Que una encamada no se pague con la vida / Sexo con Esther

Que una encamada no se pague con la vida / Sexo con Esther

Hay quienes buscan sexo con portadores del VIH esperando que la adrenalina aumente su excitación.

‘Sexo vainilla’

Cuando se trata de exponer de manera suma el bienestar y la misma supervivencia, cualquier condición de placer es subalterna.

Foto:

iStock

Por: Esther Balac
29 de junio 2019 , 10:00 p.m.

Que alguien busque irse a la cama con personas portadoras del virus VIH (sida) con el único fin de estimular el deseo, bajo la premisa de que la adrenalina le aumenta la excitación y produce orgasmos más placenteros, a mi modo ver raya con la insensatez.

Aclaro que este calificativo debería ser más fuerte y cambiarse por otro que defina la descalificación completa, pero en razón de que esta peligrosa práctica se ha convertido en una tendencia prefiero mantener las palabras a una distancia prudente.

Bugchasing (perseguidores del bicho) se autodenominan estos kamikazes biológicos que merodean por bares y sitios de reunión en los que presumen que existen portadores del virus a quienes coquetamente denominan ‘gift givers’ o los que regalan. Y vaya regalo, porque esto no es más que una autolesión en la exposición innecesaria a un riesgo que, cual ruleta rusa, se puede deslizar hacia la muerte.

Lo cierto es que al difundirse esta tonta moda, sus defensores ponen sobre el tapete algunos argumentos que, aunque se proyectan como sólidos, de ninguna manera justifican esta acción. Entre ellos están la búsqueda de emociones fuertes, la inmersión de una fuente de adrenalina en la que algunos juegan a no contagiarse, e incluso la manifestación de rebeldía que se opone a la moral y a las imposiciones heterosexuales que predominan en la sociedad.

Pero todo esto pasa a un segundo plano cuando se deja entrever que la verdadera motivación se encuentra en el erotismo desbordado que promueven algunas personas, una encamada que colinda directamente con la muerte, reforzado por el estímulo que deja romper el máximo tabú, que es la exposición de la vida en un acto sexual extremo.

Y hay más (y aquí me muestro ligeramente solidaria), porque algunas personas que caen en este absurdo manifiestan que toleran una relación con portadores del VIH para infectarse y, con ello, reforzar su compromiso con una persona y garantizar la supervivencia de una relación. Cuando hablo de solidaridad me refiero a que estas personas también son víctimas de esos deslices de las emociones que pocas veces se entienden.

Hasta aquí la perorata. Lo único que quiero manifestar con estas descripciones es que si bien sobre la cama todo es válido y en cuestión de polvos no hay normas específicas que los limiten, cuando se trata de exponer de manera suma el bienestar y la misma supervivencia, cualquier condición de placer es subalterna.

De ahí que insisto en hacerlo todo, pero bajo la premisa del sexo seguro.

Sin más, los polvos son valiosos, pero no tanto como para pagarlos con la vida. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Empodera tu conocimiento

Sal de la rutina

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.