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Soy médico, no un riesgo
Ángela María Villegas

La médica Ángela María Villegas mostró su malestar por las conductas de la comunidad hacia el personas de salud.

Foto:

Archivo particular

Soy médico, no un riesgo

El editor de Salud de EL TIEMPO reflexiona sobre recientes hechos de maltrato a médicos del país.

Ser médico no me convierte en un ser particularmente distinto a los demás. Soy un ser humano como todos, que nació con una vocación y que decidió dedicar su vida a ella.

Como muchos profesionales, como todos quizá, me levanto cada día pensando en hacer bien las cosas; en mi caso, en el de mis colegas y en el de todos aquellos que trabajan con el sector de la salud, eso se traduce en diagnósticos y tratamientos, en procedimientos, en pacientes atendidos lo mejor posible, con responsabilidad, con ética.

No espero por eso aplausos. Es mi trabajo y me doy más que por bien servido cuando las personas mejoran, cuando logro que recuperen su bienestar y se sientan mejor. No espero que me den las gracias ni siquiera ahora, cuando esta contingencia de salud pública nos puso a todos los profesionales de la salud en el ojo de este huracán que es la covid-19.

Es nuestro deber estar en la primera línea de batalla contra el coronavirus, porque estamos formados para eso. ¿Cómo no hacerlo cuando sabemos que los enfermos y sus familias cuentan con nosotros para luchar contra un virus cuyo comportamiento no acabamos de entender? De esto difícilmente podrían salir solos.

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Insisto: no esperábamos aplausos, pero tampoco ser blanco de discriminación y rechazo, en razón a que todo el mundo presume que hemos estado en contacto con pacientes afectados por el nuevo coronavirus. Por increíble que parezca hay actos de este tipo -como la denuncia que hace la colega del video- contra el personal de salud que desmoralizarían a cualquiera.

Entiendo, repito, que tengan miedo, pero nada logran lapidándonos

Señoras, señores: yo soy médico, no un riesgo. Entiendo que algunos de ustedes tengan miedo, porque mentiría si digo que estoy libre de sus mismas preocupaciones.

Pero eso no puede paralizarnos. Tenemos que entender que esta contingencia nos puso en el mismo lugar a todos, y nos asignó responsabilidades. La mía, la de los médicos y todo el personal de salud, es poner el pecho por los pacientes y velar por su recuperación; la de ustedes es quedarse en casa y poner en marcha protocolos de higiene y cuidado para mantener a raya el virus.

(Además: En plena pandemia, médicos denuncian rechazo y maltrato)

En esta división del trabajo tenemos que ser solidarios y empáticos. Entiendo, repito, que tengan miedo, pero nada logran lapidándonos. No buscamos dañar a nadie; sabemos cómo hacer nuestro trabajo, cómo protegernos y protegerlos. Si no fuera así, si nuestras manos no estuvieran limpias y desinfectadas siempre, no tendríamos autoridad moral ni para ejercer esta profesión ni para pedirles que se protejan, que se cuiden.

Sin importar lo que venga, y eso tendría que darles tranquilidad, vamos a seguir estando donde elegimos estar: al lado de nuestros pacientes. Y no nos importa quiénes sean o de dónde vengan. Vamos a estar con ellos, incluso si alguna vez nos cerraron la puerta.

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CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
*Editor de la Unidad de Salud de EL TIEMPO

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