La ambiciosa estrategia de monitorear a un oso con collares GPS

La ambiciosa estrategia de monitorear a un oso con collares GPS

A pesar de los retos, estas tecnologías permiten identificar las amenazas que enfrenta una especie.

Oso andino monitoreado con collar GPS

Apipa, un oso andino de 130 kilos que habitó en la zona de bosque del municipio de Junín, es el único animal de su especie en Colombia que ha sido monitoreado con telemetría.

Foto:

Fundación Wii

Por: Ana María Velásquez Durán 
21 de febrero 2019 , 11:10 a.m.

Pesa 130 kilos y tiene una pequeña mancha blanca en la cabeza que lo diferencia de los demás. Al igual que el resto de los miembros de su especie, es un animal tímido, nervioso y evasivo.

Los expertos en conservación no suelen usar nombres para aludir a los animales que protegen, pero para efectos de este caso, a este lo bautizaron ‘Apipa’, que significa “valiente guerrero” en colima, lengua de una de las comunidades indígenas de Cundinamarca.

Apipa es el único oso andino en Colombia que ha sido monitoreado con collares GPS. En 2013, fue atrapado por la Corporación Autónoma Regional del Guavio y la Fundación para la Investigación, Protección y Conservación del Oso andino (Wii). Se buscaba realizarle un seguimiento por medio de esta tecnología durante un año para obtener información sobre las amenazas que enfrenta y de esta manera plantear propuestas que ayuden a su conservación.

El collar emite una señal de su posición cada dos horas, y esa información se suma al seguimiento de su recorrido mediante cámaras trampa. Así se obtienen datos como las zonas que más frecuenta o los comportamientos más comunes.

Los collares de telemetría utilizan un sistema de satélites para transmitir los datos de localización, que luego son enviados automáticamente por correo electrónico. También cuentan con un sensor de actividad que avisa cuando la cabeza del animal se mueve.


Su uso en Apipa permitió ratificar lo que las autoridades ambientales han clamado por años acerca de la especie: los osos de anteojos necesitan áreas extensas para sobrevivir. Apipa caminó en promedio 7 kilómetros cada día. En mes y medio se desplazó 132 kilómetros, más o menos la extensión de la doble calzada Bogotá-Girardot.

(Siga el recorrido de Apipa en este mapa interactivo)

Los collares GPS nos permiten ver dónde exactamente está el animal para identificar cuál es la amenaza y tomar medidas

Pero el camino difícil que evidenció el seguimiento representa la dura travesía diaria que vive un oso de anteojos en los bosques de Colombia. Apipa atravesó nueve carreteras destapadas que son utilizadas para revisión de túneles del Acueducto de Bogotá y vio cómo su hábitat está cada vez más invadido por el ser humano.
Daniel Rodríguez, director de la Fundación Wii, afirma que la ganadería y la cacería son las amenazas más importantes que enfrenta el oso. “El bosque está desapareciendo. Están metiendo cultivos, potreros y cada vez construyen más carreteras que están rompiendo el bosque”, explica. 

La segunda gran amenaza, agrega, es la pérdida de animales. “Estamos matando osos porque uno se metió al cultivo, porque otro atacó una vaca, porque sentí miedo”, dice. A menudo, un manejo inadecuado de la ganadería en la montaña termina en un episodio en el que un oso mata una vaca y en ocasiones, el oso paga por ello con su vida.

La historia de Apipa representa la lucha y los riesgos que enfrentan los cerca de 9.000 osos que se estima quedan en el territorio nacional. Eso, de acuerdo con estimaciones de la Fundación Wii, pues en el país no hay un censo oficial sobre la población total de la especie. 

Oso andino

Los expertos también aprovechan para tomar pruebas de sangre y de pelo y analizar el estado del animal.

Foto:

Fundación Wii

Pero el año de monitoreo que se contemplaba hacer se vio truncado. En el día 45 la historia de Apipa dio un vuelco inesperado. El collar dejó de emitir su señal y el rastro del oso andino se perdió para siempre.

Nadie volvió a saber de él y tras sucesivas búsquedas el collar tampoco apareció. No hay certeza de qué pudo haber pasado pero sí varias hipótesis. Algunos creen que Apipa pudo haberse ido lejos de la zona de Cundinamarca, donde llevaba viviendo hace varios años (pues desde el 2011 había sido identificado con cámaras trampa).
Pero también cabe la posibilidad de que a Apipa lo hayan matado. De hecho, en la semana en la que desapareció, dos osos fueron asesinados en la misma zona. Como la pena por matar un oso en Colombia puede ser de multas de 5 a 50 salarios mínimos o incluso condenas de hasta 12 a 36 meses de prisión, según la Ley 1774 de 2016, con frecuencia sus cuerpos son enterrados en secreto.


Los retos del collar GPS

Los collares GPS funcionan gracias a una batería, un sistema de caída automática (para que el dispositivo se suelte en una fecha determinada) y dos antenas. La primera es satelital y envía las posiciones diariamente. La segunda es de VHF (very high frecuency) y revela, por proximidad, la presencia del collar.

Sí, suena tan sofisticado como costoso: el equipo de Apipa costó alrededor de doce millones y medio de pesos, a lo que se suman los recursos para hacer el seguimiento, que mensualmente rondaron los cerca de tres millones.


Pero lo más complicado del proceso es la logística. “Puede que la trampa (que es una especie de cabina que se instala en el bosque) esté activa pero no es posible tener al veterinario sentado esperando si un oso cae. El traslado de la trampa también fue difícil porque pesaba alrededor de una tonelada y hay que llevarla desarmada por partes”, afirma Rodríguez.

La trampa que atrapó a Apipa estuvo instalada durante un año. “Duró inactiva tres meses para que los animales se fueran acostumbrando a su presencia. Después le pusimos cebo y pasaron ocho meses hasta que entró él”, cuenta.


Pero al final, los esfuerzos, la inversión y cada reto a enfrentar valen la pena, según explican los expertos.

Nos permiten ver dónde exactamente está el animal para identificar cuál es la amenaza y tomar medidas. Cada punto nos da la posibilidad de determinar si está entre el bosque, el páramo o el potrero en donde dejan las vacas”, dice Rodríguez.

Este año, la Fundación Procat, junto con Parques Nacionales Naturales, trabaja en la implementación de un proyecto para instalar collares GPS a seis osos que se capturarán en el Parque Chingaza y a los cuales se les realizará seguimiento durante 18 meses.

José Fernando González, investigador de la Fundación Procat, señala que la idea es poder ver, entre otros aspectos, “qué elementos evita el oso, si tiende a acercarse o a alejarse de las zonas de pastoreo, qué tanto se aproximan a carreteras y cómo utilizan todo lo que no es protegido”.

La tecnología que existe permite que toda la información que se genere sea aplicable a toma de decisiones y la toma de decisiones sea realmente sustentada sobre información


El estudio de Procat será el primero que use telemetría a gran escala en Colombia con la idea de buscar estrategias para combatir las amenazas.

El especialista explica: “Los collares tienen un sistema de satélites geoestacionario. El margen de error es de 4 o 5 metros y si hay momentos en los que se pierde la señal, almacenará los puntos y en el momento en que tenga comunicación con el satélite de transmisión para así mandar el paquete de datos”, explica González.

A los seis osos marcados se les hará seguimiento, además, a través de alrededor de 100 cámaras que fueron instaladas en el Parque Chingaza. Adriana Reyes, bióloga de la Fundación Wii, resalta que con las cámaras trampa se han podido descubrir comportamientos del oso silvestre que no se conocían. “La literatura nos decía que los osos se quedaban con los oseznos durante dos años pero no podías entender cómo la madre les enseña a sobrevivir. Estos videos nos han permitido entender esos procesos”, dice.

El caso de Apipa también demostró que se necesita una acción en conjunto entre autoridades. “Hizo un recorrido por cuatro municipios, entra al Parque Chingaza y sale y confirma que no tienen barreras políticas, él no sabe que es un parque nacional y que esa zona está protegida y hasta ahí puede llegar sino que continúa hasta donde tenga franja de bosque, va caminando en busca de comida”, señala Reyes.

Con el plan de Procat se esperan resultados en alrededor de seis meses. El proyecto busca ser un ejemplo de cómo la tecnología puede ser aliada para la conservación de una especie vital para el ecosistema y encontrar así estrategias que permitan la convivencia entre animales y seres humanos en un territorio en donde inevitablemente deben converger.


Ana María Velásquez Durán
Redacción Tecnología
durana@eltiempo.com
En twitter: @Anamariavd19

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