Tomás Ortiz: tres décadas descubriendo el cerebro

Tomás Ortiz: tres décadas descubriendo el cerebro

Este neurocientífico, experto en educación, se ha dedicado a descubrir misterios del cerebro humano.

Aplicaciones

Las ‘apps’ se basan en neuroplasticidad: la capacidad del cerebro de cambiar las conexiones neuronales, según las actividades que se hagan.

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iStock

Por: EL TIEMPO
07 de febrero 2020 , 07:16 p.m.

“Todavía nos falta saber mucho”, asegura el doctor Tomás Ortiz cuando se le pregunta sobre qué falta por conocer del cerebro humano. Como si los más de 30 años de investigación fueran apenas un salto de conocimiento que genera nuevos interrogantes.

Y es que investigar es así, o por lo menos así ha sido para este mexicano, nacido en Guadalajara, que cumple casi 70 años y ha publicado importantes estudios en visión táctil, psicología, neurociencia y educación, entre otros.

Este catedrático de Psicología Médica en la Universidad Complutense de Madrid es un experto de prestigio internacional que desarrolla programas neuroeducativos en niños para “activar los mecanismos cerebrales que procesan la información y que permiten construir autopistas neuronales de aprendizaje”.

Así, con palabras que parecen complejas, Ortiz explica cada tema y aclara inquietudes. Y, además de paciencia, sus frases están cargadas de naturalidad y sencillez para que la información sea clara y concisa.

Pocos como él, que se enamoran del cerebro, explican con tanta fluidez que “la diferencia entre un cerebro que se ejercita en la escuela de forma ordenada, regular y sostenida y otro que no lo hace. Es la misma diferencia que existe entre un árbol que se ve durante el otoño y uno que se ve en la primavera”.

(
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¿De dónde surge su interés por estudiar el cerebro?

En mi caso surge del conocimiento, más allá de la psicología, de la importancia del cerebro en la participación de las funciones más complejas del ser humano, cognición, emoción, memoria, lenguaje, etc.

¿Qué es lo más importante que ha aprendido del cerebro en estos treinta años de trabajo?


Antes una persona tenía un accidente, perdía el habla y deducíamos que esta podía relacionarse con la zona cerebral donde se producía la lesión. Ese conocimiento era indirecto. Ahora tenemos información directa y en tiempo real mientras el cerebro realiza una función. Ese ha sido el gran salto.

El ocio es una construcción cultural. El cerebro no lo entiende: siempre está haciendo algo. Incluso en el tiempo que llamamos libre, leemos o caminamos o nos ejercitamos


Podríamos ver cuáles son las áreas que se activan mientras escuchamos o hablamos, mediante una serie de técnicas de registro. Por ejemplo, una resonancia magnética, que permite ver cuál es el metabolismo de las neuronas cuando realizan una función.

¿Qué debemos saber sobre el cerebro?

Es el órgano responsable de todas las conductas, sentimientos, emociones y funciones cognitivas más complejas del ser humano, como el pensamiento, el lenguaje y el razonamiento.

Sus investigaciones señalan la necesidad de ejercitar el cerebro de los niños de forma ordenada y sistemática. Pero ¿dónde queda el ocio?


El ocio es una construcción cultural. El cerebro no lo entiende: siempre está haciendo algo. Incluso en el tiempo que llamamos libre, leemos o caminamos o nos ejercitamos. También trabaja mientras duerme: hay una parte, el tronco, que debe funcionar para poder respirar. Está probado que si lo estimulamos ordenada y sistemáticamente y lo hacemos todos los días con cosas sencillas (ejercicios de equilibrio y de atención, por ejemplo), la neuroplasticidad es mayor: se generan nuevas neuronas en el hipocampo, estructura cerebral asociada a la memoria. Y esas nuevas conexiones se vuelven estables.

Podríamos decir que el sueño es el ocio que necesita el cerebro para trabajar después a todo ritmo y recuperar la información que adquirió en el día. Niños que descansan bien tienen un buen desarrollo madurativo. Y, por el contrario, los pequeños que duermen mal sufren de déficit de atención. Así, “la diferencia entre un cerebro que se ejercita en la escuela de forma ordenada y otro que no lo hace es la misma que existe entre un árbol visto en otoño y en primavera”.

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¿Por qué es tan sensible el cerebro de un niño?

El cerebro en los primeros años de vida se encuentra en un proceso madurativo en el que se establecen nuevas conexiones sinápticas y tienen lugar la plasticidad y la mielinización crecientes de sus estructuras en función de la estimulación recibida.

El cerebro produce respuestas más complejas en función de estímulos ambientales más exigentes, puesto que en estas etapas de la vida cuenta con grandes concentraciones de neuronas capaces de almacenar, interpretar y emitir respuestas eficientes ante cualquier estímulo, teniendo la capacidad de reajustar sus conexiones sinápticas y generar nuevos aprendizajes.

El cerebro está más dispuesto al cambio, es la etapa de la oportunidad para el desarrollo neurocognitivo

En la infancia, este proceso tiene gran capacidad adaptativa, por eso, en los países que tienen un buen sistema de educación temprana y bien diferenciada y entrenamiento cerebral, los promedios de CI son mayores que donde existe un sistema de educación indiferenciada. En esta etapa temprana de la vida se produce un gran desarrollo neuroanatómico en el que se consigue un mejor resultado en la estimulación: más orientado a procesos sensoriales, simples, primitivos. El cerebro está más dispuesto al cambio, es la etapa de la oportunidad para el desarrollo neurocognitivo.

¿Hay una forma adecuada de estimular el cerebro de los niños? ¿Cuál?

La mejor forma es mantenerlos activos, en ambientes enriquecidos de estímulos ambientales y emocionalmente estables, capaces de crear nuevas conexiones neurales que permitan analizar, procesar, integrar y ejecutar los estímulos ambientales. El continuo cambio cerebral con base en la interacción con el medioambiente en esta etapa determinará la estructura y el funcionamiento cerebral a lo largo de la vida. En este sentido, el comienzo de la estimulación ambiental, la estabilidad del ambiente emocional y el aprendizaje a través de la acción serán decisivos en el desarrollo óptimo del cerebro del niño.

¿Cómo puede afectar la edad al cerebro?

La edad es esencial no solo en el desarrollo del cerebro, sino en el declive, la actividades que vamos haciendo a lo largo del nuestra vida son claves en el desarrollo de nuestro cerebro, por eso, Ramón y Cajal dijo que “todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. Nuestro cerebro puede regenerarse anatómica y funcionalmente y así reorganizar y modificar funciones capaces de adaptación o readaptación a los cambios externos e internos.

Las neuronas consiguen aumentar sus conexiones con otras neuronas y hacerlas estables como consecuencia de la experiencia, el aprendizaje y la estimulación sensorial y cognitiva. Por lo tanto, las diferentes formas de vivir, de enfermar y de estimular nuestro cerebro a lo largo de la vida condicionarán la neuroplasticidad de este y, consecuentemente, las funciones asociadas.

¿Qué son las enfermedades neurodegenerativas?

Son las que afectan diferencialmente estructuras neurofuncionales específicas del cerebro por pérdida progresiva, rápida y masiva de neuronas. Eso conlleva que la persona se vea afectada en el desarrollo de las actividades de la vida diaria, al no poder mantener el equilibrio, no poder hablar, ni comunicarse con los demás, perder la memoria o, aún peor, no poder llevar a cabo las funciones fisiológicas básicas de la supervivencia como son comer, respirar y mantener el ritmo cardiaco.

Hoy se habla de multitasking, la capacidad de ejecutar varias tareas al tiempo. Esta acción genera mucho estrés. ¿Por qué se considera nocivo el estrés?

El estrés es una reacción fisiológica del organismo en la que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante. El estrés es nocivo porque produce alteraciones en la consolidación y recuperación de la memoria y la atención, reduce la capacidad de neurogénesis y la plasticidad neuronal en el hipocampo y genera alteraciones en la esfera emocional como consecuencia del aumento del cortisol, que es una hormona producida por la glándula suprarrenal que se libera como respuesta al estrés.

¿Existen otros comportamientos nocivos para el cerebro?

Además del estrés, la falta de interacción social, la falta de un ambiente emocional estable y de un ambiente rico en estimulación. Existen otros comportamientos nocivos como la falta de sueño, la malnutrición y exceso de consumo de grasas, el consumo de alcohol, la falta de actividad física o la pasividad durante horas viendo la televisión, por enumerar las más relevantes.

¿Estos comportamientos afectan las habilidades intelectuales?

Por supuesto, este estrés genera mucho ruido cerebral. Imagine que está en una fiesta e intenta hablar con un amigo, pero hay tanto escándalo que ni siquiera se oyen. El estrés impide desarrollar capacidades. Inhibe la plasticidad cerebral. Se puede ver afectado el funcionamiento visual, auditivo, táctil. Sucede con la depresión o con un trastorno obsesivo-compulsivo: son ruidos cognitivos, psicológicos, emocionales. Un pensamiento que está constantemente introduciéndose en lo que hace distorsiona e impide actuar con claridad.

¿Cómo ejercitar el cerebro?

Llevando una vida sana tanto a nivel biológico (nutrición, sueño, actividad física) como psicológico (estado emocional estable, funciones cognitivas, relaciones sociales e interpersonales activas). Opino que cuidando bien el cuerpo se mejoran los procesos psicológicos, emocionales y cognitivos.

¿Somos esclavos de nuestras emociones?

Mucho. La neurociencia se acerca más al conocimiento de cómo se producen las emociones que a terapias concretas. Eso no quiere decir que no podamos usar ese conocimiento científico para intentar algunas cosas. Si es verdad que la respuesta emocional es inmediata y, a la vez, que para tener una plasticidad cerebral eficiente se necesitan muchos estímulos ordenados y a lo largo del día y todos los días, es difícil hacer una terapia.

Pero hay una técnica con la que sí se consigue esa respuesta: la sonrisa. Es un proceso emocional positivo que se adquiere desde una edad temprana a partir de la sonrisa de la madre y permanece a lo largo de la vida. Por eso colocamos imágenes de sonrisas en las aulas, para que los estudiantes cuando levanten la cabeza siempre las vean. Generan automáticamente una respuesta positiva, distinta a la que obtendrías junto a personas tristes o agresivas.

¿Funciona la empatía en el mundo corporativo? ¿La gente feliz produce más?

Sí. Porque el siguiente conocimiento que nos ofrece la neurociencia es que las situaciones tienen una representatividad en el cuerpo. Hay un dicho en latín: Mens sana in corpore sano. Yo creo que es al revés. En la medida en que te encuentras bien físicamente se producen estímulos que benefician la salud de tu mente. Eso es lo que la neurociencia aporta: ir de lo simple a lo complejo. Por ejemplo, que si uno no está bien hidratado, disminuye su atención.

¿Qué tanto se conoce del funcionamiento del cerebro? ¿Y qué falta por conocer?

Aunque se investiga mucho, todavía nos falta saber mucho y solo una cosa: cómo funciona. Hoy no sabemos cómo se desarrollan en el cerebro las funciones cognitivas, emocionales y de relaciones sociales. ¿Qué dispara el autismo, por ejemplo? No sabemos. Sí, que hay un área del cerebro autista que en apariencia no tiene neuronas en espejo, que son las células capaces de percibir la imagen emocional de otra persona. O dilucidar por qué la gente se enamora o deja de quererse.

‘El amor es ciego’, dice el refrán. Debe ser un mecanismo muy simple que genera miles de conexiones, actividades e interacciones, pero todavía no lo conocemos

Sabemos que cuando una persona se enamora hay un cambio hormonal: ciertas áreas límbicas se encienden y tienen una actividad tan potente que inhiben las áreas perceptivas. El enamorado cambia la impresión que tiene sobre el otro. ‘El amor es ciego’, dice el refrán. Debe ser un mecanismo muy simple que genera miles de conexiones, actividades e interacciones, pero todavía no lo conocemos. El bosque no nos deja ver lo que hay detrás. Avanzamos, pero probablemente necesitemos mirar el cerebro desde arriba para identificar qué hay y cómo se conecta. El enigma, seguramente, en los próximos 30 años.

¿Cómo nace la colección de neurociencia y por qué es importante la divulgación?

Hay mucha información del cerebro en internet y en libros. Pero es confusa porque está escrita para especialistas. Con la divulgación, todas las personas conocerán las novedades, los misterios y descubrimientos que se hacen del cerebro humano. Esta rigurosa colección contempla temas cotidianos en los que entenderemos cómo funciona y reacciona el cerebro y por qué actuamos de determinada forma, para comprender nuestra historia y nuestro propio papel en el mundo.

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