El gran reto de la inteligencia artificial: moldear al ser humano

El gran reto de la inteligencia artificial: moldear al ser humano

La pregunta es si los poderes político y económico harán uso de una ética para provecho de todos.

El gran reto de la inteligencia artificial: moldear al ser humano

La entrada de la inteligencia artificial en los colegios supone la apertura a un mundo de posibilidades.

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iStock

Por: Paula Escalada Medrano y Marc Arcas - Reportajes EFE
10 de enero 2020 , 09:59 p.m.

La inteligencia artificial (IA), cada día más presente en la vida cotidiana e impulsada en extensión y profundidad por las dos grandes potencias, China y Estados Unidos, será la que, con sus aplicaciones, determine el mayor reto de la humanidad del presente: moldear al ser humano del futuro, con la inquietante y paradójica competencia entre la máquina y el maestro.

La consultora británica PWC estima que para 2030 las tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial –basadas en el aprendizaje automatizado por parte de máquinas mediante el análisis de datos– podrán llegar a hacer crecer el PIB mundial un 14 por ciento, esto es, unos 15,7 billones de dólares, un dato equivalente a la suma del PIB actual de China e India.

La aparente paradoja de conseguir que, gracias a las máquinas, el hombre siga brillando en un mundo completamente mecanizado es el desafío de gobiernos y empresas, que se han lanzado sin tapujos a la obtención de la materia prima más preciada en estos procesos: los datos personales de los ciudadanos.

(Lea también: Hacia un mundo cuántico: la evolución tecnológica en la próxima década

Esta veloz transformación tiene en la educación uno de sus principales pilares, pero a su vez conlleva el evidente riesgo de que el control de los poderes tanto públicos como privados sobre la población llegue a alcanzar cotas ni siquiera imaginadas por los más pesimistas futuristas, como el británico George Orwell, autor de la novela 1984, o el estadounidense Ray Bradbury, el ‘profeta’ de Fahrenheit 451.

Ya es realidad en EE. UU.

En Estados Unidos, disciplinas con gran presencia de habilidades básicas y con muchas respuestas binarias como las matemáticas han sido las primeras en ver aterrizar a la IA, que presenta como principal ventaja la adaptación del currículo a cada estudiante.

En una clase con muchos niños, ofrecer a cada alumno herramientas ajustadas a sus propias necesidades ha sido siempre un reto desbordante para los maestros, algo que, en cambio, la IA soluciona al disponer de datos exactos sobre el nivel, características e incluso estado anímico de cada estudiante. Programas de software desarrollados por empresas privadas como Thinkster, Third Space y Splash Math son ya los responsables de enseñar a cientos de miles de niños en formación.

La inteligencia artificial hace un mejor trabajo de apoyo educacional individualizado que la mayoría de maestros

Una de las instituciones pioneras en la introducción de estas tecnologías ha sido la red de escuelas privadas Green Ivy de Nueva York, cuya fundadora, Jennifer Jones, asegura que la inteligencia artificial “hace un mejor trabajo de apoyo educacional individualizado que la mayoría de maestros”.

Según el análisis ‘Mercado de la inteligencia artificial en el sector educativo de Estados Unidos’, elaborado por la consultora Technavio, entre 2018 y 2022 el volumen de negocio en este sector está creciendo y seguirá creciendo a un ritmo anual del 48 %.

“La única razón por la que a día de hoy tenemos maestros para enseñar matemáticas básicas es el miedo social a reemplazarlos por una máquina, así como el impacto emocional que para la sociedad tiene que un niño aprenda de una máquina y no de una persona”, remachó Jones.

La apuesta comunista

El impulso a la inteligencia artificial en China ha venido de la mano del Gobierno, que hace dos años lanzó un plan con el que espera que para 2030 esta tecnología esté presente en todos los ámbitos de la sociedad.

Dentro del proyecto hay un apartado especial para la educación que contempla la introducción en el currículo de asignaturas sobre IA. Y de acuerdo con datos oficiales, solo el año pasado se invirtieron 1.000 millones de dólares en esta área.

Todo ello, aseguran, en pro de una nueva educación que fomente habilidades como la creatividad, la colaboración y el pensamiento crítico, necesarias para el aprendizaje del siglo XXI, ya que según datos del Foro Económico Mundial la automatización hará que desaparezcan 75 millones de empleos y se generen otros 133 millones para 2022.

“La llegada de la era de IA es inevitable y lo más importante es formar y preparar a las personas en temas como la resolución de problemas”, explica Feng Xiang, pedagogo y profesor de la Universidad Normal del Este de China.

Pero ¿está preparada China para esta nueva educación? Con 1.400 millones de habitantes, la competencia marca a los niños desde pequeños y la educación se vuelve una obsesión ante el gran reto que definirá su futuro: el gaokao.

Las tecnologías vinculadas a la IA podrán llegar a hacer crecer el PIB mundial un 14 %, para 2030; unos US$ 15,7 billones, equivalentes a sumar el PIB de China e India

Esta prueba de acceso a la universidad y su puntuación numérica lo definen todo. Para superarla y estudiar en una buena universidad, la habilidad más importante sigue siendo la memorización, y en torno a ella gira la educación secundaria.

Los próximos años serán vitales, por tanto, para comprobar si esta nueva educación más reflexiva y propositiva se queda en la superficie o consigue que los nuevos valores calen en los alumnos. La pregunta es si en un país que funciona bajo los tentáculos del Partido Comunista de China (PCCh) tendrán cabida las personas críticas que se atrevan a cuestionar y proponer soluciones. Dadas las circunstancias que ya se han visto, es bien posible que se logre, no sin arduas discusiones teóricas sobre profundos matices de la teoría de la dictadura del proletariado.

(Además: El hombre que intenta salvar al mundo de la inteligencia artificial)

Retos y amenazas

La entrada de la IA en los colegios supone la apertura a un mundo de posibilidades, pero a su vez conlleva retos y riesgos: la dificultad de cambiar una institución poco dispuesta a grandes transformaciones o, por lo menos, alteraciones, y el peligro inherente a cualquier tecnología que pueda ser usada con fines cuyo aspecto ético sea preocupante.

Muchos docentes, con algo de razón, tienen todavía reticencias, ya que la perciben como un menosprecio a su labor y una amenaza directa sobre su plaza de trabajo.

Algunas escuelas –alerta Jones– se verán tentadas a usar IA para ahorrar dinero y mejorar los resultados académicos, sin preocuparse por la integridad del proceso educativo, lo que eliminará el componente humano en la educación y derivará en fábricas de habilidades básicas”.

La campanada de alerta no puede ser más clara.

PAULA ESCALADA MEDRANO
MARC ARCAS
REPORTAJES EFE

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