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La pandemia en el nuevo año: esperanzas y más tapabocas
Vacuna covid-19

Uno de los principales retos del planeta será llevar la vacuna contra el covid-19 de forma masiva a todos los rincones, sin importar sus ingresos. En Chile se comenzó a aplicar esta semana.

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La pandemia en el nuevo año: esperanzas y más tapabocas

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Las vacunas contra el covid-19 fueron una noticia alentadora, pero no serán el fin de la emergencia.

Es indiscutible que el 2020 estuvo marcado por un evento sanitario que en un comienzo muchos se negaron a proyectar en su verdadera dimensión. Sin embargo, con el pasar de los meses, el virus llamado Sars-CoV-2 se convirtió en un desafío permanente que terminó por detener y modificar la vida en el planeta como se la conocía.

De hecho, hoy, tras 80 millones de casos en el mundo y 1,7 millones de muertes, y a punto de terminarse el año, las preocupaciones siguen por lo que será en el 2021 una pandemia que se acelera en medio de la esperanza por la aparición de las primeras vacunas.

(Lea también: ¿Qué es eso de la nueva variante de SARS-CoV-2 y qué se sabe de ella?).

La salubrista Elizabeth Beltrán manifiesta que no obstante tener ya algunas herramientas para la contención, como las medidas de bioseguridad, el desarrollo acelerado de biológicos para prevenir la transmisión e incluso las señales que dan algunos medicamentos para tratar la infección, la dinámica del nuevo coronavirus en el 2021 sigue siendo un misterio. Y todo porque el acontecer del virus depende de muchísimos factores.

Para empezar, hay que tener en cuenta, según Beltrán, las asimetrías que existen en el mundo desde el plano socioeconómico y que condicionan el acceso a los insumos desarrollados por la ciencia y las posibilidades de los países para garantizar bienestar a sus poblaciones.

En este sentido, Pedro Cifuentes, experto en salud pública, manifiesta que en los últimos días del año, el mundo prende sus esperanzas sobre las vacunas, al punto de concederles el papel de llave mágica que cerrará esta crisis sanitaria. Sin embargo, Cifuentes afirma que la esencia de una pandemia no está definida solo por la posibilidad de contagiar a todas las personas del planeta, sino que, para terminarla, es necesario que todas las personas tengan las mismas oportunidades de acceder a las armas para combatirla.

(De su interés: Claves para cuidar los ojos en tiempos de teletrabajo y tapabocas).

Basta con ver que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que los países pobres difícilmente podrán adquirir biológicos tan sofisticados como costosos y mientras existan grupos de población que logren ser inmunizados de manera artificial, la emergencia no habrá terminado.

De hecho, el epidemiólogo Abelardo Cotes recuerda que se requiere entre el 60 y el 80 por ciento de la población inmune al covid-19 para frenar la propagación del virus entre las comunidades. Y aunque las vacunas que hoy se presentan tienen una eficacia del 80 por ciento o más, se necesita que el 100 por ciento de las personas se vacunen para alcanzar estos niveles de inmunidad, algo que de por sí resulta imposible por esta vía dadas las limitaciones económicas de la mayoría de las regiones del mundo.

Por otro lado, aunque algunos le apuestan a que estas limitaciones se compensen con inmunizaciones naturales adquiridas tras la infección, esta es una opción riesgosa dada la grave afectación en poblaciones de riesgo que terminarían por aportar una alta cantidad de víctimas antes de alcanzar los niveles requeridos.

(Consulte: Solo la mitad de los colombianos se pondría la vacuna contra covid-19)

De ahí que el mundo, tal como dice Beltrán, debe pensar el año entrante en enfrentar la pandemia en un contexto de cooperación y multilateralidad en procura de compensar las inequidades que afectan inevitablemente a todos. “Hay que ser realistas. Si bien las vacunas pueden resolver problemas, no serán la panacea que muchos creen ni el fin definitivo de esta etapa de la historia”, afirma.

Cifuentes agrega que, con las excepciones de rigor, hasta ahora la pandemia se ha manejado con carácter local en cada país, en una especie de competencia a ver cuál está menos peor, en una condición casi errática frente a lo que debe ser un manejo ideal. “Esta crisis necesita que todos se pongan de acuerdo y se fijen objetivos globales, de lo contrario se seguirán repitiendo los errores que ya se han evidenciado y se cumplirán las proyecciones de fatalidad que hoy pintan para una mayor tragedia”, concluye.

El caso colombiano

En Colombia, que acaba de superar las 40.000 muertes y el millón y medio de infectados detectados, se dio a conocer un plan de vacunación nacional contra el coronavirus con cinco etapas, que iniciarán en febrero y, en principio, se prevé que se extiendan hasta fin de año.

(En contexto: Con 1,7 millones de dosis de Pfizer comienza vacunación en febrero)

Pero en una mirada más global, expertos consultados por EL TIEMPO dieron sus opiniones sobre lo que sería la pandemia en el 2021 en Colombia.

Julio César Castellanos Ramírez, director del Hospital Universitario San Ignacio, afirma que el próximo año debe servir para poner en práctica lo ya aprendido, pues si bien ya se dispone de una vacuna, mientras esta alcanza su cobertura se mantendrá el estado de pandemia.

Castellanos insiste en que, mientras se alcanzan los niveles de inmunidad del 70 por ciento en la población propuestos por el Ministerio de Salud –algo que según el plan presentado ocurrirá en el tercer semestre del año–, se tendrán que enfrentar alertas periódicas generadas por la identificación de nuevas mutaciones del Sars-CoV-2 y solo a finales del año se tendrá certeza de la efectividad y seguridad de las vacunas, así como un estimado de cada cuánto habrá que revacunarse.

Juan Carlos Giraldo, director de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), cree que el 2021 tendrá un comportamiento parecido al final del 2020 que se está viviendo. Por lo que recomienda que para tener mejores desenlaces el sistema de salud debe buscar acciones equilibradas en todos los frentes. Y es enfático al afirmar que si bien la vacunación abre un nuevo campo de acción, no puede dejarse todo el énfasis en este aspecto y abandonar el resto de intervenciones que han demostrado ser efectivas contra el nuevo coronavirus.

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En ese sentido, se debe garantizar una oferta de servicios sanitarios suficientes con hospitales funcionando adecuadamente, unidades de cuidados intensivos disponibles y permitir el acceso a medicamentos e insumos específicos que sin duda se seguirán desarrollando de manera simultánea con las vacunas.

El epidemiólogo Cotes manifiesta que la pandemia dejó en evidencia una serie de fallas en la atención integral en salud de los colombianos, entre ellas que la promoción y la prevención de muchas patologías era prácticamente inexistente, lo que terminó por incrementar algunas comorbilidades como la hipertensión, la diabetes y la obesidad, entre otras. Esto, infortunadamente, impactó negativamente los números del covid-19.

Cotes agrega que, de continuar esta situación, las complicaciones de estas y otras enfermedades crónicas y degenerativas e incluso las de tipo mental que no han sido atendidas por culpa de esta crisis sanitaria van a terminar afectando la carga de morbilidad en muchos sectores de la población con costos muy altos, no solo en términos económicos, sino también en bienestar.

Para rematar, el psiquiatra Rodrigo Córdoba Rojas, expresidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, dice que es urgente que el próximo año se ponga foco en la salud mental, pues el covid-19 también dejó en evidencia muchísimas grietas que requieren pronta intervención antes de que la incidencia y prevalencia de estos males den paso a otra pandemia.

(Le recomendamos: Así sería la vacunación contra covid-19 de la población migrante)

En cualquier caso, los expertos coinciden en que el 2021 será también un año de tapabocas, pedidos de distancia física y lavado de manos.

Cifras que no mejoran

El Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (Ihme), organización independiente de la Universidad de Washington, hizo proyecciones de la pandemia para el primero de abril, con base en varios escenarios de mortalidad: relajación de medidas, que se conserven las condiciones actuales, despliegue rápido de las vacunas y uso universal del tapabocas.

Para el mundo, proyecta que las muertes podrían ser de 2,5 millones en el mejor escenario (uso del tapabocas) a 3,3 millones en el peor (relajación de medidas), o sea el doble del número actual. En el caso colombiano, las proyecciones tienen menos margen y van de 52.402 muertes en el mejor escenario a 54.540 si todo se mantiene como está.

(Consulte también: Covid-19, camino a ser la primera causa de muerte este año en Colombia)

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