Las lecciones de la pandemia

Las lecciones de la pandemia

Hilda Strauss habla de cómo retomar la vida desde este primero de septiembre y valorar lo aprendido 

Hilda Strauss tiene un programa radial llamado 'La radio de Hilda Strauss', en el que habla de meditación, entre otros temas.

Hilda Strauss tiene un programa radial llamado 'La radio de Hilda Strauss', en el que habla de meditación, entre otros temas.

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Por: Hilda Strauss
Especial para ELTIEMPO.COM
31 de agosto 2020 , 12:45 p. m.

Es casi una blasfemia decir que una catástrofe como la pandemia que estamos viviendo tiene alguna ventaja, cuando tantas personas han sufrido en grado sumo con las consecuencias biológicas y económicas de la emergencia actual.

De ninguna manera hay intención de desconocer ese daño, este ejercicio solo busca descubrir algún beneficio resultante de los nuevos acontecimientos y su probable aplicación futura, porque, incuestionablemente, el covid-19 nos cambió para siempre.

Ya estamos en una nueva realidad, en aquella reflexión que surge luego de un aprendizaje profundo, no somos los mismos después de haber aprendido, de una especialización, o luego de hundirnos en una exhaustiva investigación que nos afecta directamente. Las crisis y los estudios nos cambian y estamos ante ambas circunstancias.

El aprendizaje acelerado de la humanidad
Las transformaciones sociales que se han producido en los últimos meses son realmente profundas. Mientras nos enteramos de las urgencias, las sociedades se han homogenizado en el mismo riesgo y las guerras también han quedado en shock.


Los sistemas de salud, de alguna manera, se han fortalecido. La ciencia y la búsqueda de alternativas saludables, de prevención y curación son protagonistas en este momento.

Han aflorado la solidaridad y la consideración en los corazones. Hemos podido ver, por contraste, la presencia nefasta del hombre en la naturaleza,

Así como en algún momento nos dijeron: 'Hay que encerrarse en la casa', nuestra propia lógica también nos dijo: 'Hay que mirar para adentro, meditar, encontrarse con el Ser interior'.


La enorme ventaja del desapego
Pero lo que más aprendimos en esta pandemia es acerca del desapego, nos hemos tenido que desapegar a la fuerza, y eso es excelente. Recordemos las palabras del señor Gautama en India, hace 2.500 años: “El sufrimiento viene del apego, si el apego se reduce, disminuye el sufrimiento”.



Los países y las regiones están concentrados en sus propias economías. Las prioridades cambiaron: anteriormente los recursos se gastaban en guerra, ahora se invierten en prevención, salud e investigación. Y estamos ante una ocurrencia muy curiosa: por primera vez en nuestra civilización, en todos los continentes, la especie humana está de acuerdo; todos estamos pensando en el mismo objetivo.

La enseñanza se ha beneficiado grandemente, jamás habíamos aprendido tanto acerca de microbiología, bacteriología, epidemiología, estructura de los virus y de las bacterias, de vacunas, antídotos, medicamentos, primera fase, segunda fase, ensayos con placebos, virulencia, transmisiones de infección y carga viral. Es increíble todo lo que sabemos a escala general. Adicionalmente, la humanidad también debe incluir en su currículo un posgrado en estadística.

Sigamos siendo solidarios, considerados y pacientes, civilizados, disciplinados, ordenados y metodológicos, como las largas filas de la nueva realidad.



Nos hemos tenido que desapegar de salir a la calle, de las reuniones, de la vida fuera de casa, de la ayuda permanente, del desenfreno del mundo moderno; nos hemos visto obligados a desapegarnos del entretenimiento permanente, de llenar el vacío interno con ruido mental y al hecho de evadir la realidad con la congestión de sitios concurridos, mientras suena música alienante al fondo.

La pandemia en la casa
Aunque los jóvenes están deprimidos, por obvias razones, las familias cambiaron como nunca; aumentó la frecuencia de la reunión familiar, la convivencia, los comentarios y las charlas de lo que está ocurriendo en el diario vivir; se ocuparon de nuevo los comedores de los hogares, regresaron los chistes comentados.

El teléfono pasó de ser un estímulo inútil a una fuente vital de información. En la nueva normalidad conocimos por fin nuestra casa, nos enteramos de lo que nos fastidia y lo reciclamos, comenzamos a armar nuestra vida de puertas para adentro, empezamos a amar de nuevo los valores. Vemos de nuevo y de manera prioritaria el bien ajeno y la espiritualidad.

Así como en algún momento nos dijeron: “Hay que encerrarse en la casa”, nuestra propia lógica también nos dijo: “Hay que mirar para adentro, meditar, encontrarse con el Ser interior”.

Pero en medio de esa conciencia, niños y adultos tienen la misma depresión, por una palabra que todos repiten al unísono, pronunciada y pensada: “aburrimiento”.

Recuerdo las palabras de un monje tibetano que hablaba con los niños en los monasterios: “Maestro, me aburro”, y el monje sonreía de manera paternal y le hablaba a ese niño de las maravillas de la meditación y de los mundos internos desconocidos: “Hay que cerrar los ojitos y permitir que se abra la ventana de la visión interior”.

Y de esa realidad, del silencio monacal de esas disciplinas, han surgido grandes guías espirituales. Hemos visto de cerca, frente a frente, el aburrimiento, y hemos aprendido a administrarlo, con nosotros y con los jóvenes y niños.

No tenemos que estar entretenidos en todo momento con aquello que comúnmente se llama “divertido”. Nuestra mejor compañía somos nosotros mismos y nuestra base de bienestar es en el hogar, que ahora cuidamos, enriquecemos y apreciamos en gran medida.

Algunos aprendizajes para el futuro
En esta nueva normalidad, debemos aplicar los cuidados aprendidos. Aún cuando todo haya pasado, sigamos meditando sin desfallecer, continuemos con nuestras normas saludables de vida y alimentación, nunca abandonemos el ejercicio físico, desprovisto de exigencias y complicaciones, contestemos siempre con la verdad como nos lo ha enseñado la pandemia, sigamos siendo solidarios, considerados y pacientes, civilizados, disciplinados, ordenados y metodológicos, como las largas filas de la nueva realidad.

Debemos seguir en esa comunicación linda de videoconferencias con los nuestros, reuniones virtuales con los amigos, y buen humor, aún ante lo trágico.

Profundicemos, investiguemos, permanezcamos al día de lo que ocurre, como si el confinamiento continuara. Entendamos que el aburrimiento es mágico, porque genera creatividad y soluciones.

Organicémonos con horarios y con eventos familiares, rescatemos en las historias de los nuestros el lado divertido de la familia. Suspendamos definitivamente el castigo físico a los niños. Comprendamos que los jóvenes entienden más con humor, camaradería y con planes de unión de esfuerzos que con cantaleta.

IG: @hildastraussoficial

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