‘El desempleo tecnológico será el gran tema del siglo XXI’

‘El desempleo tecnológico será el gran tema del siglo XXI’

Casi la mitad de los empleos actuales corren el riesgo de desaparecer por la robótica.

Policía robot en Dubai

Dubai presentó el año pasado a su primer policía robot: habla nueve idiomas, vigila, graba, analiza sospechosos, pone multas...

Foto:

Giuseppe Cacace / AFP

02 de septiembre 2018 , 07:00 p.m.

La verdadera amenaza de la inteligencia artificial no es que los robots dominen la humanidad, como pronostican varias películas, sino que la dejen sin empleo. Esa es una de las conclusiones del periodista Andrés Oppenheimer, que desde el 2013 ha entrevistado a protagonistas y analistas del fenómeno en países como Estados Unidos, Reino Unido, Japón e Israel, y cuyos hallazgos reunió en el libro ‘Sálvese quien pueda. El futuro del trabajo en la era de la automatización’.

Oppenheimer, autor de varios libros sobre el futuro y ganador de premios como el Pulitzer y el Rey de España, advierte que el reemplazo de trabajadores por robots no se detendrá en oficios como el de los meseros. Y el fenómeno se está extendiendo a campos menos obvios: robots médicos, capaces de diagnosticar con mayor precisión, y jueces programados, sin prejuicios, cuyas decisiones no varían dependiendo de su estado de ánimo o del hambre que sientan, como sí sucede con los humanos según un estudio de Shai Danziger, de la Universidad Ben-Gurión, de Israel.

Los trabajos que sobrevivirán son los “difíciles de explicar”, cuyas funciones no pueden ser programadas. Y la tecnología también generará empleo, aunque Oppenheimer asegura que trabajaremos menos. La duda es si ese escenario será de escasez, con una clase desplazada de sus oficios e incapaz de adaptarse, o si la creciente automatización generará recursos necesarios para que las personas disfruten de más tiempo libre. Un futuro en el que el trabajo no sea el centro del desarrollo personal.

Libro 'Sálvese quien pueda'

Portada del libro 'Sálvese quien pueda'.

Foto:

Tomada de andresoppenheimer.com

¿Qué lo condujo a investigar este fenómeno?

Empecé en el 2013, cuando salió un estudio de Oxford según el cual el 47 por ciento de nuestros trabajos corren el riesgo de desaparecer, por los robots y la automatización. Hay dos factores que aceleran este fenómeno: los robots son cada vez más baratos e inteligentes. Según un estudio de la consultora Bain & Company, mientras que comprar un robot en el 2010 le costaba a una empresa china el equivalente a 5,3 años de sueldo y prestaciones de un trabajador, el año que viene le va a costar solo 6 meses de sueldo. Y ese robot trabaja tres turnos seguidos y no se va de vacaciones. El aumento en la inteligencia se debe a la Nube. Hasta hace unos años, cada robot estaba programado para atornillar una tuerca en una fábrica de automóviles. Hoy, los robots están conectados y tienen la capacidad de aprender y perfeccionarse.

Estos avances podrían frustrar a mucha gente...

Esto pasa constantemente. Lo veo en mi profesión. Antes mandaba a traducir mis columnas del ‘Miami Herald’. Hoy, las traducciones las hace un algoritmo. Antes enviaba a transcribir entrevistas, pero en los últimos seis meses han aparecido servicios que lo hacen automáticamente. Otro ejemplo: un dermatólogo dedica buena parte de su tiempo a mirar las manchas hechas por el sol y a decirnos si son potencialmente malas. Ahora hay una aplicación que, a partir de una foto, te dice lo mismo. Solo entonces vas al dermatólogo, por lo que su trabajo se reduce un 50 por ciento. No quiere decir que debas renunciar a tu sueño, pero si te da igual especializarte en dermatología o en otra área de la medicina con menos participación de robots, te aconsejaría la última.

¿Qué deberían enseñar los colegios y universidades?

En la era de Google, no tiene sentido que los colegios enseñen en qué año se descubrió América. Lo principal es enfocarse en las habilidades blandas: la creatividad, el trabajo en equipo, la flexibilidad. Porque las cosas que aprendes hoy en el colegio y en la universidad son obsoletas cuando te gradúas. En segundo lugar, todos vamos a tener que estudiar de por vida. Como me dijo Rafael Reif, presidente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la universidad dejará de ser un espacio al que vas cuatro o cinco años en tu juventud para adquirir conocimientos que aplicarás de ahí en adelante. Pasará a ser un espacio al que siempre regresas para actualizarte.

¿Nos espera un futuro de desempleo y escasez?

A mediano y largo plazo, soy optimista. Desde hace milenios, la tecnología produce más trabajos de los que elimina. Pero soy más temeroso sobre el corto plazo, porque los tiempos se aceleraron. Hace miles de años, la gente tenía siglos para reinventarse, para pasar de vivir como cazadores a vivir como agricultores. Más recientemente, en el siglo XIX, los que prendían las lámparas de gas en las calles tuvieron 50 o 70 años para enseñarles otro oficio a sus hijos, cuando aquellas fueron reemplazadas por lámparas eléctricas. Pero hoy, los cambios se producen en 24 horas. Una señora que cobra los tiquetes en un estacionamiento es avisada de la noche a la mañana que va a ser reemplazada por una torrecita automática que permite pagar con tarjeta de crédito. Además, en un principio, este fenómeno acentuará la inequidad, porque reinventarse como analista de datos va a ser mucho más fácil para un profesional que para un chofer de taxi que ha sido reemplazado por un carro que se maneja solo.

¿Cómo mantener entonces el optimismo?

A largo plazo, la tecnología disminuirá los costos de producción, que abaratarán el costo de vida. Así que el hecho de que trabajemos cada vez menos no es necesariamente malo. Se trata de la misma disminución progresiva del esfuerzo que se ha visto en la historia. En las épocas bíblicas se empezó a tomar un día de descanso, el sábado. Después vino el domingo. Ahora, en varios países de Europa tienen semanas laborales de 32 horas. Esto va a generar un gran cambio, porque hoy nos definimos por nuestro trabajo, es lo que nos da un propósito, pero eso es algo que viene de la Revolución industrial. En la Edad Media ocurría lo contrario: los que tenían el estatus más alto, los aristócratas, no trabajaban. Se dedicaban a la poesía, a tocar el arpa, a escuchar ópera. El trabajo era para la escala más baja de la pirámide social.

Andrés Oppenheimer, periodista argentino

Andrés Oppenheimer, periodista argentino radicado en Estados Unidos.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

¿En Latinoamérica tendremos más tiempo para prepararnos?

Al contrario. La ola de automatización nos va a pegar primero y más fuerte a los países emergentes, como señala el Banco Mundial. Los primeros trabajos en ser reemplazados son los mecánicos, de las fábricas manufactureras, y la mayoría de estas están en China, México y muchos de nuestros países. La semana pasada estuve en Argentina y entrevisté al presidente, Mauricio Macri. Me contó que hace poco le anunciaron una inversión en una cervecera de 200 millones de dólares. Él estaba feliz hasta que preguntó cuántos puestos de trabajo iba a crear: 22. “Esa es la cantidad de puestos que te produce un puesto de empanadas”, me decía.

¿Habrá un conflicto social por este fenómeno?

El desempleo tecnológico va a ser el gran tema del siglo XXI. Así como entre los años 90 y 2000 vimos un movimiento antiglobalización, en la década del 2020 y el 2030 vamos a ver uno antirrobotización. Pero creo que, como sucedió con el movimiento antiglobalización, va a hacer mucho ruido pero no va a poder detener este fenómeno. Ya estamos viendo evidencias de esto. Hace poco, trabajadores de restaurantes y hoteles de Las Vegas amenazaron con ir a la huelga, entre otras cosas por el creciente uso de robots en sus trabajos. Ya tienen robots que te llevan el desayuno a la habitación; también, un ‘barman’ robot, y, según dicen los casinos de Las Vegas, hace mejores cocteles que un humano al calcular las medidas y la densidad con mayor precisión.

Entrevisté a la líder del sindicato y me dijo que ellos no exigen que se dejen de usar robots, sino que los dueños de los hoteles les paguen el entrenamiento en otro oficio hotelero a los trabajadores que queden cesantes por culpa de los robots. El sindicato sabe que no tiene sentido exigir que los hoteles no usen robots. Es como si el sindicato de carteros amenazara con ir a la huelga si no dejamos de usar el ‘e-mail’.

¿Hay alguna tecnología que no deba existir?

Hay que evaluar la tecnología con base en lo que aporta. No tenemos que aceptar ciegamente todo lo nuevo. Acabamos de ver la infiltración de noticias falsas en Facebook y Twitter para influir en las elecciones de EE. UU. Sin embargo, no vas a detener las redes. Lo que sí puedes hacer es exigirles a sus dueños que no sean irresponsables y no permitan sitios que promuevan el racismo o el odio, o que propaguen noticias falsas. La tecnología es imparable, pero adaptable.

¿Los ‘hackers’ serán los criminales del futuro?

Una de las áreas de trabajo del futuro es la policía digital. Se requerirá en la red en la misma medida que se necesita hoy en los sitios públicos. También habrá un gran campo para labores de servicio social, como el cuidado de los ancianos en una sociedad que vivirá cada vez más tiempo. A largo plazo, soy partidario de un ingreso básico universal para quienes se vean desplazados de sus trabajos por la automatización.

Todo el campo de la programación y la reparación de robots aumentará, pues en el 2025 su población habrá pasado de 253.000 a 1,3 millones. Y así mismo habrá cada vez más espacio para artistas, deportistas y creadores de entretenimiento, por el aumento del tiempo libre. Al final del día, la tecnología va a crear más trabajos de los que elimina. Pero en el corto plazo va a ser un sálvese quien pueda.

JUAN MANUEL FLÓREZ
Para EL TIEMPO
En Twitter: @juanduermevela

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