El ‘viagra’ femenino ante las fronteras del deseo

El ‘viagra’ femenino ante las fronteras del deseo

Se venderá a partir de septiembre. Es anunciado como la ayuda para mujeres con bajo deseo sexual.

Disfunción sexual femenina

La disfunción sexual femenina es una condición frustrante para ellas y para sus parejas.

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iStock

Por: Carlos Francisco Fernández R.
03 de agosto 2019 , 09:35 p.m.

Hace unas semanas, la Agencia de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) aprobó un medicamento para contrarrestar el bajo deseo sexual en mujeres, principalmente menopáusicas, lo que provocó una polémica.

Se trata del Vyleesi (bremelanotida), una sustancia que estimula la melanocortina y que, según el neurólogo Gustavo Castro, estimula hormonas a nivel del hipotálamo en el cerebro, regula el apetito y el gasto de energía, además de ejercer acciones sobre la conducta, la percepción del dolor y regulación de la temperatura.

Dicha molécula, después de probarse en dos ensayos aleatorios controlados en los que participaron 1.250 mujeres premenopáusicas con la libido baja, provocó un aumento significativo en el deseo sexual. Los investigadores avalaron esta acción, aunque desconocen el mecanismo exacto de cómo lo logra. Tras las pruebas definieron que el producto podría ser usado a través de una inyección que se aplica en el muslo o en el abdomen, 45 minutos antes de la actividad sexual, restringiendo esta dosis a no más de 8 por mes y con intervalos de no menos de 24 horas.

Lo que hace predecir que –para septiembre, cuando se lance al mercado– el Vyleesi será una gran ayuda para las diagnosticadas con trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), que, según el psiquiatra Rodrigo Córdoba, es la disfunción sexual femenina más común y por su difícil tratamiento es una condición frustrante para quienes la padecen, y para sus parejas.

La perspectiva es tan esperanzadora que Hylton V. Joffe, director del Centro de Evaluación de Medicamentos e Investigación de la División de Productos Óseos, Reproductivos y Urológicos, dijo en el comunicado de la FDA: “Muchas mujeres que sin razón conocida tienen un deseo sexual reducido y que les causa una angustia marcada se beneficiarán de este tratamiento farmacológico, seguro y eficaz”.

Lo que no lo exime de advertir que el producto puede provocar efectos secundarios como náuseas, vómito, enrojecimiento, dolor de cabeza y reacciones en el lugar de la inyección, condiciones que fueron consideradas menores frente a la supuesta bondad del medicamento.

Activismo y mercado

Más allá de la noticia, detractores de la industria farmacéutica cuestionaron la aprobación y consideraron que Vyleesi es ejemplo de solución farmacológica, para algo más complejo. Sandra Herrera, psicóloga clínica de la Universidad de Salamanca, dice que la falta de deseo en las mujeres (anafrodisia) es una afección usada exageradamente por quienes desarrollan tratamientos específicos, al punto de que promueven grupos de activistas para forzar la aprobación de estos medicamentos, bajo la premisa de que en los últimos 20 años han aparecido productos muy efectivos para los hombres y ninguno para las mujeres.

Días antes de la aprobación del medicamento, Adriane Fugh-Berman, profesora del Departamento de Farmacología y Fisiología, del Centro Médico de la Universidad de Georgetown, le dijo a ‘The New York Times’ que el concepto de un nivel aceptable de libido conlleva un sesgo social, y “hacer que las mujeres se preocupen menos por el mal sexo que están teniendo es un objetivo cuestionable”.

Al parecer, Fugh-Berman tomaba para sus declaraciones el hecho de que la FDA ya no exige en las pruebas de estos medicamentos que se tome en cuenta la frecuencia sexual de las mujeres, como medida de evaluación, porque se presume que la mayoría tienen sexo para complacer a su pareja o como dijo un representante de laboratorios AMAG, porque creen que es su deber, pues quieren conservar la relación, con lo que se infiere, sin estudios, que a las mujeres esto les preocupa.

Frente a esto, Herrera dice que de manera arbitraria se ha reducido el complejo mecanismo del deseo sexual de ellas a una mera relación de receptores y moléculas para enmascarar la proyección de un mercado que al medicalizar este trastorno busca quedarse en Estados Unidos con una bolsa de 35 millones de dólares al año.

Córdoba recuerda que hace dos años fue aprobado otro producto que ofrecía los mismos efectos sin que hasta ahora se hayan recogido los resultados.

La primera promesa

Los medios recuerdan que Addyi fue avalado por la FDA en el 2015, en medio de una campaña publicitaria respaldada por la industria, en la que calificaron a los detractores como sexistas, cuando argumentaron que sus riesgos eran más grandes que sus beneficios. Lo cierto fue que ya en el mercado sus ventas han sido escasas, a pesar de que se buscaba que esta píldora rosada fuera cubierta por los planes de salud de algunos países, algo que por sus bajos efectos no ha ocurrido.

Más allá de las controversias, vale la pena conocer las acciones de estos medicamentos, tanto de Addyi como de Vyleesi. Castro dice que los neurotransmisores tienen efectos importantes en la respuesta sexual y mientras la dopamina y la noradrenalina aumentan el deseo, la serotonina lo inhibe. En este sentido, la flibanserina (Addyi), que había sido investigado como antidepresivo, bloquea la serotonina, lo que modula hacia arriba el deseo sexual.

Los fabricantes recomiendan tomar un comprimido diario para alcanzar su máximo efecto a las ocho semanas, dice Castro, sin que se conozcan sus acciones sobre el orgasmo y la excitación.

Córdoba dice que es un antidepresivo que al modular conductas favorecería la libido, pero insiste en que no es una constante, por lo que muchas abandonarían los tratamientos sin esperar resultados.

Vyleesi, por su parte, tiene como base la bremelanotida, que estimula a nivel cerebral neurotransmisores que actúan sobre las vías dopaminérgicas y mejoran la respuesta sexual en mujeres. Sin embargo, reportes de este medicamento plantean inquietudes, como la de Alicia Ault, publicada en ‘Medscape’, que manifiesta su inquietud por desconocerse el mecanismo de acción y el que no se haya presentado ante un comité asesor de la FDA para análisis.

Las mujeres con verdaderos trastornos del deseo sexual a menudo evitan situaciones que lleven a la intimidad y tienen desenlaces que van más allá de la alcoba

Deseo femenino

Ault referencia en su artículo que poco después de su aprobación, Cindy Pearson, directora ejecutiva de la National Womens Health Network, en una declaración invitó a las mujeres a no utilizar el fármaco hasta que se conozca más sobre su tolerancia y eficacia. “La cuestión para Pearson no es lo que se sabe, sino lo que se desconoce”, referencia Ault. Aunque Pearson elogia las compañías farmacéuticas por sus esfuerzos, dice que las mujeres de hoy vivieron la revolución por sus derechos sexuales, lo que promueve que se pueda disfrutar de una vida sexual activa; sin embargo, la bremelanotida “no aborda las causas psicosociales de los problemas de deseo sexual”, dijo.

Córdoba insiste en que las mujeres tienden a perder el deseo espontáneo en relaciones a largo plazo, pero pueden retomarlo, porque saben ponerlo en marcha.

Por su parte, la sicóloga Herrera enfatiza que algunas personas disminuyen su frecuencia en las relaciones sexuales no por falta de deseo, sino por carencia de parejas estables, además de que la anhedonia, que es la incapacidad para experimentar placer no solo sexual, es endémica en el mundo.

Pearson señala que reducir todo al TDSH demuestra escasez en la investigación sobre la sexualidad femenina, y sentencia en este sentido: “No creo que sepamos suficiente para comprender qué es lo que está dentro o fuera del rango normal de las mujeres.

Otras voces, como la de la psiquiatra de la Universidad del Rosario Olga Albornoz, manifiestan: “Las mujeres con verdaderos trastornos del deseo sexual a menudo evitan situaciones que lleven a la intimidad y tienen desenlaces que van más allá de la alcoba, como ansiedad, pérdida de vitalidad, problemas de autoestima y estrés, por lo que insiste en que quienes lo padecen cuenten con opciones de tratamientos integrales y no solo para la supuesta caída de la libido”.

Con esto, Albornoz llama la atención sobre la necesidad de entender la fisiología del deseo sexual femenino en todos sus contextos y no solo el farmacológico. “No hay duda de que la libido femenina es el resultado de múltiples factores, en donde lo social, lo cultural, lo ambiental, lo emocional y lo orgánico se conjugan de manera equilibrada, para dar o negar respuestas satisfactorias. De ahí que reducirlo a la mera interacción de sustancias a nivel cerebral es una gran equivocación”.

Y en ese sentido, considera que el ‘viagra’ femenino no pasará de ser una explosión publicitaria que pronto se apagará ante la evidencia de que la sexualidad femenina es la congruencia de todos los aspectos de la vida y la historia de la mujer, independientemente de su edad y del sitio en que se encuentre.

Referencias: Eficacias y efectos adversos pueden enturbiar las perspectivas para el nuevo estimulante de la libido Vydeesi, Alicia Ault, Medscape.com y National Womens Health Network.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ R.
Editor de Salud

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