Ecoísmo: cuando uno cree que merece menos

Ecoísmo: cuando uno cree que merece menos

Nuevos enfoques terapéuticos ayudan a quienes se ponen en segundo plano y son presa de abusadores.

Ecoístas

Los ecoístas tienden a ser los más modestos y de mejor corazón, pero lidian con una baja autoestima.

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iStock

Por: Sofía Beuchat - El Mercurio (Chile) - GDA
24 de agosto 2019 , 09:33 p.m.

La historia de Narciso es conocida: este hombre joven y guapo se enamora de su propia imagen reflejada en una fuente y queda tan absorto que termina ahogándose en ella. Pero en este mito de Ovidio hay otro personaje que ha recibido menos atención: la ninfa Eco, quien se enamora de Narciso sin ser correspondida. Hera, la esposa de Zeus, se había disgustado con ella y la condenó a repetir las palabras que otros le dijeran; de ahí el origen de la palabra eco. Como ella no podía comunicarse, Narciso se burló de ella. Desolada, Eco se ocultó en las montañas hasta consumirse a sí misma.

Cuando el psicólogo estadounidense Craig Malkin –profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y columnista de ‘The Huffington Post’– estaba releyendo este mito para su libro ‘Rethinking Narcissim’ (Harper Collins, 2015), repentinamente cayó en cuenta de que Eco merecía más atención. Este personaje silenciado, débil y dependiente podía ser clave para entender lo que les sucede a las personas que se postergan por completo, al punto de negar sus propias necesidades y sentimientos. Inmediatamente, Craig escribió la palabra ‘ecoísmo’ en un pedazo de papel.

“El mito contenía las dos caras del narcisismo: los peligros de la adicción a sentirse especial, pero también la incapacidad de disfrutar ni la más mínima sensación de sentirse especial. Todo el mundo se olvida de Eco al hablar de este mito, pero eso hizo que el término fuera aún más apto”, apunta el psicólogo en una columna publicada a fines de septiembre del año pasado en la revista ‘Psychology Today’.

Desde su consulta en Cambridge, Massachusetts, Craig Malkin agrega: “El ecoísmo se podría definir como el opuesto del narcisismo y el egoísmo. Los ecoístas tienen miedo de sobresalir y sienten que merecen menos o son menos importantes que los demás. Tienden a ser las personas más modestas y de mejor corazón, pero en su versión extrema lidian con una baja autoestima. No se sienten merecedores de atención o cariño, les cuesta reconocer sus propios logros y no tienen la habilidad de reconocer su voz, sus necesidades y sus sentimientos dentro de una relación. Sienten que si piden ayuda serán una carga, un problema, una molestia”.

El ecoísmo no es un trastorno sino una característica que, según las investigaciones de Craig, se da en hombres y mujeres por igual. Y todos podemos tenerla en algún grado. El propio Craig Malkin se reconoce en algunos de sus descriptores: de niño, siempre se autoculpaba si alguien le hacía daño y era incapaz de celebrar sus propios logros: si sacaba una buena nota, era porque la prueba era fácil. “Me sentía mucho más cómodo dando cariño que recibiéndolo”, explica el psicólogo estadounidense.

Craig elaboró una escala –Narcissism Spectrum Scale– que evalúa en 20 ítems qué tan cerca se encuentra una persona del narcisismo o de su contraparte, el ecoísmo. Lo hace a través de aseveraciones como ‘me siento incómodo cuando soy el foco de atención’ o ‘no me gusta hablar de mí mismo’. Utilizó esta escala para evaluar en sus estudios a cerca de 2.000 sujetos, y hoy está disponible de manera gratuita en su página web. Pero aclara que no es una herramienta de diagnóstico, sino un instrumento que permite medir en qué punto del continuo entre ecoísmo y narcisismo se encuentra cada persona. En el centro ubica lo que se conoce como ‘narcisismo saludable’.

Según las investigaciones del psicólogo Jonathan Brown, de la Universidad de Washington, la mayor parte de las personas saludables y felices no se ven como una persona promedio, sino como algo un poco mejor que eso, incluso excepcional o único. Sentirnos un poco especiales es considerado una ‘autoestima normal’ y nos ayuda a mantener nuestros sueños, persistir frente al fracaso y hasta a vivir por más tiempo. Cuando rara vez nos sentimos así, como los ecoístas, sufrimos. Nuestra autoestima se aplasta, perdemos contacto con nuestras propias necesidades o sentimientos y hasta nos podemos deprimir.

Los ecoístas, explica Malkin, se vinculan mucho con narcisistas porque estos últimos están más que felices de ocupar el espacio de lucimiento y atención que los ecoístas dejan libre. Para el ecoísta, este vínculo es un alivio; una tabla de salvación frente a sus miedos más profundos. El narciso puede aprovecharse de esto y caer en conductas abusivas, físicas o psicológicas, sin que el otro le ponga freno. Especialistas se han volcado al estudio del ecoísmo para comprender por qué algunas personas víctimas de abuso físico o psicológico no responden con agresividad, evitan ponerle un alto al abusador y persisten en relaciones marcadas por la manipulación.

El abuso, aclara Craig Malkin, es responsabilidad del abusador en el ciento por ciento, independientemente de la personalidad o las debilidades que pueda tener la víctima. Pero los ecoístas tienden a culparse a sí mismos. Asumen, erróneamente, que si reciben maltrato es porque lo merecen. Porque todo es culpa de ellos.

Para el ecoísta, el vínculo con el narcisista es un alivio, una tabla de salvación frente a sus miedos más profundos

La terapia

La primera publicación científica que habla sobre ecoísmo apareció en 2005, en la revista ‘Psychoanalitic Review’. Más tarde, en 2012, Trevor Pederson –psicoanalista radicado en Wyoming– comenzó a utilizarla en su blog. Sin embargo, tras la salida del libro de Craig, el término comenzó a hacerse más popular entre los expertos en salud mental. Esto ha impulsado el surgimiento de talleres y grupos de apoyo para ecoístas. Uno de los más conocidos es The Echo Society, con sede en Londres. Esta ONG se orienta a “prevenir el abuso narciso”. Hasta hace poco se llamaba ‘The London Narcissistic Abuse Sup-port Group’. Trabajan con cursos de diez semanas, que apuntan a dar a los afectados un marco teórico que les ayude a sanear sus vínculos.

Un nuevo libro, escrito por la terapeuta inglesa Donna Christina Savery, fue publicado en mayo: Echoism. ‘The Silenced Response to Narcissim’. “Me interesaba ayudar a pacientes que vienen a terapia con un historial de repetidas relaciones con parejas narcisas, o con padres narcisos”, dice Savery sobre su motivación para escribir este volumen. Tal como le ocurrió a Craig Malkin, al revisar el mito se topó con mucha investigación en torno a Narciso, y poco que resonara en la figura de Eco. “Empecé a escribir y luego decidí llevar mis estudios a un libro en el que estos individuos fueran nombrados y conocidos en su propia ley, y no simplemente como personas codependientes”, explica Savery.

La terapeuta inglesa desglosa en su libro dos tipos de ecoísmo: el defensivo, que surge como una estrategia de sobrevivencia (por ejemplo, cuando se deja que otros tomen las decisiones), y el destructivo, que se refiere a casos más extremos, en los que el ecoísta se hace cargo de los deseos narcisos de otros. Para los pacientes, el hecho de que lo que les pasa tenga un nombre ya hace una gran diferencia, dice Malkin: “La mayoría de mis pacientes tienen la misma reacción: oír sobre ecoísmo es tener, al fin, un lenguaje para hablar de algo que siempre habían sabido, pero no lograban articular”.

Según los expertos, lo primero que los pacientes comprenden del ecoísmo es que se trata de una conducta aprendida, pero que puede desaprenderse. Los especialistas, tanto Malkin como Savery, opinan que los ecoístas creen que mientras menos pidan y más den, más recibirán de vuelta. Y esto les impide generar vínculos saludables, donde la entrega debe ser mutua.

El origen está en la niñez

“Los ecoístas parecen nacer con más sensibilidad emocional que la mayoría: sienten profundamente. Cuando este temperamento se ve expuesto a un padre que avergüenza o castiga por tener cualquier tipo de necesidad, las personas tienden a desarrollar un patrón ecoísta”, explica Malkin. Y luego relata el caso de dos pacientes. El primero tenía un padre arrogante que disfrutaba insultando a los demás y lo trataba de flojo y estúpido. Esto hizo que él se desviviera por dejar a su padre feliz, satisfaciendo cada uno de sus pedidos. De adulto, repitió este patrón con sus amigos y parejas. La segunda era una mujer cuyo padre se enojaba por cualquier cosa, y así aprendió que no debía molestar. Con el tiempo, no solo tenía miedo de decir lo que quería o pensaba: ni siquiera lo veía. A ese punto llegó su bloqueo mental.

Otras veces, agrega Malkin, el patrón ecoísta se instala de maneras más sutiles. Por ejemplo, si en una casa se enseña que tener grandes sueños es arrogante o que pedir un regalo es ser egoísta, los hijos aprenderán que postergarse por los otros es algo valorable. Estas personas pueden llegar a adultos sintiendo que tener un saludable orgullo propio es vergonzoso, especialmente cuando los padres son irónicos frente a estos temas.

Los pacientes, dice la terapeuta Savery, suelen llegar a consultar cuando el ecoísmo deja de servirles como una estrategia de sobrevivencia. Pero, asegura, debieran pedir ayuda antes, cuando se ven repitiendo patrones de conducta en los que buscan vincularse con narcisos, han sido criados por padres narcisos o sienten que no tienen ideas que puedan reconocer como propias. Para ellos, entender que el ecoísmo es una respuesta a una experiencia de vida es de gran ayuda para comprender que se trata de conductas que pueden desaprenderse. El foco del proceso terapéutico, individual o en pareja, es ayudar a las personas a volver a sentirse cómodas al pedir apoyo y amor mutuo.

“Los pacientes necesitan superar hábitos aprendidos de inseguridad o culpa. Necesitan aprender a expresar a otros los momentos en los que se sienten tristes, asustados, solos, avergonzados o preocupados, en vez de seguir diciéndose a sí mismos que hacer eso implicaría ser una carga para los demás. Esta es la clave para lograr lo que se conoce como apego seguro, y es también la clave para superar el ecoísmo”, explica Craig Malkin.

Y agrega: “Usualmente les repito a los pacientes una idea simple: ‘No se siente como una carga cuando me pides algo; se siente como intimidad. Me gusta cuidarte y me siento más cerca de ti cuando lo hago’. Los ecoístas necesitan escuchar que, al contrario de lo que aprendieron en su historia familiar, no necesitan sacrificarse a sí mismos para hacer felices a otros.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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