'Siempre pensé ¿Qué pasó con las demás? ¿Por qué no llegaron?'

'Siempre pensé ¿Qué pasó con las demás? ¿Por qué no llegaron?'

Isabel Yepes, pionera en la formación tecnológica colombiana, busca un mundo más igualitario.

Mujeres en ciencia y tecnología: Isabel Yepes

Mujeres en ciencia y tecnología: Isabel Yepes, cofundadora de Women Who Code Bogotá y Medellín contó su historia a EL TIEMPO en el especial: Una Maratón en Tacones.

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Linda Patiño

Por: Linda Patiño - Redacción Tecnósfera
16 de septiembre 2019 , 09:19 p.m.

Isabel Yepes (Medellín)Isabel es una paisa dedicada a su trabajo, que ha vivido su vida preocupada más por su intelecto que por la vanidad. Es una pionera de la formación técnica en Colombia por haber hecho parte del equipo que formuló la primera propuesta de formación en informática para el Sena. Además de su amplia experiencia técnica, Isabel es gestora de comunidades y fue la encargada de crear el capítulo de la estrategia estadounidense WomenWhoCode en Medellín y Bogotá. En su camino encontró ejemplos de igualdad que la llevaron a creer que un mundo 50/50 es posible y con sus reflexiones sueña con ver cómo las mujeres pueden hacer lo que sea que se propongan.

Isabel creció leyendo a Kant, a Nietzsche y a otros filósofos, explorando varios campos. También creció con una peculiaridad. Nunca creyó que las matemáticas o la física fueran áreas masculinas.

“Yo nunca lo creí así. En mi colegio, si había un equipo de fútbol era de mujeres, las mejores en matemáticas eran mujeres, si había que treparse en una escalera a colgar un cartel el trabajo lo hacía una chica. Éramos niñas, pero las tareas se asignaban por talento e interés. Ser buenas en algo no era una cuestión de género”, así recuerda Isabel sus épocas escolares en la Escuela Normal Antioqueña de Señoritas en Medellín.

Cuenta que mientras era niña la incomodaba pensar en el futuro y en la profesión que eligiría “Yo nunca me hice preguntas, nunca fui de hoy quiero ser reina, mañana matemática y luego modelo”, recuerda. “Llegaban con un cuadro para poner qué quería ser en cinco años. No tenía idea, yo no me proyectaba más. Tengo 12 años por qué espera que le responda eso, pensaba. Yo no me hacía esas preguntas”. Aún hoy, Isabel es una mujer que prefiere pensar en el presente.

“Era muy buena en casi todas las áreas, excepto en deportes”, recuerda entre risas. Como parte de su formación podía optar por un grado de bachillerato con enfoque pedagógico o en ciencias. “Me fui por ciencias porque me gustaba, pero he tenido intereses múltiples desde pequeña. Me ha gustado escribir, las ciencias sociales, la matemática, la biología y la química…”

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Su primer interés profesional fue bacteriología. Pero ese interés cambió tan pronto se dio cuenta de que tenía inconvenientes con la vista. “Me di cuenta de que después de una hora viendo un microscopio mis ojos, como soy miope y astigmática, ya no enfocaban. Hasta allí llegó”. Pero su actitud no podía ser otra que la de buscar otro interés.

De allí saltó a química farmacéutica, pero su hermana mayor era una influencia grande y la convenció de optar por ingeniería química. Luego, ya convencida de la ingeniería, la convenció de considerar la electrónica.

“Empezó a meterme el aguijoncito y empecé a comprar unas revistas que venían en esa época de computadores y electrónica que te permitían hacer montajes electrónicos en casa. Mandaban un plano y la tarjeta para soldar cositas”.

'Un amigo más'

Comienzas a darte cuenta que para que te respeten los hombres tienes que ser mejor que ellos… Te vuelves uno más

Como estudiante de ingeniería electrónica pasó por gustos entre la programación y la bioingeniería pero en séptimo semestre dice que encontró algo sorprendente: un modelado matemático que predecía la realidad.

“Era increíble”. Desde allí empezó a apasionarse por las telecomunicaciones.

“En electrónica, la realidad se vuelve impredecible. – Explica Isabel – Porque los componentes electrónicos no son precisos y trabajas en rangos, algunos de ellos en física cuántica, con lo que sus comportamientos no son siempre predecibles. Uno iba a los laboratorios de electrónica básicamente a comprobar que la teoría no era exacta. (ríe). Era algo relativamente frustrante. Pero en una materia encontré algunas ecuaciones matemáticas que predecían frecuencias negativas, que en la realidad no existen, pero que el procedimiento de modulación, con el que tomo unas frecuencias y las desplazo a otro rango superior, las frecuencias negativas aparecen porque las predice la ecuación”.

Pero a pesar de la alegría y la satisfacción por saberse buena en su carrera, el choque para Isabel fue grande. Pasar de un colegio entre mujeres a una universidad mixta en la que más de un hombre se consideraba superior le sorprendió. Sumando a todos los integrantes de los semestres de su carrera, se encontró con una proporción de 35 mujeres frente a 400 hombres. Como punto en común encontró que la mayoría de las jóvenes había crecido como ella en un colegio femenino.

Cree que “las compañeras que se comportaban de forma más delicada o cuidaban más de su aspecto lo tenían más difícil” y como le ha ocurrido a con muchas ingenieras, la presión la llevó a adaptarse. “Comienzas a darte cuenta que para que te respeten académicamente los hombres tienes que ser mejor que ellos… Te vuelves uno más de los muchachos”, narra.

Además desarrolló lo que llama una “piel de cocodrilo”. Por su carácter fuerte pocos se atrevían a insultarla de algún modo. Pero asegura que desde el primer semestre siempre le extrañó que fueran tan pocas mujeres “siempre pensé ¿Qué pasó con las demás? ¿Por qué no llegaron?”

Un mundo sin fronteras

Tal vez ese sea el antecedente para que Isabel sea la líder que es. Además de ser la creadora del capítulo del colectivo Women Who Code (Mujeres que programan) en Medellín y luego en Bogotá, ha sido voluntaria de Naciones Unidas y ha participado en varias comunidades de programadores del país.

Laboralmente todo empezó a sus 23 años, en un momento en el que la demanda de personal técnico no era tan grande. Su primer trabajo fue como ejecutiva de ventas, pero cuenta con gracia que “la interacción humana nunca ha sido una cosa muy sencilla para mí”. Su trabajo le parecía estresante pues debía hablar con extraños y tratar de venderles enrutadores, servidores y equipos de redes.

Mujeres en ciencia y tecnología: Isabel Yepes

Isabel Yepes duró más de 12 años en el mundo de la docencia. También ha sido voluntaria y gestora de comunidades. 

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Linda Patiño

“Era terrible. Con los que mejor me iba era con los que estaban en municipios fuera de Medellín, donde toda la venta era por teléfono y no tenía que verlos a la cara”, comenta y agrega que como no cumplió la cuota “pues me dijeron que muy querida, pero que chao”.

Luego terminó postulándose a la oferta pública de empleo del Sena, en unas máquinas que entregaban un recibo con una citación a una entrevista laboral. La plaza disponible era dentro de la misma institución en la Regional de Antioquia. En 1999, entró en la División de Sistemas a manejar las redes de la conexión en el departamento, trabajando como agente de soporte de segundo nivel y apoyo a la administradora de servidores. Se sentía “completamente feliz, trabajando en lo mío”.

En ese momento, la Subdirectora de Planeación Helena Duque le pidió a Isabel y a Blanca Manco, asesora de planeación, que formularan un Plan Básico para la creación de un Centro de Formación en Telecomunicaciones, que estaba destinado a ser el primero de su clase en el país.

Tras 2 años de trabajo, la estrategia se aplazó por el cambio de gobierno que se esperaba en 2002, pero se aceptó la asignación de recusos para empezar un grupo formativo en Teleinformática en el centro de servicios y gestión empresarial de Medellín. Aunque no era todo un centro dedicado, la creación de ese grupo sentó un precedente importante en una institución que en ese entonces solo ofrecía formaciones básicas o alfabetización digital para que las personas aprendieran a navegar en internet o a utilizar la suite de Office.

El modelo cocreado por Isabel fue implementado por la dirección general del Sena en otros centros del país y así se empezaron a diseñar los primeros programas para : desarrolladores de software, administradores de redes, instaladores de redes y técnicos en Telecomunicaciones.

De un diciembre a un enero, cuenta Isabel que un nuevo funcionario directivo decidió no renovar unos 4.100 contratos administrativos en todo el país. Entre esa cifra, estaba Isabel, pero debido a su rol en el diseño formativo, rápidamente le pidieron ser instructora de Teleinformática de lo que se convirtió en la primera generación de aprendices de Administración de Redes de Datos del Sena en el país.

Mujeres en ciencia y tecnología: Isabel Yepes

Isabel Yepes es también una de las creadoras de las primeras formaciones avanzadas en programas técnicos en el Sena en Colombia. 

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Linda Patiño

Durante los 12 años que ejerció la docencia Isabel observó otro patrón: las estudiantes de programas técnicos “debían soportar el asedio de chicos que querían cortejarlas en lugar de brindarles espacio para estudiar”, pero no solo eran los chicos, "algunos instructores usaban relaciones de poder con las aprendizas para salir con ellas”. También vio cómo la responsabilidad de la maternidad la asumían mayoritariamente las mujeres.

La docencia le genera un sabor agridulce, aunque le encanta ayudar a la gente a aprender asegura que se frustra al ver que a los estudiantes solo les importa una nota, o peor que el sistema de evaluación no siempre valora el aprendizaje.

Para el 2007, Isabel, una mujer que siempre ha trabajado con demasiada pasión, hasta el punto de descuidar un poco sus relaciones sociales, entró a un programa de voluntarios de Naciones Unidas. Con su conocimiento en Cisco generó estrategias de capacitación para personas sin empleo en el municipio de Fredonia. También llevó formación a colegios públicos y eso la llevó a desarrollar alianzas con diversas organizaciones en pro de la formación de los jóvenes.

En Colombia no teníamos a las comunidades pendientes ni a gente estudiando o divulgando novedades para crear cosas nuevas. (...)Yo quería esto en Colombia

“El voluntariado. para mí es una acción natural de retribución social cuando has tenido una vida privilegiada”, de esa etapa cuenta que aún sin mucha financiación “contactando la gente, uniendo voluntades, puede hacerse proyectos aún sin mucho dinero”.

En 2014, Isabel aprendió otra gran lección: el mundo es más pequeño de lo que parece.

Isabel estaba en EE. UU., estudiando experiencia de usuario y desarrollo móvil en Swift, el lenguaje de programación para Apple, cuando se lanzó el entorno de desarrollo para la primera generación de relojes inteligentes de la marca. “El entorno salió un miércoles. El sábado había un taller y unas 100 personas estaban allí aprendiendo a programar. Al otro día, hubo un Hackaton para hacer soluciones”. Recuerda que durante las jornadas hubo equipos con miembros trabajando en remoto, desde Rusia. También recuerda una solución propuesta por unos participantes que cuando ya se lanzó el reloj estuvo integrada en el dispositivo.

“Yo lo que pensaba en ese entonces era: esto fue liberado a nivel mundial. Si en Colombia hubiese habido un equipo de personas, que se hubieran sentado a estudiar esto hubieran podido hacer lo mismo desde ahí”. Sin embargo, explica que los resultados son un tema del trabajo en equipo. y que el éxito de un lenguaje o de un entorno depende de su adopción por parte de las comunidades, que estudian y desean aprender.

“En Colombia no teníamos a las comunidades pendientes ni a gente estudiando o divulgando novedades para crear cosas nuevas. La barrera física no está el inconveniente es cultural. Yo quería esto en Colombia. Era maravilloso, las personas tomaron una información, pero generaron conocimiento y lo hicieron en comunidad, eso no se hace solo”, puntualiza.

La igualdad como principio

Isabel cree que su camino estuvo muy influenciado por el ejemplo de su casa, con una madre tesorera y fiel lectora de Simone de Beauvoir y un padre que siempre creyó en una relación igualitaria.

“Mi papá o mi mamá no tenían más autoridad que el otro. No hubo disputa en autoridad, siempre se trataron con absoluto respeto y siguen juntos. Yo siempre vi esa relación hombre mujer donde no estaban tratando de dominarse sino que eran de una cooperación constante para el hogar, que era fundamental para ellos”.

Esta desarrolladora, que entre su modestia, tal vez no reconoce abiertamente el impacto de su liderazgo, pero sabe que su insistencia cambia realidades. “Vale la pena ayudar a otras mujeres”, cuenta que en el ambiente tecnológico le sigue asombrando la falta que hacen.

“Me sorprende que existan tan poquitas mujeres en tecnología cuando esta ciudad, este país, tiene tantas de ellas que necesitan que lleguemos hasta donde están, porque están interesadas y porque nosotros necesitamos más manos para construir en comunidad”, señala Isabel.


LINDA PATIÑO CÁRDENAS
REDACCIÓN TECNÓSFERA@LinndaPCConozca todo el especial Una Maratón en Tacones aquí.

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