Los úteros de alquiler, un debate a medio gestar en el país

Los úteros de alquiler, un debate a medio gestar en el país

Es una controversia que puede verse desde el plano biológico, legal, económico e incluso ético.

Conducir carro en embarazo
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EL TIEMPO

Por: Carlos F. Fernández - editor de Salud e 
03 de noviembre 2019 , 02:15 a.m.

A la maternidad subrogada o alquiler de vientres –al menos en Colombia– le hacen falta varios hervores para que se cocine consistentemente como la práctica legal que algunos consideran que ya es. Si bien el tema se calienta por matices de farándula y el Congreso ha intentado regularla sin éxito, lo cierto es que esto no es nuevo y desde hace más de una década la Corte Constitucional sentó jurisprudencia.

El abogado Miguel Ángel Fernández profundiza que la maternidad subrogada no es ilegal en el país, pero se encuentra en un extraño limbo jurídico por carecer de una legislación firme, que defina el marco y las reglas.

Pero antes de ahondar en la materia es necesario entender que es una forma de reproducción asistida en la cual se contrata una mujer para que geste dentro de su útero un hijo producto de la fecundación externa de un óvulo con un espermatozoide ajeno. Esto en esencia busca favorecer a parejas con incapacidad para lograr un embarazo de manera natural y que recurren a técnicas como la fecundación in vitro o la inseminación artificial.

Así lo entendió la Corte Constitucional en el 2009, cuando en la sentencia T 968 reconoció como legítima la subrogación de vientres, limitada por varias consideraciones bajo la premisa de que también podría ampararse con un contrato civil realizado entre dos partes: la pareja y la madre sustituta.

En ese contexto, al revisar la sentencia, se le concedió a la pareja dueña del embrión el derecho de reconocer como hijo suyo al producto del embarazo, a la vez que se le fijaron obligaciones permanentes sobre el menor. A la mujer que llevó el embarazo se le protegió a través de un contrato amplio, incluso hasta tres meses después del nacimiento.

También se fijaron condiciones para este tipo de acuerdos, como la demostración absoluta de la pareja dueña del óvulo y del espermatozoide de que tienen dificultades insalvables para lograr un embarazo, mientras que la mujer que presta el útero debe demostrar plena salud física y mental, ser mayor de edad, no tener hijos propios y garantizar que su interés no va más allá del fin altruista.

¿Oportunidad o negocio?

Para la psiquiatra Olga Albornoz esta práctica es una oportunidad para las personas que presentan limitaciones orgánicas o funcionales para ser padres. Y por eso alquilar un vientre para terminar un proceso puede verse como un acto altruista. “Avances médicos y disponibilidad humana que permiten este procedimiento exigen abrir mentes y adaptar normas para ajustar estas acciones a proporciones razonables”, agrega.

Sin embargo, la especialista cuestiona las tendencias que más por moda y no por limitación echan mano de estos procesos para tener hijos que terminan convertidos en una especie de producto para complacer vanidades. “Aquí se pisan terrenos antiéticos”, dice la psiquiatra.

Por la misma vía, la psicóloga Sandra Herrera cuestiona el desconocimiento que se tiene sobre las relaciones biológicas que existen entre las madres gestantes y el producto que crece en su útero. “Pensar que un niño en estas condiciones tiene características exclusivas provenientes del espermatozoide y del óvulo es un gran error porque todos los componentes que permiten el desarrollo del nuevo ser provienen de un cuerpo que para nada es extraño”, dice Herrera.

Pensar que un niño en estas condiciones tiene características exclusivas del espermatozoide y el óvulo es un error. Todos los componentes que permiten su desarrollo provienen de un cuerpo nada extraño

Por la misma vía, la psicóloga Sandra Herrera cuestiona el desconocimiento que se tiene sobre las relaciones biológicas que existen entre las madres gestantes y el producto que crece en su útero. “Pensar que un niño en estas condiciones tiene características exclusivas provenientes del espermatozoide y del óvulo es un gran error porque todos los componentes que permiten el desarrollo del nuevo ser provienen de un cuerpo que para nada es extraño”, dice Herrera.

Esto se conoce como epigenética. “Si bien los genes fijan las características, estas se moldearán según las condiciones a las cuales se expongan, por lo que el niño que nace tendrá indefectiblemente características mediadas por la madre subrogada”, explica.
En el embarazo, añade el ginecólogo Jaime Urdinola, se generan sustancias que determinan un vínculo emotivo, afectivo, entre la madre y el hijo que no se pueden desconocer, por lo que no es tan fácil separar un hijo de una madre gestante sin causar alteraciones para los dos.

A la par de estas consideraciones, también surgen inquietudes sobre el tipo de sanciones, más allá de lo económico, que pueden recaer sobre una gestante que se niegue a entregar el niño a los padres biológicos, porque si bien existen términos contractuales, el comportamiento humano –insiste Córdoba– desborda cualquier artículo y pone el debate en el plano de la biología que marca a los individuos y que muchas veces no responde a patrones externos. “Las emociones y el comportamiento no se rigen por lo legal”, remata Córdoba.

Además, la antropóloga Edith Rincón insiste en que las evidentes diferencias de clase que existen entre los padres biológicos y la madre sustituta configuran una absurda dependencia, esencialmente económica, que vulnera parte de la dignidad humana.
Y como de esto en Colombia la ley no ha opinado, se sabe que para algunas mujeres, esto se ha convertido en un singular medio de sustento, lo que se acerca más a la trata de personas que al trabajo respetable, por lo que Rincón no duda en pedir que se reglamente con claridad.

El mundo ha cambiado

En la otra orilla, además de quienes han dado a conocer que son padres por esta vía, se ubican los que manifiestan que el mundo tiene que adaptarse de manera progresiva a estos elementos cada vez más comunes. “Lo que han dado a conocer algunos futbolistas y ciertos artistas no debe verse como algo raro, sino más bien como que por un hijo son capaces de hacer cualquier cosa y hasta de pagar sumas elevadas, algo exótico en un mundo en el que los embarazos no deseados y el abandono infantil aumentan”, dice la comunicadora Marcela Valencia.

Cecilia Galvis, ingeniera y declarada gay, no duda en calificar estas prácticas como benéficas, pues la maternidad no necesariamente obliga a juntarse con alguien o a suplir déficits con la respetable adopción. “Si así puedo tener un hijo que la ley me ampare, no veo por qué no”, expone.

Pero hay quienes se salen de estas discusiones morales y ubican estos sonados casos en el plano del egoísmo, bajo percepciones como la de la periodista Olga Martínez, que manifiesta que detrás de estas prácticas no hay nada distinto a salirle al paso a los temas de custodia en los procesos de separación. “Si hay certeza de que alguien tiene un hijo propio es imposible que se lo quiten”, remata Martínez.

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