‘La pandemia ha afectado más a los bogotanos pobres’

‘La pandemia ha afectado más a los bogotanos pobres’

El secretario de Salud habla del impacto que pueden tener en la pandemia la reapertura de sectores.

SECRETARIO DE SALUD

El Distrito espera poder pasar el segundo pico de la pandemia sin que se estrese demasiado el sistema de salud

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Alcaldía de Bogotá

Por: Carlos Francisco Fernández R.
27 de septiembre 2020 , 10:04 a. m.

Bogotá ha sido el epicentro de la pandemia en Colombia, desde su inicio. De hecho, con excepción de dos de los 205 días que ha cursado este proceso, siempre ha encabezado los reportes oficiales sobre el número de casos.

Bogotá ha sido el epicentro de la pandemia en Colombia, desde su inicio. De hecho, con excepción de dos de los 205 días que ha cursado este proceso, siempre ha encabezado los reportes oficiales sobre el número de casos.

No en vano se ha considerado que, junto con Cali y Medellín, el curso que toma el Sars-Cov-2 termina configurando las llamadas curvas epidémicas nacionales, tanto que la mejora de algunos indicadores permitió la reactivación de la ciudad y, consecuentemente, la sensación de este proceso en el país.

Desde el inicio de la administración de la alcaldesa Claudia López, el médico Alejandro Gómez López ha ejercido el cargo de secretario de Salud y ha encabezado el equipo sanitario que ha enfrentado la contingencia sanitaria más difícil de los últimos tiempos.

En momentos en que la ciudad enfrenta una nueva realidad en medio de marchas, protestas, el retorno del pico y placa y los vientos sobre un potencial aumento de casos, Gómez habló con EL TIEMPO.

¿Cómo va la pandemia?

Estamos haciendo un seguimiento minucioso y permanente de los indicadores, todos vienen bajando. Los casos positivos vienen disminuyendo de manera consistente desde hace aproximadamente 20 días, pero también los ingresos de pacientes a hospitalizaciones y a UCI y, afortunadamente, las muertes. La transmisibilidad en cada localidad la encontramos por debajo de 1, que es el límite para decir que todos los días tenemos menos casos positivos.

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¿Quiénes han puesto los muertos?

Hemos tenido, por desgracia, muertes en todas las localidades. Es muchísimo más frecuente en hombres que en mujeres, es una proporción de casi 3 a 1, y claro que también hay mayor nivel de mortalidad en los estratos más bajos. Esto obedece a dos condiciones: primero, la población de los estratos uno, dos y tres es mucho mayor, pero también que sus preexistencias y condiciones de salud son distintas y más complicadas, y esto ha sido una de las manifestaciones de la inequidad. Por eso los esfuerzos para fortalecer la oferta de servicios en el sur de la ciudad y en las zonas donde es más escasa.

¿Cómo se sorteó la presión de las UCI y cómo fue la participación real del Gobierno Nacional?

Este fue un esfuerzo de diferentes actores, los protagonistas fueron los hospitales y clínicas, del sector público y privado, que hicieron un trabajo extraordinario de adaptación en su infraestructura, talento humano y disponibilidad de recursos. Hubo puntos donde era necesaria la colaboración estatal, y el Gobierno Nacional y el Distrital lograron trabajar de manera coordinada para la consecución y puesta a punto de lo que se requería para el enorme incremento de UCI. Nos sentimos muy satisfechos de lo que logró la ciudad, reconocemos el papel que jugó el Gobierno, a través del Ministerio de Salud y el esfuerzo de todos los equipos médico-asistenciales.

Dicen que Bogotá tuvo una meseta muy larga. ¿Cuándo se superó y en qué etapa estamos?

Cuando uno ve la curva epidemiológica, la ve subiendo de manera constante desde marzo. El comienzo en el descenso del primer pico fue finalizando julio e iniciando agosto, eso nos mostraron los reportes de mortalidad, ingresos a UCI y pacientes nuevos todos los días. Todavía estamos en un nivel de alerta, pero en este momento observamos que estamos en la etapa de descenso en la curva.

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¿Lograron integrarse todos los actores del sistema de salud para atender la pandemia?

Sí, y es una de las cosas que nos producen orgullo, porque primó el establecimiento de lazos de confianza, comunicación, y pudimos contar con los recursos. Las EPS o entidades responsables de planes de beneficio lograron superar las diferencias comerciales que hay entre ellas, y constituimos un frente común. Así unimos recursos para llegar con atención médica domiciliaria sin barreras a toda Bogotá, independientemente del aseguramiento de las personas; además, los hospitales públicos y privados son un ejemplo extraordinario del trabajo coordinado, armónico y solidario.

¿El sistema le falló a la ciudad con las pruebas? Hay muchas quejas.

Creo que no. Hay que entender que no estábamos hablando de una prueba sencilla, sino de una prueba molecular que normalmente no se hace en los laboratorios que todos conocemos. Al haberse establecido la prueba PCR como la estándar de oro, tuvimos un crecimiento extraordinario para aumentar nuestra capacidad. Cuando empezó la pandemia estábamos en un promedio de 100 a 200 al día, y en este momento estamos haciendo 12.500. El resto del país también creció en capacidad, pero no de la misma manera, y es que montar un laboratorio de biología molecular es todo un reto.

¿Cómo han afectado las marchas la pandemia?

Todos los fenómenos sociales, la apertura económica, el día sin IVA y la reactivación de otras actividades conllevan cierto nivel de riesgo. Aunque no ha habido cambio en las tendencias, el virus se manifiesta pasados 15 o 20 días del fenómeno social. De modo que el tiempo nos dirá qué consecuencias se derivan.

¿Bogotá tenía las condiciones para abrir toda la ciudad?

Trabajamos con un concepto que llamamos cupo epidemiológico. Cada actividad que se abre conlleva un riesgo que se manifiesta en un número de personas que se contaminan y resultan positivas, esto es lo que genera la demanda. De otro lado está la oferta, determinada por la capacidad hospitalaria. Pensamos que con los datos epidemiológicos que tenemos es posible, responsable y necesario reactivar la economía. Hemos tenido que actuar con cuidado para no superar la capacidad de la red hospitalaria, considerando el costo social y económico del confinamiento.

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¿La apertura de vuelos internacionales en El Dorado no es un riesgo para la ciudad?

No existe ninguna actividad productiva sin riesgo, lo que hacemos de manera responsable es disminuirlo. En el caso de los vuelos que llegan del exterior, las personas deben traer una prueba de tipo molecular negativa que no tenga más de 96 horas de realizada. Destacamos que debe ser molecular y debe revisarse antes de que la persona embarque. Además, junto con el Gobierno, se les va a exigir una póliza médica.

¿Cómo ve la posibilidad de una segunda ola?

Es muy probable, el comportamiento de la pandemia en el mundo nos demuestra que luego de una primera ola, y con la apertura de actividades productivas y sociales es esperable un segundo incremento. De ahí que la estrategia DAR (Detecto, aíslo y reporto) sea la nueva manera de tratar de combatir un incremento abrupto de casos.

¿Es posible que las UCI puedan quedar en riesgo de colapsar ante un nuevo pico?

Hoy contamos con el doble de las UCI que en marzo de este año. Esperamos poder pasar el segundo pico sin que se estrese demasiado el sistema de salud, pero esto siempre va a depender de que las medidas de autocuidado y la estrategia DAR se cumplan.

El comportamiento de la pandemia en el mundo nos demuestra que luego de una primera ola y, con la apertura de actividades, es esperable un segundo incremento

¿Qué deben esperar los bogotanos ahora con la estrategia DAR?

Esperamos una actitud de corresponsabilidad. La estrategia DAR es el mismo Prass del Gobierno, solo que el Prass se concibió pensando en que debía iniciarse por la prueba diagnóstica positiva, y ha sido evidente que ni Bogotá ni el país son capaces de hacerles pruebas en términos oportunos a todas las personas que las puedan requerir. Hoy, cualquier caso respiratorio debería considerarse un covid-19, hasta que se demuestre lo contrario. Es un asunto de responsabilidad consigo mismo, pero además con los demás, que nos aislemos apenas tengamos síntomas, pero que, además, reportemos y les avisemos a los contactos que hemos tenido en los últimos días para que ellos puedan hacer lo mismo.

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¿Cuál es el balance de Corferias?

Fue una gran idea, en otras partes del mundo también se realizaron ampliaciones hospitalarias, y Bogotá fue juiciosa al considerar que Corferias era un buen sitio para la ampliación de camas de baja complejidad. Por fortuna, no se tuvo que utilizar en su totalidad, pues los hospitales pudieron atender a todos los pacientes de covid-19 y el aislamiento llevó a que las otras patologías no se presentaran. El no haber necesitado las camas de Corferias de manera integral habla de que Bogotá lo hizo bien y no se equivocó.

¿Cómo va el regreso del pico y placa desde el punto de vista sanitario?

El pico y placa es una medida de control de movilidad, y pensamos que si es necesario en este momento lo apoyamos, porque hace parte de las estrategias y acciones como ciudad.

¿Cómo es la relación con el Ministerio de Salud?

Es una relación fluida, respetuosa y de diálogo. Tengo con el doctor Fernando Ruiz y con Luis Alexánder Moscoso una relación sólida, y hablamos permanentemente para encontrar caminos que nos permitan ser más eficientes.

¿Cómo mejorar la atención de la línea 123?

Hemos fortalecido la línea 123 y lo vamos a seguir haciendo. Esta semana, al presentar el cupo de endeudamiento ante el Concejo, destacábamos esta necesidad. Tendremos más personas y tecnología que optimicen su oportunidad y eficiencia.

¿Cómo califica su papel en la atención primaria de la pandemia?

No me corresponde calificar el papel del secretario. En este momento reconocimos que la salud pública debía ser pública nuevamente y salió fortalecida, por eso creo que el papel de la Secretaría de coordinar y de alentar el sistema se cumplió. Probablemente hayamos tenido errores, pero no creo que sea el momento, ni yo la persona para evaluarlo. El tiempo nos lo dirá.

¿Qué mensaje les da a los bogotanos?

Primero, de agradecimiento. Con el comportamiento de todos, hemos podido pasar el momento más difícil. El 95 % de las personas que vivimos en Bogotá hacemos un uso correcto del tapabocas, somos conscientes del riesgo y la responsabilidad que nos cabe. Y, segundo, por más que ya no estemos en confinamiento, no se puede pensar que el riesgo se acabó.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ R.
Editor de la Unidad de Salud
Redacción EL TIEMPO

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