‘Niksen’, el concepto holandés que revaloriza el ocio total

‘Niksen’, el concepto holandés que revaloriza el ocio total

Este término neerlandés lleva al extremo la idea de hacer nada.

Sueño y descanso

Diversos estudios han demostrado que dormir ocho horas es lo más aconsejable para descansar lo suficiente.

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iStock

Por: Sofía Beuchat - El Mercurio / GDA
03 de noviembre 2019 , 02:12 a.m.

Hace algunos años se puso de moda el hábito de buscar, en culturas ajenas, un concepto que explique su aparente éxito a la hora de acercarse a la felicidad. Así fue como, en 2016, las librerías del primer mundo vieron llegar muchas publicaciones –revistas, pero también una veintena de libros– en torno al hygge (se pronuncia ju-ga), palabra danesa que se asocia con la calidez de la vida puertas adentro, simbolizada por la ropa tejida y las velas prendidas.

Un año más tarde, se popularizó desde Suecia el valor del concepto lagom (se lee lar-gohm), palabra que alude a la idea de balance y equilibrio, pero también de justicia y equidad.

En 2019, esta tendencia dejó su predilección por los valores nórdicos y se trasladó un poco más al sur, hacia los Países Bajos, específicamente a Holanda. Ahí se encontró con el concepto neerlandés niksen, que viene del sustantivo niks (nada) y significa, en su traducción literal, hacer nada. Pero nada de nada. Ni siquiera echarse a ver televisión o leer una novela.

Para que el ocio sea en propiedad una vivencia acorde con la idea de niksen, lo que se haga con ese tiempo libre no debe tener ningún propósito ni finalidad, ni siquiera algo como ‘controlar el estrés’ o ‘buscar el bienestar’. Tampoco debe implicar algún tipo de esfuerzo físico o mental. Consiste, por decirlo en simple, en darse tiempo para soñar despierto. En eso se diferencia conceptualmente del mindfulness, suerte de meditación al estilo occidental donde se puede estar sin hacer nada, pero siempre con la atención enfocada, concentrada.

Al hablar de niksen, no hay metas, pero sí resultados: sus cultores aseguran que esta práctica ayuda a equilibrar mente, cuerpo y espíritu, carga las energías y devuelve una agradable sensación de sentirse a gusto con uno mismo.

La idea ha seducido rápidamente a las culturas occidentales, en las que la aceleración y el trabajo 24/7 son la norma. Muchos medios de comunicación se preocuparon de consignarlo. En mayo, The New York Times publicó un artículo sobre el tema que describió al niksen como “el arte holandés de no hacer nada”; luego, apareció The Guardian, donde se plantea como “una técnica de control del estrés cada vez más popular”; también se leyó en The Huffington Post y en la revista Time, donde se anunciaba que el concepto se vería por todos lados en este 2019.

Pero, a diferencia de lo que ocurrió con el hygge y el lagom, el niksen aún no es protagonista de muchos libros, al menos no en otro idioma que no sea el neerlandés. Una búsqueda rápida lleva solo a un volumen, una autoedición de 2018, de Carolien Janssen, llamada Niksen. The Dutch Art of Doing Nothing (Niksen. El arte holandés de hacer nada, 2018).

En su reseña, la publicación consigna que el niksen “es la nueva tendencia de estilo de vida que se está adueñando del mundo”. Lo que sí hay son bastantes libros que aluden a la misma idea de rescatar el valor de hacer nada, pero sin aludir necesariamente al concepto holandés. Como On Doing Nothing (2018), libro ilustrado del artista Roman Muradov, escritor, cineasta y profesor del California College of the Arts.

¿Cómo se vive una vida con más niksen? Simplemente, implica preocuparse de dejar algo de tiempo libre con cierta frecuencia –al menos un par de veces a la semana– y evitar llenarlo con tareas personales pendientes, aunque se puede combinar con manualidades que no requieran de mucha concentración, como tejer, o actividades relajantes semiautomáticas, como apretar bolas chinas de relajación. Se puede practicar niksen tendido en la cama, paseando por un parque o sentado al sol; lo importante es hacerlo por el tiempo suficiente para bajar las revoluciones corporales y despejar la mente de preocupaciones. No se trata de flojera ni pereza, sino un disfrute de la vida en su expresión más simple.

Huella calvinista

Holanda es una nación que ostenta una relación bastante saludable entre la vida laboral y el tiempo libre: se trabaja 40 horas a la semana, se tienen como mínimo 20 días de vacaciones, los traslados entre el hogar y las oficinas suelen hacerse en bicicleta por las cortas distancias, y la calidad de vida, en términos generales, es bastante alta. Sin embargo, es justamente ahí donde cada vez más se está llamando a parar, a detener el ritmo.

La psiquiatra holandesa Sanne van Rhijn tiene una explicación para esto. Desde Londres, donde actualmente está cursando un magíster en neuropsiquiatría, comenta que en su país, durante años, la idea de estar sin hacer nada era muy mal vista. Y que recién, en el último tiempo, la evidencia científica en torno a los beneficios del ocio ha ido cambiando de a poco esta visión.

Según la psiquiatra, esta mirada viene de los tiempos de la Reforma:
“Nuestra cultura está fuertemente influenciada por la tradición calvinista del siglo XVI, según la cual la gente debía estar haciendo cosas con algún propósito definido, mientras que simplemente disfrutar la vida aparecía como un pecado. Pero últimamente todo se está haciendo tan estresante y estamos tan recargados de estímulos que hemos empezado a pensar que está OK dedicarle un poco de tiempo al niksen, con el propósito específico de prevenir el burnout (estrés crónico o síndrome de desgaste profesional).

El ‘niksen’ es un músculo

Como psiquiatra, a Sanne le parece muy bien que se esté hablando de niksen en el mundo. Y por varias razones. “Pienso que es algo muy importante, tanto para niños como para adultos –opina–. Hay bastante literatura científica que muestra que hacer nada, es decir, practicar el niksen, estimula el pensamiento creativo. Cuando lo hacen los niños, crecen más independientes, menos ansiosos y con mejor capacidad de resolver problemas. Por último, hay bastante evidencia que muestra que el estrés crónico deteriora nuestra salud física y se relaciona con la hipertensión, la obesidad y la depresión. Con el niksen, a mi modo de ver, efectivamente le puedes hacer un gran favor a tu salud.

Sandi Mann, psicóloga de la Universidad de Lancashire Central, en Inglaterra, lleva algún tiempo estudiando esto. Según sus estudios, el hábito de soñar despierto efectivamente nos ayuda a ser más creativos y a enfrentar mejor los problemas. De ello habla en su libro The Upside (and Downside) of Downtime, publicado en 2017, donde analiza cómo el aburrimiento puede actuar como catalizador de la capacidad reflexiva, el humor y la inspiración.

Todo lo que ayude a mantener a raya el estrés, por otro lado, aparece como altamente deseable. Es sabido que el agotamiento mental reduce de manera considerable la productividad. Mientras parar un rato disminuye la ansiedad, hacerlo de manera sistemática ha demostrado ser capaz de fortalecer el sistema inmune.

El escritor/ilustrador Roman Muradov, autor del libro On Doing Nothing, agrega: “Hoy, con internet y las redes sociales, es más fácil que nunca sentir que no estás haciendo lo suficiente. Estar sin hacer nada es algo muy difícil: es mucho más sencillo llenar tu agenda y nunca enfrentar el silencio y el vacío que está en el núcleo de la vida”.

La psiquiatra Sanne van Rhijn comparte esa visión. Sabe que es difícil entregarse a la idea de estar sin hacer algo, porque el exceso de carga puede producir, al comienzo, reacciones que nos gustan, especialmente en culturas en las que andar sobrevendido es un símbolo de estatus y estar siempre disponible para los jefes es visto como una obligación.

Por eso, los especialistas recomiendan no autoexigirse demasiado, ir de a poco. Porque acostumbrar el cuerpo y la mente al niksen requiere de paciencia, para poder vivirlo, y también para observar los beneficios que trae.

“Hay que entenderlo como un músculo, que se fortalece con la práctica regular”, concluye la psiquiatra Van Rhijn.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (CHILE) / GDA

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