En busca del bienestar digital, una preocupación ya necesaria

En busca del bienestar digital, una preocupación ya necesaria

Con educación y diseño consciente, se hace foco en uso reflexivo y racional de estas herramientas.

Celulares

Los gigantes de las redes sociales cada vez toman más decisiones conscientes del impacto que tienen en la vida de sus usuarios e implementan herramientas enfocadas al bienestar.

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iStock

Por: Martina Rua
26 de octubre 2019 , 10:58 p.m.

Este año concluirá con 4.500 millones de personas en el mundo con acceso a internet, y se espera que en los próximos seis años, el número escale hasta los 6.000 millones, quienes, con la llegada de la tecnología de conectividad 5G, podrán navegar a velocidades hasta 10 veces mayores que la experiencia más rápida actual. Con dos décadas conectados e internet avanzando en los aspectos más diversos de nuestra vida, la incidencia de su impacto en nuestra salud y costumbres es el centro de un cuerpo creciente de investigaciones que advierten sobre la necesidad de reflexionar y generar un entorno más sano e intencional en esa conectividad. Lo que se busca es una tecnología más humana con foco en el bienestar digital de las personas.

De hecho, los mismos usuarios se encuentran muchas veces atrapados en un uso que, advierten, puede ser nocivo, pero que no saben cómo modificar: cuidado de datos personales, consumo y difusión de información falsa, uso excesivo de redes sociales, conexión permanente y ansiedad son algunos de los temas que saltan del mundo digital con un impacto real en nuestra calidad de vida.

Tristan Harris es quien lidera esta conversación en el mundo, y lo hace con el convencimiento del converso. Exdiseñador especializado en ética de aplicaciones de Google, es el fundador del movimiento Time Well Spent y de la organización The Humane Tech Center, focalizados en la evangelización y el desarrollo de una tecnología más humana. Según Harris, lo que estamos viviendo es una cacofonía de tecnologías extractivas que generan una degradación humana (human downgrading), y es ahora el momento de refundar la manera como mediamos con ellas, a través de la modificación de su diseño.

Harris dice: “El modelo de uso gratis de las aplicaciones, en el modelo más caro del mundo, genera una economía de atención extractiva. Las redes sociales han creado un Frankenstein digital al aprovecharse de las debilidades humanas (miedo, indignación, vanidad), y la tecnología ha degradado nuestro bienestar”. Para Harris, que en sus comienzos fue uno de los integrantes del Laboratorio de Tecnologías para la Persuasión de la Universidad de Stanford, catalizar de manera completa el bienestar digital requiere trabajo específico. “Necesitamos ser profundamente sofisticados, no solo con la tecnología, sino también con la naturaleza humana y las formas como uno impacta al otro. Los tecnólogos deben abordar la innovación y el diseño con la conciencia de proteger las formas como somos manipulados; necesitamos más atención sobre lo que protege y cura la naturaleza humana y los sistemas sociales”, dice. Desde su centro, ofrecen una guía de diseño de productos gratuita para explorar y evaluar cómo la tecnología nos afecta a nivel individual, relacional y social.

Inteligencia artificial

El segundo punto que aborda Harris es cómo se está desarrollando la inteligencia artificial (IA). “La IA tiene que ser para el humano, no una IA abrumadora. Hoy ya tiene un poder asimétrico sobre las vulnerabilidades humanas. Necesitamos convertir eso en IA para que actúe en nuestro interés, haciéndolos fiduciarios a nuestros valores, lo que significa prohibir los modelos comerciales de publicidad que se extraen de esa relación íntima”, describe. Y el tercer aspecto para tener en cuenta es el de los incentivos regenerativos humanos. “Debemos abandonar el fracking de atención de la gente, desarrollar un nuevo conjunto de incentivos que aceleren una competencia en el mercado para solucionar estos problemas. Guardianes de la tecnología como Apple y Google pueden alentar a las aplicaciones a competir por nuestra confianza, no por nuestra atención, al remodelar las tiendas de aplicaciones, los modelos de negocios y la interacción entre aplicaciones que compiten en pantallas de inicio y notificaciones”, propone Harris. También cita a los inversionistas, accionistas, políticos, periodistas y usuarios en general, todos actores necesarios para gestionar una nueva era digital.

“Reconocer esta manipulación y nuestros sesgos es el primer paso. El uso del móvil difiere de otras tecnologías anteriores, porque ahora es la primera vez que lo tenemos con nosotros todo el tiempo; el consumo es personal, la oferta de contenidos es ilimitada y, además, es multifunción”, dice Santiago Bilinkis, autor del libro Guía para sobrevivir al presente, atrapados en la era digital (Sudamericana, 2019), en el que busca alertar y explicar el funcionamiento de estas tecnologías y sus implicancias en nuestras vidas.

Para Bilinkis, una parte de la solución pasa por hacernos las preguntas correctas para entender el negocio detrás de las aplicaciones que usamos, cómo son creados los algoritmos para poder exigir transparencia en la información.
“Estamos dentro de un sonambulismo tecnológico que, a través de filtros, distorsiona la realidad y genera ansiedad. Para los padres es un nuevo terreno en el cual guiar a nuestros hijos, donde ellos son nativos y nosotros, a veces, estamos tan empantanados como ellos.

Reconocerlo y traerlo a la conversación familiar es parte de la solución”, dice. La preocupación por el diseño de los algoritmos es tal que investigadores como Mark J. Nitzberg, director del Center for Human-Compatible IA, de la Universidad de Berkeley, está proponiendo que el desarrollo y diseño de aplicaciones tenga que atravesar una especie de fases de test clínicos, como deben hacerlo las drogas antes de convertirse en medicamentos comerciales.

Las redes sociales han creado un Frankenstein digital al aprovecharse de las debilidades humanas (miedo, indignación, vanidad), y la tecnología ha degradado nuestro bienestar

Los dueños de la pelota

Una de las redes sociales más cuestionadas en cuanto al efecto que causa en sus usuarios es Instagram. Diversos estudios, como el elaborado por la Real Sociedad Británica de Salud Pública en 1.500 jóvenes de entre 14 y 24 años, la han clasificado como la más nociva para la salud mental de los jóvenes por conducir a sentimientos de inadecuación y ansiedad con su imagen. La empresa de Zuckerberg está al tanto, y en el primer semestre de este año presentó una serie de propuestas en su marco de bienestar digital. Natalia Paiva, directora de políticas públicas de Instagram para América Latina, explica cuál es la estrategia: “Queremos que Instagram sea un entorno positivo e inclusivo para nuestra comunidad. Que el tiempo de uso sea intencional, que es un concepto que tiene mucho que ver con el bienestar, y no es solo desde lo moral, porque debemos, sino que es estrategia a largo plazo. Si los usuarios no tienen una buena experiencia, no tendremos futuro como plataforma de creación y expresión”, dice.

Instagram tiene tres pilares en su estrategia de digital wellbeing: desde cómo ofrece la información de sus políticas de uso, herramientas para que las personas puedan controlar la experiencia y las asociaciones a nivel local con organizaciones, expertos en salud mental y tecnología en cada país donde tiene presencia. Por ejemplo, a partir de este año, la red permite silenciar palabras, hashtags y emojis con los que el usuario no quiere encontrarse, como también configurar el tiempo que se quiere usar la red mediante alertas que avisan cuando se alcanzó el límite. Por otra parte, si alguien busca un hashtag con palabras sensibles como ‘depresión’, ‘ansiedad’, ‘angustia’ o ‘suicidio’, aparece una ventana con propuestas para que el usuario le pida ayuda a un amigo o institución especializada.

Un cambio relevante es la prueba que Instagram está haciendo en siete países para que la cantidad de ‘me gusta’ (expresados en corazones) y reproducciones no estén a la vista de todos, con el fin de evitar que los usuarios suban material por el solo hecho de ver la acumulación de aprobaciones ajenas. “Queremos que las personas se concentren más en la calidad de sus conexiones que en sus métricas de performance”, dice Paiva desde Brasil, uno de los países que están haciendo la prueba.

Consultada por la tardanza de las empresas en presentar estas herramientas, teniendo en cuenta que muchos usuarios ya cumplieron hasta una década usando Instagram o Facebook, Paiva contesta que “la idea de la conexión de salud mental y uso de las redes sociales es muy nueva, y todos –empresas, científicos, academia y usuarios– estamos intentando entender algo complejo de lo que se aprende todos los días, y se intenta responder a los hallazgos que se van presentando de la mejor manera posible”.

También desde Google están abordando el asunto desde su motor de búsqueda y desde Android. En las últimas semanas anunciaron nuevas funcionalidades. “El bienestar digital es el estado de estar totalmente cómodo y contenido por cómo la tecnología se ajusta a nuestra vida, es diferente para cada usuario y cada familia: es el resultado de estar consciente y en control de la tecnología que uno utiliza”, describe Matías Fuentes, responsable de Comunicaciones de producto de Google Argentina. A principios de septiembre, YouTube, la plataforma de videos de Google, recibió una multa de 170 millones de dólares de la Comisión Federal de Comercio debido a las demandas que la acusaban de recolectar datos personales de niños sin el consentimiento de los padres. Por esto, la red decidió quitar las publicidades sugeridas para los niños.

El gigante de Silicon Valley asegura que al entrenar a su asistente virtual y agregar inteligencia artificial a sus productos, genera uso más eficiente y seguro de la plataforma. Android cuenta con el modo Wind Down para desconectarse o el modo ‘Rutina’ para dormir, que permite mediante la voz configurar una alarma, apagar las luces, reducir el sonido de la música y escuchar el clima del día siguiente. El modo ‘Foco’ permite seleccionar aquellas aplicaciones que los suelen distraer.

Herramientas

Para el control parental ofrece Family Link: a través de funcionalidades que permiten configurar aplicaciones, el contenido y el tiempo en pantalla, los padres pueden definir pautas digitales para sus hijos. Tanto la calidad como la cantidad de tiempo que los chicos están conectados es un tema que se está estudiando desde la comunidad médica. Por ejemplo, en la Conferencia Latinoamericana de American College of Cardiology 2019, se presentó un artículo que reveló que los jóvenes que utilizan más de cinco horas al día los teléfonos inteligentes tienen mayor probabilidad de sobrepeso y obesidad, lo cual obliga a replantear estrategias y hasta usar la tecnología como aliada para promover la actividad física en ese segmento etario. En junio de 2018, la OMS incluyó entre los trastornos mentales la adicción a los videojuegos.

El segundo tema es el de la privacidad, que tiene una doble lógica –lo que los chicos deciden publicar (y es importante reflexionar con ellos sobre la distinción entre público, privado e íntimo)– y, por otro lado, la privacidad de nuestros datos como usuarios de tecnología, es decir, qué entregamos a cambio de qué. “Cada vez somos más conscientes de la información que generamos y ofrecemos cuando realizamos actividades en internet. Cada ‘me gusta’, cada ‘compartir’, las geolocalizaciones constituyen algoritmos complejos que almacenan una gran cantidad de datos sobre gustos, perfiles, preferencias. Es importante que los niños sepan desde temprana edad que internet parece gratuito, pero no lo es: el uso se paga con información personal”, cuenta Mariela Reinman, directora de la ONG Chicos.net.

El bienestar digital está hoy en boca de todos los actores del ecosistema de internet, y su construcción será el resultado de los esfuerzos de cada uno: empresas que deben ser transparentes y diseñar sus productos de manera responsable, gobiernos que deben velar por el desarrollo de este ecosistema y proponer políticas que acompañen en la era digital, ONG que controlen y evangelicen sobre una conexión sana y usuarios que hagan un uso más reflexivo, intencional y responsable. En la suma de todos esos esfuerzos es posible que nazca una tecnología más humana.

MARTINA RUA
LA NACIÓN (ARGENTINA)

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