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Tercera dosis: entre el afán y la fragilidad de la evidencia
Israel ofrece tercera dosis de vacunación contra el covid-19

Un mujer Israelí recibe tercera dosis de vacuna contra el covid-19 en Jerusalén.

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ABIR SULTAN-EFE/EPA

Tercera dosis: entre el afán y la fragilidad de la evidencia

Un mujer Israelí recibe tercera dosis de vacuna contra el covid-19 en Jerusalén.

Aunque expertos aseguran que no tiene soporte sólido, varios países ya empezaron su aplicación.

La expansión de la variante delta del Sars-CoV-2, cuya capacidad para transmitirse es mayor y ya está presente en más de 120 países, ha promovido un debate en torno a la necesidad de una tercera dosis de las vacunas que en el mundo se aplican para prevenir el covid-19 como una manera de aumentar las defensas contra la nueva forma del virus.

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El asunto es que, si bien todas las vacunas han demostrado que las dosis plenas son efectivas para contrarrestar la enfermedad grave y la muerte por covid-19, algunos estudios –no todos publicados– sugieren que esta protección disminuye con el tiempo, y esto ha impulsado a algunos gobiernos a incluir una dosis adicional para sus poblaciones ya inmunizadas, lo que, por un lado, genera preocupación entre quienes no pueden hacerlo y, por otro, rechazo de grupos académicos que consideran que estas decisiones carecen del rigor científico que debe soportarlas.

En este sentido, mientras Chile, Alemania e Israel han anunciado planes para aplicar estos refuerzos, y Emiratos Árabes, China y Rusia ya los están administrando, otros países insisten en que su prioridad –en medio de la escasez de biológicos– es asegurar que una proporción de la población pueda acceder al menos a las dos dosis para alcanzar los niveles mínimos que permitan una inmunidad colectiva.

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“Entendemos la preocupación de los gobiernos de proteger a sus poblaciones de la variante delta, pero no podemos aceptar que los países que ya han utilizado la mayoría de los suministros de vacunas utilicen todavía más, mientras que las poblaciones más vulnerables del mundo siguen sin protección”, dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, al ser consultado sobre este tema.

Por su parte, los pocos ensayos que han probado dosis de refuerzo infieren que las terceras dosis de las vacunas desarrolladas por Moderna, Pfizer, AstraZeneca y Sinovac aumentan los niveles de anticuerpos “neutralizantes” cuando se administran varios meses después de la segunda dosis. Sin embargo, investigadores como Luis Fernando Alarcón, del Instituto Nacional de Salud Pública de México, aseguran que esto es una evidencia muy frágil para respaldar la aplicación general de una tercera dosis y que todo apunta a que no sean necesarias para la mayoría de las personas.

En la misma línea se ubica Laith Jamal Abu-Raddad, epidemiólogo de enfermedades de Weill Cornell Medicine (Catar), al asegurar que “malgastar refuerzos en aquellos que ya están protegidos contra enfermedades graves no tiene sentido y además no hay argumentos sólidos para pensar en ello en este momento”.

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De igual forma, Andrew Pollard, líder de ensayos clínicos y director del Grupo de Vacunas de Oxford, afirmó: “Debemos tratar de asegurarnos de que todas las personas vulnerables, los adultos mayores y quienes padezcan enfermedades de riesgo en todo el mundo estén protegidas, eso es lo más urgente por hacer”.

Carlos Eduardo Pérez, infectólogo de la Universidad Nacional y jefe de infectología de la Clínica de Marly y del Hospital de la Samaritana, dice que resulta lógico que con el tiempo la inmunidad de las vacunas disminuya y que ante ese hecho lo importante es insistir en completar los esquemas en toda la población y después sí reforzarlos en adultos mayores, personas con defensas bajas y con comorbilidades de riesgo. “Eso sería lo adecuado en un escenario en el que la disponibilidad de vacunas no está garantizada para toda la población”, agrega el experto.

Revisar la seguridad

Pérez también dice que es natural que al aplicar más vacunas se produzcan más anticuerpos, pero es necesario estudiar en profundidad la seguridad que tendrían estas terceras dosis a mediano y largo plazo, lo que aún no se ha hecho, y por lo tanto considera que, mientras esto ocurre, hay que actuar con prudencia.

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Al respecto, el Gobierno colombiano ha dejado claro que ante la necesidad de una tercera dosis, esto solo sería posible hasta el año entrante, una vez se complete la meta nacional de vacunar al 70 por ciento de la población. Sobre el mismo tema, Leonardo Arregoces, director de Medicamentos y Tecnologías en Salud del Ministerio de Salud, afirmó que hasta el momento no hay evidencia clara que sustente que esta debe ser la decisión por tomar.

Para Alarcón hay otro problema: al observar los ensayos que sugieren una tercera dosis se encuentra que estos se hicieron en su mayoría en personas “sanas”, por lo que no se sabe lo suficiente sobre los grupos que realmente podrían necesitar las dosis adicionales, con el agravante de que por el avance de la variante delta algunas autoridades sanitarias no esperen conclusiones definitivas y empiecen a aplicarlas de manera indiscriminada. Esto implicaría que muchas personas podrían recibir refuerzos que no les generarían mayores beneficios.

Robert Aldridge, epidemiólogo de enfermedades infecciosas de University College de Londres, considera que la aplicación de la tercera dosis “es una decisión difícil y que tendrá que tomarse con evidencia incompleta”. Sin embargo, el salubrista Pedro León Cifuentes afirma que la ciencia ha demostrado tener las respuestas adecuadas y que esta no será la excepción, a pesar de los intereses económicos que intervienen en estos procesos.

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Llama la atención que algunos anuncios sobre la necesidad de las terceras dosis hayan sido hechos por las directivas de algunas farmacéuticas e, incluso, algunos estudios no publicados que las sugieren también fueron promovidos por los laboratorios, y esto exige una mirada cautelosa antes de tomar cualquier decisión, en la que el bienestar de la gente esté de por medio”, agrega Cifuentes.

Por último, el investigador Alarcón insiste en que los gobiernos –incluido el colombiano– deberían tomar en serio las recomendaciones de la OMS en el sentido de no avanzar por ahora en la aplicación de estos refuerzos dado que, ante la desigualdad que existe en la disponibilidad de vacunas, se podría favorecer el acaparamiento por parte de algunos países y dejar a muchas zonas vulnerables del planeta sin la posibilidad de inmunizarse, lo que propiciaría la aparición de nuevas variantes, que afectarían incluso a quienes tengan esquemas reforzados.

“Es hora de que a nivel global se tenga claro que la repartición adecuada de vacunas para completar esquemas básicos es la vía más rápida para atajar la pandemia, mientras se tiene mayor evidencia que respalde otras recomendaciones”, remata el salubrista Cifuentes.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Editor de Salud
@SaludET

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