Pereza sexual / Sexo con Esther

Pereza sexual / Sexo con Esther

Las ganas, y enseguida las encamadas, no surgen de la nada, sino que hay que trabajarlas.

Sexo marital

Los polvos requieren de energía, dedicación y tiempo, por lo que muchos piensan que en lugar de aliviar, termina agotando más.

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123RF

Por: Esther Balac
27 de octubre 2018 , 10:00 p.m.

El sexo no es algo que sucede porque sí, sino que se trata de algo que ocurre porque se busca, se promueve y facilita. En otras palabras, las ganas, y enseguida las encamadas, no surgen de la nada, sino que hay que trabajarlas.

Para empezar hay que decir que el cerebro puede ayudar a que sobre el catre se tengan faenas apoteósicas, pero también puede activar el interruptor que apaga el deseo y la ocasión. De ahí que se diga que es el órgano sexual más sensible.

Con esto quiero introducirme por el terreno pantanoso de la pereza frente al aquello, que afecta a muchas parejas, al punto de que, independientemente de la fogosidad de los primeros encuentros, terminan sacando en estampida, sin fórmula de juicio, los polvos y las ganas, sin que esto les preocupe. Tengo que decir que la libido es la parte más importante del desarrollo y la participación activa de cada miembro de una relación, y si este no está en su punto, la jubilación del departamento inferior del cuerpo es casi inminente.

El asunto es que cuando esto sucede no se ponen los puntos donde debe ser, sino que comienzan las discusiones, el distanciamiento, se merman la autoestima y las fricciones. Y justo ahí es cuando hay que hacer un alto y echar mano de las soluciones.

Lo primero es que el cansancio no llega solo. y hay que identificar las potenciales causas. Es claro que la rutina hace que las personas conocidas puedan parecer aburridas. Lo mismo hay que tener en cuenta que el cansancio puede ser un mal consejero, porque los polvos requieren de energía, dedicación y tiempo, por lo que muchos piensan que en lugar de aliviar, termina agotando más.

Capítulo especial merece el estrés, que impide meter la mente en la cama y la catapulta hacia la angustia y el agite cotidiano, y en esas condiciones no hay estímulo que valga.

Pero también hay que prestarles atención a otros enemigos que se cuelan bajo las sábanas, como la baja autoestima de algunos de los miembros; el aumento de peso, que elimina la autoconfianza, y algunas creencias, como aquellas que consideran que nosotras no podemos sentir deseos sin dejar de lado los antecedentes de infidelidad o la desconfianza.

Todo esto es potencialmente manejable si se toma en serio aquello de que la sexualidad es un componente vital y necesario para las personas, es parte integral del mismo autocuidado.

Claro, las ganas también se pueden bajar por algunas enfermedades, ciertos desequilibrios hormonales, tumores y, por supuesto, los consumos irracionales de alcohol y tabaco.

No sobra decir que encamarse no es una obligación y que los polvos caen en el rango de las opciones; sin embargo, una vida sexual apática es una condición que debe remontarse de manera individual o en pareja, para beneficio no solo del desganado, sino también de su entorno. Así que lo digo con claridad: si su pereza es sexual, no vale la pena que siga con este diagnóstico. Empiece por hablar con su pareja. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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