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Criptominería: la nueva ‘fiebre del oro’
Bitcoin

El precio del bitcóin se volvió a disparar el viernes y llevó el valor del conjunto de los bitcóins creados desde 2009 a más de 1 billón de dólares.

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EFE / EPA / Sascha Steinbach

Criptominería: la nueva ‘fiebre del oro’

Es un proceso que permite ganar dinero a partir de validar las transacciones con criptomonedas.

A mediados del siglo XIX, miles de personas de muchas partes del mundo migraron a California en busca de oro. La promesa de hacerse ricos parecía tangible. Pues bien, hoy el brillo está en otra parte, menos tangible, pero, según algunos, más rentable: la minería de criptomonedas, la fiebre del oro del siglo XXI.

Este tipo de minería no se hace con picos y palas, o maquinaria pesada, sino con tecnología computacional de punta y no pocos conocimientos técnicos.

Explicado de una manera muy básica, los criptomineros (que son computadores, no personas) son los intermediarios que convierten cualquier transacción en monedas digitales, tipo Bitcoin, en una operación real, y por ese trabajo cobran una comisión. Bien sea por la generación de nuevas unidades de criptomonedas a partir de alguna moneda tradicional (dólares, euros, pesos, etc.) o por la validación de cualquier transacción en criptodivisas.

(También puede leer: Preguntas para entender el bitcóin, cómo funciona y sus riesgos).

Los criptomineros son los que crean un código único y, obviamente encriptado, que asegura que ese pago, compra o creación de criptomonedas realmente existe y es válido y transable en este universo digital, donde también hay plataformas que permiten la venta y la reconversión de esas monedas digitales a monedas clásicas.

Hasta aquí, esto podría parecer un cuento de ciencia ficción, pero el tema es que el crecimiento exponencial del valor del Bitcoin y otras monedas digitales en los últimos años tiene disparada la criptominería.

Para tener una idea del crecimiento del Bitcoin, por ejemplo, basta con señalar que en febrero de 2011, un Bitcoin alcanzó el valor de 1 dólar por primera vez en la historia, y hoy, una década después, esa misma unidad vale alrededor de 50.000 dólares.

Esto ha disparado el apetito por ‘criptominar’, es decir, por morder un pedazo de las comisiones que genera el validar las transacciones en esta moneda electrónica (y de otras).

Así funciona

¿Y cómo opera esto? Todo tiene que ver con la tecnología de encriptación de códigos que son únicos, como una huella digital. Son complejos y, en su lenguaje, lo que hacen es garantizar que la plata sí existe, pues, de no ser así, cualquiera podría escribir un código e inventarse que tiene dinero sin ser verdad.

Esto significa que para que 100 dólares, por ejemplo, pasen de la billetera digital de Juan a la de Miguel, un minero tiene que verificar que esos cien dólares existan, que Juan exista, que Miguel exista y que la transacción sí se haya hecho, entre muchos otros pasos. Todo esto está escrito en código y dentro de un sistema perfectamente organizado.

Las minas necesitan una temperatura estable, cosa que se logra con menos costo en lugares donde no hay que usar aire acondicionado.

Todos esos códigos únicos deben ser guardados en bloques. Los bloques juntos conforman una red llamada blockchain. La creación de un bloque nuevo sucede, en promedio, una vez cada diez minutos. Y este es el trabajo de los criptomineros, que ganan una comisión cada vez que logran validar una transacción.

(Le puede ineteresar: Goldman Sachs se adentra en el mercado del bitcóin).

La competencia entre grandes, medianos y pequeños criptomineros, que tratan de verificar movimientos para ganar su comisión, es cada vez más intensa, pues cada día hay más gente interesada en este negocio.

Pero el flujo de operaciones es tan grande, que de momento hay espacio para todos.

No obstante, tiene que haber una manera de controlar que la cantidad de unidades que se generan no se desborde, pues, si fuera así, abundarían y se perdería su valor.

Esto lo previeron los creadores del sistema desde el principio, así que, por ejemplo, la cantidad de Bitcoin que van a existir en el mundo está limitada: solo habrá 21 millones, que se terminarán de generar hacia el año 2140.

Mil agujas en mil pajares

“La criptominería es como una búsqueda de una aguja en un pajar. Si el pajar tiene un metro, me voy a demorar, pongamos, una hora encontrando la aguja —explica Rodolfo Andragnes, presidente de la ONG Bitcoin Argentina—. Si hay más personas, cada pajar tiene más metros, así que es más difícil encontrar la aguja. Con este sistema, así haya miles de personas y de pajares, se asegura que solo se encuentre una aguja cada hora”. Es decir, 6,25 Bitcoins cada diez minutos, número que irá disminuyendo progresivamente.

La idea inicial era que cualquier computador sencillo pudiera hacer estos procesos, pero como la dificultad de desarrollar los procesos aumenta, cada vez se necesitan máquinas más potentes. Es por eso que, desde hace varios años, hay grandes granjas con miles de computadores haciendo estas operaciones.

(Entre otras lecturas: Sotheby's aceptará pagos en criptomoneda en subasta de Banksy)

Las ponen en lugares con climas fríos, pues la refrigeración es tan clave como costosa. No en vano, la mayoría están en el norte de China, pero también hay en Islandia o en la Patagonia.

“Las máquinas de minería de Bitcoin requieren mucho poder computacional, lo que produce calor a la hora de operar. Por eso, las minas necesitan una temperatura estable, cosa que se logra con menos costo en lugares donde no hay que usar aire acondicionado”, explica Bryan Benson, director de operaciones de Binance Latinoamérica.

La huella ambiental que dejan estas enormes minas es alta, aunque hay posiciones encontradas al respecto y es una discusión con profundidad. Por ahora, es la razón por la que Elon Musk, el magnate de Tesla, bajó un pie del bus de las ‘cripto’.

Ahora, como pasa con la minería tradicional, también hay pequeños mineros. “Las grandes granjas funcionan con muchos computadores de tecnología Asic. Pero hay quienes minan en su propia casa con un sistema llamado RIG: es un computador madre muy poderoso al que se le conectan cuatro, seis u ocho tarjetas de video de las buenas, las que usan los gamers. Se usan porque son muy eficientes procesando, así que hoy en día son escasas y muy caras, pues este mercado es enorme”, expone Andragnes.

(...) Cumple con todas las características que debe tener el dinero: es escaso, divisible, transferible, intercambiable, rastreable, fungible e infalsificable. 

Lo anterior explica por qué hoy en el mundo hay una escasez de tarjetas gráficas de gama alta, pues los criptomineros, sencillamente, arrasan con todas las que están disponibles, al punto, de que esto ha desarrollado un intenso y muy lucrativo mercado de segunda mano de estas piezas.

Según las matemáticas que hace el experto argentino, un computador con una tarjeta puede generar unos 500 dólares mensuales. Pero, anota, “esto puede no ser tan rentable por la gran cantidad de energía que se consume al hacer este proceso. Así que quienes realmente hacen un negocio casero con esto tienen varios computadores con varias tarjetas conectadas”.

Pero no todos tienen la capacidad financiera para hacer una inversión de esas características, así que algunos se agremian. Por eso existen una especie de cooperativas de personas que invierten en equipos para hacer minería y luego se reparten las utilidades.

(Le recomendamos: Reino Unido estudia la creación de su propia criptomoneda).

Esto cada vez sucede más, así es que, tal como pasó con el gold rush californiano, este mercado se vuelve más competido y costoso, pues cada vez hay más gente minando y con mejor tecnología, lo que da ventajas. Sin embargo, de acuerdo con varios expertos, tecnología “cripto” que hoy vemos en este mundo de monedas digitales es solo el principio de lo que podría ser la siguiente gran revolución digital.

La clave de la seguridad

A pesar de que este mercado está muy consolidado en el mundo, todavía hay temores válidos respecto al respaldo que tienen estas monedas digitales. La razón es que son divisas descentralizadas, es decir que no están vinculadas a ningún banco nacional de un país específico.

Su respaldo lo brindan únicamente las plataformas y la seguridad del dinero y de las transacciones se asegura precisamente con los códigos altamente encriptados que generan los mineros.

Rodolfo Andragnes le explicó a EL TIEMPO que esta alternativa monetaria “cumple con todas las características que debe tener el dinero: es escaso, divisible, transferible, intercambiable, rastreable, fungible e infalsificable. De hecho, las monedas de los países no cumplen con algunos de estos ítems con la misma seguridad, pues algunas no son tan escasas y sí son falsificables”.

De acuerdo con él, el mercado de las criptomonedas es seguro y respaldado; cambiar los Bitcoines a dólares o a otras monedas es rápido y fácil, y “entrar al juego es tan fácil como salirse”. De hecho, este año los bancos colombianos ya comenzaron a hacer pruebas piloto para permitir a sus clientes hacer operaciones de compra y venta de ciptomonedas.

(Aquí hay información al respecto: La banca colombiana impulsa pilotos con criptomonedas).

Y, respecto al temor y el escepticismo de algunos porque el bitcóin no tenga un respaldo en billetes impresos, Andragnes explica que el dinero tradicional “es igual de virtual que las criptomonedas, pues el 95 por ciento de la plata que hay en el mundo no está impresa en papel moneda: son solo ceros en pantalla. Así funciona la economía mundial”.

Sin embargo, las transacciones de las monedas de los países no están encriptadas de la misma manera que las de los Bitcoines u otras divisas de este tipo. Así que, por lo menos en el sentido informático, las divisas virtuales son más seguras y eso sucede gracias a la labor de los mineros.

De hecho, para Benson la importancia de estos computadores es tal, que se atreve a decir que la minería es nada más y nada menos que “el proceso que mantiene la red computacional más potente y segura del mundo”.

-MATEO ARIAS ORTIZ
Redacción Domingo 
EL TIEMPO
@mateoariasortiz

Elon Musk y su preocupación ambiental

Convertido en uno de los oráculos de las criptomonedas, el fundador de Tesla, Elon Musk, hizo temblar el precio del Bitcoin el miércoles por la noche al criticar su creciente impacto en el medioambiente.

“Nos preocupa el uso cada vez mayor de combustibles fósiles para la minería y transacciones de bitcóin, especialmente el carbón, que tiene peores emisiones que cualquier combustible”, dijo Musk en un tuit.

“La criptomoneda es una buena idea en muchos niveles y creemos que tiene un futuro prometedor, pero esto no puede tener un gran costo para el medioambiente”, remató. Actualmente, el consumo en electricidad de esta tecnología se estima en su máximo histórico, en 149 TWh (teravatio/hora, equivalente a un billón de vatios/hora).

“Si el Bitcoin fuera un país, usaría la misma cantidad de electricidad por año que Suiza”, dicen los analistas de Deutsche Bank en una nota. El precio del Bitcoin se desplomó un 15 por ciento, a su nivel más bajo en dos meses y medio, después del anuncio de Musk de que Tesla ya no aceptaría pagos en esta criptomoneda por sus vehículos mientras su minería consuma tantos combustibles fósiles.

- Ali Bekhtaoui - AFP - Nueva York

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