16 años después, hay más mujeres, pero la brecha no cede

16 años después, hay más mujeres, pero la brecha no cede

Solo 1 de cada 10 mujeres que se gradúan de la educación superior optan por áreas STEM.

Brecha de género en la economía

Según cifras, la participación de mujeres en educación superior en áreas STEM cayó en 3 por ciento y la brecha se incrementó un 5 por ciento en los últimos 16 años. 

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123rf

Por: Linda Patiño - Redacción Tecnósfera
18 de septiembre 2019 , 06:57 p.m.

La presencia femenina en las aulas puede ser un reflejo de qué tan atrás han quedado esos tiempos en los que la educación era un privilegio para unos pocos hombres.

Por eso, el notable aumento de la cantidad de mujeres que ingresan a la educación superior (que incluye el estudio de programas técnicos, tecnólogos, universitarios, de especialización, de maestría y de doctorado) y consiguen graduarse debe ser una buena noticia. Pasamos de graduar unas 80.000 mujeres en 2001 a graduar 258.000 en 2017.

A esa racha positiva, se le une el hecho de que en las áreas de ciencia y tecnología (áreas STEM* por siglas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas en inglés) pasamos de tener 12.092 graduadas a 40.366 en 2017.

Sin embargo, la población en general también ha crecido. El número de hombres también ha aumentado y aunque debería ser motivo de alegría el saber que más colombianos están graduándose de la educación superior, si se observa la tasa de participación de las mujeres en las áreas STEM en los últimos años, los porcentajes siguen rondado el 30 por ciento. Cumpliendo con la estimación mundial que tiene Unesco, de que 3 por cada 10 personas investigadoras son mujeres.

Eso sí, la educación superior ha sido y sigue siendo mayoritariamente femenina. Año tras año, las mujeres que consiguen sus títulos en diferentes niveles superan el porcentaje de hombres. Pero un análisis del EL TIEMPO de cifras de datos abiertos del Ministerio de Educación revela que las mujeres pasaron de ser el 58% de los graduados en 2001 a ser un 55% en 2017. En 16 años, el porcentaje de mujeres que culminan sus estudios superiores y reciben sus grados cayó en un tres por ciento.

La situación cambia, y preocupantemente, cuando se revisan los porcentajes de participación femenina en los programas STEM. El descenso general puede no ser tan preocupante frente a la falta real de progresos significativos en que las mujeres terminen programas usualmente asociados con la cuarta revolución industrial en una distribución más equitativa que junto a los hombres que se deciden por esas opciones.

El análisis de EL TIEMPO indagó sobre cuál ha sido la evolución de la participación femenina en el total de graduados en áreas STEM en la educación superior. Los hallazgos revelan que por más de 15 años y cambios abruptos en el nivel de educación, desde lo técnico hasta el doctorado, las mujeres en esas áreas son una minoría.

¿Qué tan minoría? Las graduadas de 2001 eran el 38.2% del total, las de 2017 fueron 35.2%. La caída de los 3 puntos porcentuales generalizada también impactó a esos “programas del futuro”, que se asocian a mejores salarios, mejores condiciones laborales y oportunidades de empleabilidad.

En resúmen, De 2001 a 2017, el panorama ha cambiado, pero no necesariamente para mejor: los datos muestran que aunque se haya sixtuplicado la cantidad de mujeres que se gradúan de áreas STEM, aunque haya prácticamente más mujeres en totales, la proporción se ha mantenido constante y muy lejos del soñado 50/50.

Evaluando la participación femenina y contrastándola con la masculina, esa diferencia numérica es lo que llamamos brecha de género. Entonces, por ejemplo, en 2001, de los 31.692 graduados, 19.600 fueron hombres y 12.092 fueron mujeres. Esa diferencia entre géneros fue de 7.508 personas, lo que hace que la brecha para ese año en graduados STEM sea del 23.7%. Entre más baja sea la brecha y más alta sea la participación, el panorama es más alentador. Pero en nuestro caso nacional, la tendencia es al contrario. La participación cayó en 3 por ciento y la brecha se incrementó a 29.6% en 2017, aumentando más de un 5 por ciento.

Si se evalúan esos 16 años, en los que Colombia ha vivido la presidencia de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe (por dos periodos) y Juan Manuel Santos (también por dos periodos), las graduadas en STEM en nuestro país fueron el 36.3% del total y la brecha de género, que no quiere ceder, se ubicó en un promedio del 27.4%.

Niveles educativos como el universitario han mantenido su promedio de brecha por debajo de la media del 27.4%. En el caso del nivel de doctorado, la brecha ha fluctuado, pero tiene un desempeño variable porque el volumen de graduados es considerablemente menor. Por ejemplo, en 2002, se graduaron 15 hombres y 5 mujeres en nivel de doctorado en STEM a nivel nacional, pero en 2015 fueron 129 hombres y 76 mujeres.

El nivel de educación tecnológica, como se puede ver en otras cifras, resulta preocupante. Mientras que mostraba rangos más paritarios al comienzo de los 2000, a partir del 2009 la brecha sube dramáticamente y se ubica en un nivel muy superior a la media.

Cabe aclarar que en este mismo periodo de tiempo la educación colombiana tuvo un vuelco significativo a partir del plan decenal de educación de 2006 – 2015, publicado en 2007. En él se hizo un importante énfasis en la educación técnica y tecnológica para satisfacer las demandas prácticas del mercado laboral e industrial.

“La educación es un proceso de formación integral, pertinente y articulado con los contextos local, regional, nacional e internacional que desde la cultura, los saberes, la investigación, la ciencia, la tecnología y la producción, contribuye al justo desarrollo humano, sostenible y solidario, con el fin de mejorar la calidad de vida de los colombianos, y alcanzar la paz, la reconciliación y la superación de la pobreza y la exclusión”, reza el plan de renovación pedagógica y uso de las TIC en la educación.

Mientras que la educación universitaria representaba el holgado 62.6 % de los graduados en 2001 y la tecnológica era de apenas 13.2%, para el último año medido (2017), la proporción cambió a 45.2% universitaria y 28.9% tecnológica, que creció el doble.

La educación tecnológica en su definición plantea oportunidades para las mujeres. Al ser de menor duración, habilita a sus egresados más rápidamente para salir a buscar un empleo. De hecho, algunos de quienes optan por esa formación, estudian y trabajan al tiempo para mantener sus hogares y continuar con su educación. Dado que requieren de menor dedicación y tiempo y permiten encontrar fuentes de ingresos más velozmente, poblaciones como las madres cabeza de hogar podrían encontrar múltiples oportunidades. ¿Por qué entonces las mujeres son una minoría en estas áreas de formación?

Lea también, ¿Por qué no hay más mujeres en la ciencia y la tecnología?

Lo que ocurrió en ese nivel educativo es significativo. En un momento en el que las oportunidades educativas se ampliaron para dar paso a mayores cupos, acarreando menores gastos y optimizando tiempos, ese tren tecnológico no subió a las mujeres tan rápido como a los hombres. El crecimiento, que se constata por ejemplo de pasar de graduar unos 8.000 a luego graduar unos 20.000, no fue igual entre hombres y mujeres. En 2017, las mujeres fueron solo el 31.6% frente a una población masculina del 68.3% en STEM en nivel tecnológico.

Además de identificar esas brechas entre hombres y mujeres. Las cifras dan cuenta que si bien los programas de la cuarta revolución industrial ya son de por sí minoritarios, las posibilidades de que una mujer elija un programa STEM y se gradúe de él frente a las que tiene un hombre son distintas.

Mientras que un 34.5% de los hombres que terminaron programas de educación superior lo hicieron en áreas STEM, la opción femenina es radicalmente minoritaria. Del total de mujeres que se graduaron en los últimos 16 años de cualquier programa en cualquier nivel de educación superior, solo un apabullante 16.5% lo hizo de estas áreas clave para la modernización de la sociedad.

Aunque en el panorama de la educación superior en general las mujeres son la mayoría (55% de las graduadas en 2017), en promedio 1 de cada 10 mujeres opta por áreas STEM.

Nuevamente, sale a relucir que la brecha no solo es numérica, sino que su componente cultural impacta diferencialmente a una población femenina, que más allá de Marie Curie no ha escuchado hablar sobre otras connacionales en la ciencia, no ha creído que lograr ir al espacio o calcular el récord mundial del número Pi es posible.


LINDA PATIÑO CÁRDENAS
REDACCIÓN TECNÓSFERA@LinndaPC

*La definición de las carreras STEM está mediada por tendencias
internacionales que consideran más que un listado específico de programas la
relación de las carreras con las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las
matemáticas. Para la Oficina Internacional de Educación de la UNESCO “las áreas STEM denotan el trabajo que científicos, tecnologistas, ingenieros, matemáticos y
otros profesionales realizan en sus trabajos para resolver problemas y producir
soluciones. Las prácticas también requieren un entendimiento, conocimiento,
habilidades y valores que incluyen el planteamiento de preguntas y definición
de problemas, el desarrollo y uso de modelos, la planeación e implementación
de investigaciones, el análisis e interpretación de datos utilizando pensamiento
matemático o computacional, la construcción de explicaciones y diseño de
soluciones, el involucramiento de debates con argumentos basados en
evidencia y la adquisición, evaluación y comunicación de la información.

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