¡Ojo! La delgadez no es sinónimo de salud

¡Ojo! La delgadez no es sinónimo de salud

El exceso de grasa alrededor de los órganos internos del vientre, aunque invisible, es un riesgo.

Alimentación

Los ‘falsos delgados’ padecen lo que la medicina ha llamado el síndrome de Tofi (Thin Outside, Fat Inside): delgado por fuera, gordo por dentro.

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iStock

Por: Carlos Francisco Fernández R.
16 de junio 2019 , 01:20 p.m.

Hay personas que se ufanan de estar sanas porque tienen bajo peso o porque su cuerpo no muestra cúmulos de grasa, tanto que comen sin medida, incluso alimentos con alto contenido calórico, bajo la premisa de que tienen un organismo ‘privilegiado’.

Pero especialistas están alertando sobre un síndrome muy común, el de los llamados ‘falsos delgados’, personas que aunque son flacas, al mismo tiempo, sin saberlo, presentan una condición de obesidad muy riesgosa.

Si usted es delgado y en su familia existen antecedentes de diabetes, de enfermedades del corazón, presión alta, colesterol elevado, tenga en cuenta que usted puede padecer esta alteración que, con criterio acertado, se bautizó como Síndrome de Tofi (Thin Outside, Fat Inside), o para entenderlo mejor: delgado por fuera, gordo por dentro.

Según Gabriel Robledo Kaiser, presidente de la Fundación Colombiana de Obesidad (Funcobes), los llamados ‘falsos delgados’ son, en otras palabras, individuos que padecen una obesidad con peso normal. Ellos, dice, a pesar de tener un peso adecuado para su estatura, no se libran de padecer las mismas alteraciones de los obesos mórbidos.

El endocrinólogo y experto en obesidad Iván Darío Escobar asegura que dichas personas pueden padecer diabetes y enfermedades cardiovasculares severas, porque tienen grandes cúmulos de grasa perjudicial a nivel visceral o en sus vasos sanguíneos, que a pesar de no ser visible en el exterior, configuran factores de riesgo tan peligrosos como los que presentan los obesos.

Para la nutricionista Nohora Bayona, esta obesidad no visible está relacionada, generalmente, con una dieta pobre y desequilibrada, sumada a una vida sedentaria, con el agravante de que es muy difícil de detectar por el efecto engañoso de la delgadez.

Robledo dice que el asunto es tan serio que se cree que una de cada cinco personas la puede padecer, lo que en rigor debería sumarse, desde el punto de vista epidemiológico, a las cifras de obesidad y sobrepeso, que ya son de por sí epidémicas en el mundo entero.

Pero es a partir de sus desenlaces que esta condición motiva inquietud, tanto que es objeto de estudio en varios centros de nutrigenómica y obesidad. Uno de ellos en España, donde se ha adelantado la búsqueda de marcadores de riesgo metabólico en los genes, con el fin de identificar a estas personas de manera temprana.

Apariencia vs. bienestar

Dicho grupo, dice Bayona, fue el que demostró que las dietas desequilibradas y ricas en grasas incrementan una proteína en el hígado llamada KRT23, en personas y animales de experimentación, con características de falso delgado. La proteína, asegura la nutricionista, ha sido descrita como la causa de una enfermedad hepática en humanos, y al parecer también puede incidir en este tipo de problemas.

Por su parte, otro artículo publicado recientemente en ‘Food and Nutrition Research’ sugirió que un gen llamado CPt1A favorece la resistencia a la insulina y la formación de depósitos de grasa en el hígado y otros órganos, y proporciona, de paso, otra explicación genética, al origen de los gordos-flacos.

El endocrinólogo Escobar manifiesta que esta situación multiplica los problemas, en razón a que siempre se ha relacionado la apariencia con el bienestar y en el imaginario común se desligan las consecuencias de la obesidad en personas delgadas, algo que empieza por los mismos afectados.

Lo anterior, asegura Bayona, ha llevado al mundo de hoy a deslizarse por la obsesión de no tener un gramo de grasa en la barriga, y quienes no la tienen no realizan ningún tipo de ejercicio y tampoco ven la necesidad de realizarse un chequeo médico, lo que hace que las consecuencias sean más graves.

Los gordos metabólicos, sugiere Robledo, como deberían llamarse estas personas, obligan a combinar dos conceptos aparentemente antagónicos: delgadez y obesidad, algo complicado de comprender, pero que exige entender que la obesidad está determinada por la concentración de grasa perjudicial en sitios vitales, así se tenga un peso normal.

En este sentido, Escobar ratifica que si bien para determinar si una persona tiene o no sobrepeso el indicador utilizado es el Índice de Masa Corporal (IMC), este no es el más efectivo, porque la adiposidad en el vientre o dentro de las vísceras se escapa a esta relación de peso y talla, por lo que sugiere modificaciones al respecto.

Para empezar, es necesario enfatizar en que los obesos con peso normal padecen los mismos problemas que el gordo notorio, entre ellos, tensión arterial elevada, resistencia a la insulina, diabetes y alteraciones cardíacas y vasculares. “De ahí que el dato que debería medirse por su relevancia debería ser el porcentaje de grasa acumulada en el cuerpo”, dice Robledo.

Con respecto a esto, Escobar reafirma que el depósito de grasa cerca de los órganos vitales es más peligroso que tener sobrepeso a la vista. “Todo porque –dice– este tejido adiposo termina por envolver al corazón, los riñones, el hígado y el páncreas, sin que nadie lo note, incluso, teniendo el abdomen muy plano”.

El depósito de grasa cerca de los órganos vitales termina por envolver al corazón, los riñones, el hígado y el páncreas, sin que nadie lo note, incluso, teniendo abdomen plano

Ojo con estos factores

Para Escobar, además de los elementos genéticos antes descritos, hay otros factores que influyen para que una persona sea flaca y al mismo tiempo esté en riesgo. Entre ellos están el estrés, el sedentarismo, la alimentación centrada en carbohidratos y antecedentes familiares.

Pero en esto hay que ser rigurosos, dice Bayona, porque la grasa visceral es más complicada de erradicar que la externa, no solo en razón a que no se aprecia, sino porque en realidad es más dañina. Lo primero, dice Gabriel Robledo, es que nadie puede referenciarse como sano por el solo hecho de estar flaco, y en este sentido sugiere realizarse exámenes de sangre de manera regular, para medir los niveles de grasas totales, colesterol, triglicéridos y azúcar. Además de pruebas con imágenes (ecografías, radiografías o resonancia magnética), para visualizar de manera directa la cantidad de grasa alrededor de los órganos.

Insiste en que toda persona que coma de manera desordenada, pero que continúe siendo delgada, debe ser evaluada por un profesional en razón a que es un indicio de esta alteración.

‘La grasa debe ser considerada un órgano’

El Consejo de Investigación Médica de la Universidad Imperial, en Londres, determinó los parámetros de grasa ‘normal’ de hombres y mujeres. Los hombres deben tener 30 litros de grasa total y no más de 5,4 litros de grasa visceral. Por su parte, las mujeres pueden tener hasta 37 litros de grasa total y su grasa visceral no puede ser superior a 3,1 litros. También sugiere que la grasa debe ser considerada un órgano, “ya que produce sustancias químicas y hormonales que afectan el estado de ánimo, la capacidad cognitiva y la fertilidad femenina”.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ R.
Asesor Médico EL TIEMPO

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