¿Audaz o sexista? El belga que viajó por el mundo gracias a Tinder

¿Audaz o sexista? El belga que viajó por el mundo gracias a Tinder

Dice que le pareció “divertido”, pero para otros, en cambio, la ‘hazaña’ de Anthony Botta es sexista

Anthony Botta

El joven, de 26 años, pidió a sus citas en Tinder que le permitieran hospedarse de forma gratuita en sus casas.

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Instagram: @zebotta

Por: Ana María Velásquez 
20 de noviembre 2018 , 05:00 a.m.

Anthony Botta, de 26 años, saltó a la popularidad en internet tras relatar cómo viajó durante dos meses por Europa sin pagar un euro en hospedaje. ¿Su secreto? Utilizó la aplicación para citas Tinder para encontrar mujeres de diferentes países que le permitieran quedarse en su casa de forma gratuita.

El viajero hizo un video en el que grabó su propuesta y se los envió a todas las mujeres con las que hacía ‘match’. ‘¿Quieres ser mi anfitriona?’, les preguntaba. “La mayoría respondía que no y muchas me insultaron, otras no contestaban y otras de manera respetuosa rechazaban la propuesta”, cuenta.

Pero Botta fue insistente y al final pudo quedarse en la casa de 22 chicas. En junio, visitó Colombia bajo la misma dinámica y se hospedó, sin pagar, en el hogar de una bogotana. Su travesía la mostró en redes sociales y en su canal de YouTube publicó videos en los que describió la experiencia vivida con las decenas de mujeres.

Quienes cuestionan su método, que él bautizó como ‘Tinder surfing’, señalan que existen plataformas como Couchsurfing, que precisamente ofrecen la opción de alojamiento gratis a cambio de un intercambio cultural con los anfitriones. Para ellos, la naturaleza de Tinder, que se usa para hallar parejas casuales, desdibuja dicho intercambio y lo convierte en una transacción.

Algunos consideraron que, de alguna forma, el joven ‘usó’ a las mujeres para obtener alojamiento gratis y luego mostrar el hecho en las redes sociales como una hazaña.

Me parecía divertido porque era una manera diferente de encontrar a las personas que viven en esas ciudades. En Couchsurfing es demasiado fácil en cambio en Tinder era un reto para mí, una aventura

Para Stephanie Saavedra, comunicadora social y quien pertenece al colectivo feminista Polifonía, la propuesta de Botta “es una práctica deplorable y triste, que podría pasar con o sin Tinder”. Saavedra asegura que lo grave no es que “aprovechara Tinder para tener alojamiento gratis, sino que grabe a las mujeres, viole su privacidad y además alardee en redes sociales de su hazaña”.

Pero Botta no lo cree así. En charla con EL TIEMPO, desde Bruselas, señaló: “Me parecía divertido porque era una manera diferente de encontrar a las personas que viven en esas ciudades. En Couchsurfing es demasiado fácil en cambio en Tinder era un reto para mí, una aventura”.

Botta insiste en que su intención era simplemente vivir una experiencia divertida con las personas de otro país y que, en todo caso, fue transparente acerca de sus intenciones. “En Europa todos relacionan Tinder con sexo, pero para mí es algo que va más allá. En Colombia, por ejemplo, como no tenía tiempo para verme con todas las chicas que vi en la app, las cité a todas en un bar en Chapinero. Al final vinieron 10 personas y compartimos un rato agradable. No se conocían y algunas de ellas se volvieron amigas y siguen en contacto. Tinder abre las puertas para muchas oportunidades de interacción”, explica.

Principalmente lo que se busca con este tipo de apps es vivir una experiencia y en la mayoría de casos terminan siendo encuentros esporádicos


Para Jeisson Fabián Palacios, psicólogo y director académico de UniCervantes, el caso es un ejemplo de cómo las personas usan este tipo de plataformas para cumplir con sus ‘objetivos experienciales’. “Principalmente lo que se busca con este tipo de apps es vivir una experiencia y en la mayoría de casos terminan siendo encuentros esporádicos. Estas plataformas han incitado a distintos temas como, por ejemplo, el cambio constante de las parejas”, señala.

El especialista agrega que si bien el joven publicó “una serie de comentarios frente a su logro, hay que ver que las personas que lo alojaron lo hicieron voluntariamente, diferente a que se sospeche que lo haya hecho mediante engaños. La persona evidentemente hace alarde de una serie de circunstancias, pero ese es el objetivo de estas plataformas: el vivir una experiencia”, afirma.


Los expertos coinciden en que las plataformas cambiaron la forma como se desarrollan las relaciones entre los seres humanos. “El principal cambio es que se transforma la relación social en sí misma. La interacción, que es un proceso natural y mediado por procesos comportamentales, se ha minimizado y se opaca a encuentros más casuales. Eso hace que se reemplacen los escenarios de diálogo y de escenario y que no se piense en temas como la familia, por ejemplo. Es un principio de vida en el que solo se vivan situaciones esporádicas”, agrega Palacios.

Yelen Ávila, experta en psicología social, por su parte, asegura que “Tinder muestra a las personas como si se tratara de un portafolio de productos, cada quien decide si quiere comprar o no y si le gusta. Pero hay que tener en cuenta que hay muchas razones por las que las personas usan esta app. Puede ser un encuentro casual, tener varias parejas sexuales u otras posibilidades como superar el fin de una relación o conocer personas en una ciudad”, dice.

Para la experta no se trata de ‘satanizar’ una app sino de mostrar que el amor y las relaciones “como un fenómeno social se han venido construyendo de una manera distinta y por lo tanto, las conductas y percepciones se han transformado”.

“Por supuesto existen los estereotipos muy marcados sobre los roles de mujeres y hombres en esta aplicación, evidenciados en el tipo de pareja que se debe tener, en aspectos como quién debe iniciar la conversación y demás. Pero todos estos factores hacen parte de la realidad actual, solo que al encontrarse en el contexto digital son más aceptados porque participan en ellos”, dice.

Saavedra agrega que Tinder solo refleja lo que somos como sociedad ya que “el tipo de interacción que se establece en ella, dependerá de cada uno”.

Botta cumplió su objetivo de vivir y registrar las aventuras de su travesía. En Múnich (Alemania) se quedó en una casa súper lujosa que nunca imaginó conocer, pero en otras ocasiones tuvo que dormir hasta en el suelo. “Una chica en Colonia me dijo ‘puedes quedarte pero no quiero nada contigo y debes dormir en el suelo’. Al final terminamos de fiesta y la pasamos muy bien”, dijo. En Colombia, comió arepa y chorizo con un grupo de desconocidos y le pidió a la gente en la calle que lo acompañaran a recibir a su amigo en el aeropuerto.

“Esta experiencia me permitió conocer personas de muchos países, también fui a restaurantes que nunca pensé haber ido y comí cosas que nunca pensé probar”, afirmó.

Ana María Velásquez Durán 
Redacción Tecnología 
En twitter: @anamariavd19
durana@eltiempo.om 

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