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Análisis: ¿Por qué una foto suya se puede convertir en meme?
Meme

Los memes, como contenido viral, pueden masificarse rápidamente y sin control de la fuente original que lo publicó. 

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Youtube: Lily & Chloe Official

Análisis: ¿Por qué una foto suya se puede convertir en meme?

La naturaleza masiva de las redes sociales aumenta el daño del 'bullying' tradicional. 

Una foto suya con los ojos torcidos, un gesto gracioso o una cara particular. No se necesita mucho para convertirse en meme. La lógica de estas imágenes virales en las redes sociales es la misma que en el mundo físico: la burla.  

Aunque la sátira y el humor son parte de la libertad de expresión, a nadie le gusta ser el objeto de las burlas de los otros. Pero ni usted ni yo estamos blindados de convertirnos en un fenómeno viral.

¿Quiere saber cómo evitarlo? ¿Qué hacer si llega a ocurrir? No hay una receta mágica y hasta hace poco menos de una década la posibilidad de demandar a alguien por haber creado un meme suyo era muy remota. Pero hay algunas opciones.  

¿Puede evitar ser un meme?

Así como en un salón alguien puede ser tratado de 'Dumbo', por el tamaño de sus orejas, o de 'Cruella de Vil', por su edad o su carácter,  los memes que hacen referencia a una persona específica (o a un tipo de persona) tienen el mismo efecto en el mundo físico y en el virtual: tender a normalizar el 'bullying' y sugerir que la víctima sea "menos sensible". 

Pero si ya es bastante grave ser víctima en un salón de clases, imagine despertarse con miles de notificaciones, cientos de páginas falsas con su rostro y en distintos idiomas, en las que gente que no lo conoce a usted, ni su vida, ni su entorno, se burla indiscriminadamente, reiteradamente. El acoso 'online' es un tema que no duerme, que no descansa y que siempre está ahí, a la vuelta de un clic, desde su propio computador o celular. 

Entre más lejano es ese contacto con la persona, más sencillo es para la audiencia ser indiferente. La historia de Débora (una brasilera conocida como 'la diva de Oakley) y Elizabeth Ogaz (la chilena conocida como 'La Vístima') tienen en común que su llegada a la fama en internet fue incidental y que lejos de ser un halago se ha convertido en un dolor de cabeza. Ser un meme es tal vez uno de los mayores temores modernos y estas dos mujeres lo vivieron en carne propia. En el caso de la brasilera, la joven dice que llegó a pensar en el suicidio. 

La primera reacción que puede surgir ante estos casos es pensar en que fue culpa de ellas: por postear una foto, por compartir una opinión, por salir en un video. Sin embargo, la razón de que se convirtieran en un meme viral no está en su conducta (que no es distinta de lo que todos hacemos en redes sociales) sino en quiénes son y lo fácil que resulta convertirlas en un blanco de discriminación. Ambas son mujeres que no encajan en la idea preconcebida de una mujer bella; su piel, su forma de hablar y en general la imagen que proyectan no corresponden con el estereotipo de clase que dicta la norma en redes. 

Más allá del 'bullying'

Si bien en los últimos años se ha avanzado en la construcción de protocolos escolares para enfrentar el 'bullying', la cultura de la burla y la indiferencia no solo se vive en los colegios. Esta violencia se traslada a internet de la misma forma que las cosas buenas de la humanidad también viven en lo digital. 

Lo más problemático con la red es que tiene dos elementos que impactan a las víctimas de cualquier forma de violencia viral: la masificación y el anonimato. 

Por un lado, algo en internet puede viralizarse en cuestión de horas y dar vueltas por el mundo sin que sea posible dimensionar con certeza qué tanto se ha difundido. YouTube tiene sus propias métricas y una publicación tiene compartidos o 'likes', pero la propagación de las copias de los contenidos originales (una foto de un desnudo o de su cara con la mirada desviada) es incontenible. 

Por el otro lado, crear cuentas falsas, o tratar de aprovechar la viralidad de algo para generar cuentas con seguidores no es complicado. Tan solo en los primeros 3 meses del año, Facebook eliminó 2.190 millones de cuentas falsas, casi la misma cantidad de usuarios mensuales en su plataforma (2.400  millones). Una cuenta falsa puede desde buscar vigilar a una persona sin que lo sepa hasta generar una red coordinada de desinformación y manipulación política. 

Pero la culpa no es de internet. Lo que vemos es un reflejo de lo que somos y de las decisiones que tomamos como sociedades para corregir nuestro camino. Las redes sociales, la gran mayoría, tienen estrictas reglas en materia de acoso, sextorsión y discurso del odio. En general, los usuarios no tienen permitido discriminar a alguien por su raza, sus preferencias sexuales o su religión, sin embargo, los grupos xenófobos, homófobos y radicales tienen presencia en internet. 

¿Qué hacer?

Lo más importante es pasar de la culpa individual al cambio. Ni Débora, ni Elizabeth deben sentir que fue un asunto exclusivamente suyo. Como ocurre con las víctimas de cualquier violencia, hay que rodearlas, acompañarlas y apoyarlas. Ante el bullying, físico o virtual, la compañía de los amigos, familiares y conocidos es vital, porque el descrédito ante estos grupos suele ser lo más doloroso. 

Además de visibilizar sus historias, sus acciones y sus luchas, como decisiones de ellas mismas, hay que recordar los vacíos, porque la denuncia es fundamental. Aunque en algunos países hay leyes contra la difusión de imágenes sin consentimiento (como la mal llamada 'pornovenganza') no son la mayoría. Hace unas semanas, el Estado de Virginia, en EE. UU., aprobó una nueva ley contra la difusión de imágenes sexuales sin consentimiento en la que incluyó montajes fotográficos o 'deepnudes'. 

Usted puede acudir a las redes sociales, denunciar una publicación y buscar entrar en contacto con organizaciones sociales aliadas que distintas plataformas y países han construido en los últimos años como parte de la prevención del suicidio. Los listados de las organizaciones varían, pero están disponibles para consulta en la opción de ayuda y prevención de bullying o suicidio de cada una. Puede que la denuncia por sí sola no garantice que su imagen sea dada de baja definitivamente, con lo que puede considerar acudir a un laboratorio forense y financiar una investigación digital que le guíe hacia las páginas o sitios en los que ese contenido puede estar almacenado. 

También se puede acudir a redes de apoyo, grupos en internet y colectivos sociales que denuncian en grupo la aparición de cuentas y páginas falsas que quieren seguir difundiendo el contenido, bien sean los memes hirientes de alguien o las fotos de un desnudo que llegó a la red.

Aunque la carga, por ahora, parezca recaer en la víctima, que tiene que dedicarse a defenderse y a cazar en internet cualquier brote viral de su imagen, estos debates ya no son algo que se quede en su círculo de amigos y legisladores del mundo están buscando los caminos. No está de más buscar primero que la burla, la empatía. 

LINDA PATIÑO* 
REDACCIÓN TECNÓSFERA
@LinndaPC

**Si desea conocer más sobre las redes sociales y el mundo de los influenciadores, conozca el libro ¿Qué diablos hacen los influencers? de Intermedio Editores, 2019.

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