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¿Cuáles son las ventajas de tener un mal día?
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Saber gestionar nuestras emociones no es esconderlas ni suprimirlas, es reconocerlas.

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¿Cuáles son las ventajas de tener un mal día?

Saber gestionar nuestras emociones no es esconderlas ni suprimirlas, es reconocerlas.

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La psiquiatra española Anabel González habla sobre desmontar el siempre de la idea de felicidad.

Todos los indicios eran de un buen día; sin embargo, resultaron ser todo lo contrario. En la noche, una tubería se reventó e inundó el apartamento, el perro comió algo en el parque que lo enfermó, su esposo la llamó para contarle que el vuelo estaba retrasado y llegaría muy tarde a casa; su jefe la llamó para decirle que el negocio se había caído y tendrían que despedir a varios.

¿Qué más podría salir mal? Cuando llamó a su amiga para contarle lo sucedido, la respuesta que le dio fue la peor que le pudo dar: “al mal tiempo, buena cara”, o por lo menos es un pésimo consejo según la psiquiatra y psicóloga española Anabel González. EL TIEMPO conversó con Anabel por su libro Lo bueno de tener un mal día, una guía de supervivencia emocional.

Principal ‘tip’ para la persona que mientras lee esta entrevista tiene un mal día.

Que podemos llevarlo de muchas maneras, y que eso es lo que va a marcar la diferencia. Dejemos de hacer lo que puede empeorar las cosas: machacarnos por estar mal o autoabandonarnos, y preguntémonos ¿qué le diríamos a nuestro mejor amigo?, ¿qué haríamos por él/ella? Y tomemos eso como guía para decidir qué hago.

Cuidarnos emocionalmente por dentro es importante, pero ser capaces de conectar con otros y apoyarnos mutuamente es fundamental

En estos tiempos de enfermedad, dolor, muerte... ¿cómo resistir?

Boris Cyrulnik hablaba recientemente de la resiliencia, que es nuestra capacidad para resistir y afrontar la adversidad y el dolor. Decía algo muy importante, y es que esta resiliencia tiene mucho que ver con las relaciones. Cuidarnos emocionalmente por dentro es importante, pero ser capaces de conectar con otros y apoyarnos mutuamente es fundamental. Porque todos tenemos un punto de ruptura, pero si tenemos una red, tardamos más en rompernos. Ahora estamos en modo supervivencia, lógicamente agotados, y con seguir funcionando podemos darnos por satisfechos, porque ya es mucho. Tiene sentido bajar el nivel de exigencia, buscar formas de descargar tensión, pensar qué nos ayuda y no dejarnos arrastrar por la inercia, sobre todo si nos vamos encontrando peor. A veces, en piloto automático todo va bien, pero si no es así, es interesante que nos paremos a ver qué estamos haciendo con nuestras emociones, y ver si podemos hacer algún cambio que nos ayude a llevar mejor las situaciones.

‘Lo bueno de tener un mal día’ Editorial: Planeta $ 45.000

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cortesía Planeta

¿Es necesario desmontar la idea de que debemos ser siempre felices?

Debemos desmontar el “siempre”. Lógicamente buscamos la felicidad, pero para poder tener una vida satisfactoria hemos de saber manejar bien la adversidad, resolver las dificultades y los reveses de la vida. La felicidad real no tiene nada que ver con un estado de éxtasis permanente, sino con una vida llena de significado, de relaciones y de cambios.

El filósofo Byung-Chul Han critica el exceso de positividad en la que estamos inmersos, ¿qué piensa al respecto?

Creo que vivimos en una era de la exageración, en la que todo es superlativo, al menos cuando hablamos de ello. Lo es tanto la felicidad como la infelicidad. Por supuesto, interesa vender la primera, y recetas fáciles y rápidas para conseguirla. Pensar que las cosas se consiguen poco a poco, darles valor al camino, al esfuerzo y la paciencia parece ir en contra del modo de ver el mundo en esta época.

¿Estamos anestesiados por la idea de la felicidad? ¿Se relaciona con la dictadura emocional?

La dictadura emocional de la que hablo en Lo bueno de tener un mal día tiene más que ver con nosotros mismos, con cuando nos imponemos sentir lo que no sentimos o dejar de sentir las emociones que no nos gustan. Pero esto no tiene necesariamente que ver con la felicidad. Hay personas que se sienten mal por no estar tristes por una pérdida de alguien con quien no tenían demasiada relación, o no quieren estar enfadados porque piensan que eso les hace ser malos… No podemos decidir lo que hemos de sentir, sencillamente porque las emociones no se van a dejar, no funciona así.

¿Cuál es el precio de suprimir las emociones?

Que buscarán un camino menos natural para expresarse, siempre lo hacen. A veces se manifestarán como problemas físicos o emocionales, que nos costará entender y solucionar, porque su origen estará en esas emociones que hemos tratado de anular.

Dejemos de hacer lo que puede empeorar las cosas: machacarnos por estar mal o autoabandonarnos, y preguntémonos qué le diríamos a nuestro mejor amigo

¿Cuál es el rol de las redes sociales en la forma como entendemos la felicidad?

Si nos movemos en distintas redes podemos ver distintos lados, Twitter e Instagram son muy diferentes en ese sentido. Podemos también mimetizarnos con ellas, o mantener nuestro modo de estar. Creo que en esta etapa de tanto aislamiento han sido una vía de comunicación muy importante. Como todo, también han sido a veces una fuente de sobreinformación y estrés. No son más que herramientas en la que nos movemos, y en las que se crean sistemas dinámicos. Tendremos que introducir ahí más reflexión por nuestra parte sobre cómo usarlas.

¿Cómo entendemos el sufrimiento en la sociedad contemporánea?

Quizás en otras épocas el sufrimiento como parte de la vida estaba más incorporado. En la nuestra, al igual que hemos desarrollado analgésicos para anular el dolor físico, también hemos creado muchos modos de anestesiarnos emocionalmente. Hasta cierto punto está bien no sufrir más de lo necesario, pero no todo el dolor puede evitarse. Quizás podríamos diferenciar dolor y sufrimiento. El sufrimiento es como algo extra, como algo que añadimos al dolor inevitable que la vida a veces trae. Esto se produce cuando nos juzgamos duramente, cuando nos presionamos más allá de nuestras posibilidades o no buscamos lo que es bueno para nosotros.

Se habla de que la inteligencia emocional es una habilidad necesaria para el trabajo, pero ¿qué significa en realidad la inteligencia emocional?

La inteligencia que necesitamos para resolver un problema matemático no nos ayuda necesariamente a entender a las personas. Ahí entran en juego la intuición, la empatía, la capacidad de estar conectados con nosotros mismos, de reflexionar, de ver la realidad… Una buena comprensión de nuestro mundo emocional y el de los demás nos ayuda a funcionar mejor a muchos niveles.


SIMÓN GRANJA MATIAS 
REDACCIÓN DOMINGO 
@SIMONGRMA

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