor brecha tecnológica global”.

LINDA PATIÑO 
REDACCIÓN TECNOLOGÍA
En Twitter: @LinndaPC ​

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