'Llevo esperando 30 horas a que me hospitalicen, y no pasa nada'

'Llevo esperando 30 horas a que me hospitalicen, y no pasa nada'

Congestión de servicios de urgencias y maltrato a los enfermeros se evidencian en clínica de Cali.

urgencias

La paciente continuaba en espera en la camilla mientras otros 20 enfermos también estaban pendientes de que un médico los evaluara.

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Juan Pablo Rueda 

Por: Carolina Bohórquez
13 de febrero 2020 , 11:55 a.m.

Cuando llegamos, Merceditas Castro completaba 30 horas en una camilla, ubicada casi en la entrada de la congestionada sala de Urgencias en la clínica privada Nuestra Señora de los Remedios, en el norte de Cali.

Con 66 años, Castro había sido operada el fin de semana antes de aquel martes 27 de agosto, cuando seguían y seguían llegando más personas que afuera de este centro médico clamaban que se les permitiera el acceso. Le habían practicado una cirugía de reconstrucción de un bypass gástrico que se complicó. En ese momento, debía someterse a una diálisis.

Su historia se la narró, al igual que lo hizo su hija Nancy, a uno de los ocho funcionarios de la Defensoría del Pueblo con los que esa noche del martes llegamos a la clínica de Los Remedios para observar cómo se llevaba a cabo la atención de urgencias y, al tiempo, hacer un cuestionario tanto a pacientes como al personal médico para ampliar ese contexto.

Debido a la recaída que sufrió tras la cirugía, la señora Castro ingresó por Urgencias, y aunque su familia y ella esperaban la orden de hospitalización —es decir, que la subieran de piso a una de las camas—, esa decisión nunca llegó.

Nueve de la noche del 27 de agosto. La paciente continuaba en espera en la camilla mientras otros 20 enfermos también estaban pendientes de que un médico los evaluara. Ocho especialistas, cuatro enfermeras profesionales y tres auxiliares de enfermería van y vienen por el recinto.

Una niña de cuatro años era uno de los 20 enfermos. Llevaba dos días con fiebre de 38 grados. Otra señora tenía dificultad para respirar, y ambas estaban afuera, rogando que las dejaran ingresar. En el caso de la niña, en la clínica les explicaron a los delegados de la Defensoría que allí ya no hay pediatras y que, por lo tanto, no podían atenderla; una situación extraña para los funcionarios, ya que, al haber sido remitida desde la clínica Versalles, también en el norte de la capital del Valle del Cauca, debían saber que en Los Rosarios no podría recibir ese tipo de atención.

“Yo no me quejo de cómo los médicos y las enfermeras me han atendido acá, pero llevo esperando 30 horas (eran las 9 de la noche del 27 de agosto) para ver si me pasan a hospitalización, y nada”, dijo la señora Castro. Añadió que no había garantía de que en la clínica le practicaran la diálisis al día siguiente. Debe pasar por ese procedimiento tres veces por semana.

Más de una docena de cubículos con sus respectivas cortinas estaban ocupados por pacientes en camillas, dos de los cuales estaban en aislamiento. Cinco personas más, entre ellas Merceditas Castro, seguían en camillas en el corredor de acceso a Urgencias. Otros enfermos estaban en sillas acolchonadas. Sin embargo, como lo indicó una de las enfermeras, el que 20 enfermos llegaran a esta área por atención se debía a la acumulación del día anterior. En total, una veintena de pacientes estaban pendientes de atención en Urgencias en la clínica de Los Remedios de Cali, mientras que otra docena se encontraba en camillas, repartidos en cubículos separados y otros en corredores de Urgencias.

Esa misma noche, sus familiares gestionaron la manera de que el médico que la operó en la clínica ordenara su salida para que así ella estuviera en su vivienda, con mejores condiciones, mientras buscaba solucionar lo de la diálisis.

***

Uno de los trabajadores de la Defensoría habló con una enfermera, un médico y un auxiliar para determinar si ellos han sido agredidos por pacientes o familiares de los mismos o si han sido, inclusive, blanco de acosos en su labor diaria. Los tres coincidieron en que no han sido acosados ni por jefes u otros empleados del centro asistencial, pero sí afirmaron que a diario deben sortear las agresiones verbales de enfermos y allegados. Aseguraron que tampoco los han atacado físicamente.

El auxiliar de enfermería, quien lleva nueve años en la clínica, seis de los cuales ha trabajado en Urgencias, recordó una amenaza muy seria. “Era el familiar de un paciente que me dijo: ‘Usted no sabe quién soy yo’. Me lo dijo porque yo hablo a las personas y sonrío, y como que no le gustó. El problema en Cali es que a vos te amenazan por todo, en la calle, en el MIO (sistema de transporte público), en todas partes”.

CAROLINA BOHÓRQUEZ
EL TIEMPO - CALI

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