Los colombianos no leen y no entienden las etiquetas nutricionales

Los colombianos no leen y no entienden las etiquetas nutricionales

Estudio del INS encontró cuáles son los criterios de los colombianos a la hora de comprar comida.

Así nos conquista la industria para vender alimentos poco saludables

Según la encuesta, el principal criterio para la selección de un alimento fue el precio.

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123RF

Por: Salud
27 de febrero 2019 , 11:10 a.m.

Preste atención a estos datos que encontró una investigación hecha hace poco en Colombia: de todas las personas entrevistadas (164), el 73 % (119) saben que existen las etiquetas nutricionales en los alimentos ultraprocesados que compran en los supermercados; de ellas, solo el 28 % (33) las leen y únicamente el 10 % (3) de ese grupo logra comprenderlas.

Esa es una de las principales conclusiones de un estudio de tipo cualitativo y cuantitativo que acaba de presentar el grupo de nutrición del Instituto Nacional de Salud (INS).

El objetivo del trabajo –el primero de su tipo en el país– era justamente conocer cuáles son los criterios que usan los colombianos para seleccionar los alimentos y qué tanto entienden y usan la información nutricional de las etiquetas a la hora de tomar decisiones libres e informadas de compra, tal como explicó Yiby Forero, coordinadora del grupo de nutrición del INS e investigadora principal.

Para ello se hicieron encuestas, entrevistas a profundidad, ejercicios de observación directa y grupos focales a ciudadanos entre los 18 y 64 años de edad, en siete regiones, responsables de la compra de alimentos ultraprocesados para consumo en el hogar.

Como se esperaba, el principal criterio para la selección de un alimento fue el precio. Al eliminar la variable de dinero, lo que más pesó fue la marca del producto, según dijeron, por la confianza que les genera; y luego, distantes, se ubicaron características como la información nutricional, la fecha de vencimiento, el registro sanitario, los ingredientes, el sabor y el diseño o presentación.

“Los encuestados afirmaron que la información nutricional era relevante al momento de la compra, pero en realidad son muy pocos los que revisan esos datos en un alimento empacado y, muchos menos, los que de verdad los entienden”, señaló Forero en diálogo con EL TIEMPO.

Las razones que dieron los participantes del estudio para no leer las tablas nutricionales fueron la falta de tiempo a la hora de hacer el mercado, el tamaño pequeño de la letra, el uso de lenguaje muy técnico, la confusión que les genera la cantidad de unidades de medida que se incluyen y el desconocimiento de conceptos como la porción diaria y la recomendada.

“En general, el estudio concluye que los colombianos tienden a confiar más en la marca porque dicen que comprender las etiquetas y la información nutricional no es fácil. Muchas veces, estas son confusas respecto a las porciones, la unidad de medida y el aporte nutricional al cuerpo humano”, agrega Forero.

Lo que buscan

Del pequeño grupo (28 %) de los participantes que leen las etiquetas, el 76 % miran cuántas calorías aporta el producto a su dieta; el 70,9 %, las vitaminas y minerales; el 60,6 %, la grasa saturada; 52,4 %, la grasa total; el 50,5 %, las proteínas y el 49,5 %, los carbohidratos.

Los productos en los que más se revisan las etiquetas son los lácteos y sus derivados (80,4 %), los enlatados (71,7 %), los cereales para el desayuno (48,9 %), las bebidas, gaseosas y refrescos (46,7 %), y los 'snacks' o paquetes (44,6 %). Mientras que las etiquetas que menos se leen son las de los alimentos infantiles, con solo el 1 %.

Los colombianos tienden a confiar más en la marca porque dicen que comprender las etiquetas y la información nutricional no es fácil

Percepciones

La investigación también exploró la percepción de los participantes sobre las diversas formas de etiquetado nutricional que hay ya en la región, como la de Chile (sellos de advertencia) o la de Ecuador (semáforo), y la propia de Colombia (formato vertical estándar).

Sobre el modelo nacional, afirmaron que es el más complicado de entender de todos, que solo un profesional de la salud puede entenderlo, y por eso pidieron aclarar en términos más cotidianos la cantidad de porciones diarias recomendadas para el consumo, entre otros conceptos.

“A partir de lo que encontramos, recomendamos el uso de color, de recomendaciones claras de cantidad de nutrientes por porción, que se cambie el lenguaje a uno más comprensible y que se priorice la información de acuerdo con nuestro perfil epidemiológico en un eventual cambio de modelo de etiquetado”, expresó Forero.

Finalmente, la experta indicó que los resultados de esta investigación fueron aportados al Ministerio de Salud, como insumo de la regulación y actualización de la normatividad sobre etiquetado de alimentos que lidera la entidad.

En ese sentido, la investigadora recalca que los entrevistados dijeron estar interesados en una mayor regulación al respecto y que se les informe de manera clara qué alimentos son, o no, recomendables por sus beneficios para la salud, y que se haga una mejor verificación de los componentes e información nutricional que muchos productos en los mercados dicen contener en su etiqueta.

“La información nutricional es una herramienta para que los consumidores tomen una decisión en la compra de los alimentos de manera libre e informada. No se debe entrar en generalizaciones como, por ejemplo, que todas las grasas son malas o que todos los productos con contenidos calóricos lo son; lo que se debe es enseñar a las personas a consumir las porciones adecuadas para su edad y necesidades nutricionales”, concluyó Forero.

La información nutricional es una herramienta para que los consumidores tomen una decisión en la compra de los alimentos de manera libre e informada

Una propuesta de etiquetado

La organización Educar Consumidores plantea modificar la normatividad de etiquetado para que haya advertencias sobre el valor nutricional real del producto y que se informen de forma comprensible todos sus componentes.

“El etiquetado actual de alimentos es claramente favorable a los intereses de los fabricantes, que ponen declaraciones de salud que pueden ser confusas, no informan el contenido de nutrientes críticos de forma comprensible y visible y se requiere ser experto para poderla entender”, afirma Rubén Orjuela, nutricionista de Educar Consumidores.

“Por ejemplo, la galleta la venden como integral y le agregan un eslogan atractivo, cuando en realidad muchos de esos productos son altos en sodio, grasas saturadas y azúcares añadidos. Este problema se llama asimetría de la información”, agrega.

REDACCIÓN SALUD

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