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No les pagan a hospitales y el precio de medicamentos sigue subiendo
Médicos del hospital de Kennedy protestan por falta de protección

Médicos del hospital de Kennedy reclaman por la falta de condiciones de seguridad en su trabajo.

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César Melgarejo.

No les pagan a hospitales y el precio de medicamentos sigue subiendo

El covid-19 ha llevado a que se analice cuál es la situación económica de las EPS en Colombia. 

¿Se ha preocupado usted por averiguar en qué situación económica están los hospitales y clínicas de Colombia en medio de esta terrible emergencia del coronavirus?

Tengo la impresión de que la gente, agobiada por los sobresaltos diarios de la pandemia, ha ido olvidando las dificultades financieras que afrontan las instituciones hospitalarias, especialmente por culpa de aquellas deudas que no les pagan algunas entidades encargadas de promover la salud (EPS) y por los precios a que han llegado los medicamentos y utensilios sanitarios.

En busca de una respuesta confiable a esa inquietud, pedí la ayuda que pudiera prestarme la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), dirigida por Juan Carlos Giraldo Valencia. Ellos, y su oficina de prensa, fueron los que atendieron mis preguntas y tuvieron el cuidado de responderlas.

Para decirlo de un solo golpe, apenas empezando esta crónica, y como si fuera un trancazo en la cabeza, vamos de una vez a las cifras, ya que, como he repetido varias veces, los números nunca mienten: el corte de cuentas que dicha asociación hospitalaria hizo el 31 de diciembre pasado –hace apenas tres meses y medio– revela que a un grupo de 202 hospitales y clínicas de todo el país las EPS les estaban debiendo, por prestación de servicios de salud, la terrible suma de 10,6 billones de pesos. Billones. El 58 por ciento de semejante platal estaba en deudas morosas.

Peor aún: el propio Ministerio de Salud informa que, en septiembre último, dicha deuda era de 21,4 billones de pesos.

Y todavía hay noticias más aberrantes. La Superintendencia Nacional de Salud, por su parte, ha dicho que durante la pandemia, mientras las instituciones hospitalarias veían disminuir sus ingresos, las EPS, que son sus deudores incumplidos, tuvieron utilidades superiores a 1 billón de pesos. Qué tal esa.

(Le sugerimos leer: Niños no están siendo más afectados por el covid-19 en Colombia)

Las mejores y peores EPS

La situación ha llegado a tal extremo que, para evitar la catástrofe del cierre de hospitales cuando más se necesitan, el Gobierno nacional tuvo que comprarles a algunas EPS parte de la cartera que les debían, pero les giró directamente a dichos hospitales y clínicas, para evitar más travesuras.

En ese momento el Estado pagó 407.000 millones de pesos. Hasta ahora no han intentado recuperar ese dinero. Yo me pregunto: ¿por qué el Gobierno tiene que coger la plata de la gente para pagar deudas de particulares? ¿Por qué más bien no los obliga a que paguen sus propias deudas? Ah, caramba: ¿entonces la gente paga su salud dos veces, la primera en sus cuotas a las propias EPS y la segunda cuando el Estado tiene que poner el dinero de los colombianos para responder por ellas?

Al llegar a este punto pienso que no puedo cometer la injusticia de dejar que los lectores sospechen de todas las EPS. Algunas habrá que sean inocentes. Como supongo que debe haber cumplidas e incumplidas, como en todas las actividades humanas, le pido a la asociación hospitalaria que me suministre esa información.

Según lo estableció el primer estudio de las deudas y prácticas indebidas de las EPS, en una investigación adelantada por la propia agremiación de los hospitales, las empresas de peor comportamiento han sido: Nueva EPS, Medimás, Coomeva y Ambuq.

Por el contrario, las más cumplidas y ejemplares son: Compensar, Sura, Mutual Ser y EPS Sanitas.

(Además: 383 quejas contra EPS y hospitales por mal servicio en Barranquilla)

¿Y los medicamentos?

Mientras avanzamos en este trabajo, el doctor Giraldo Valencia, que, como ya dije, es el director del gremio hospitalario, le pide al Estado que intervenga y tome las decisiones necesarias para detener y corregir esta situación que, el día menos pensado, puede provocar una hecatombe en la salud de los colombianos.

Nosotros esperábamos –dice él– que estos problemas tan graves dejaran de presentarse en épocas de pandemia. Pero la triste verdad es que la situación ha ido empeorando.

Como éramos pocos, parió la abuela, dice el viejo refrán de la sabiduría popular.

Es que, como si no bastara con la crisis económica de clínicas y hospitales, ahora ha aparecido el eterno problema colombiano relativo al aumento en el precio de los medicamentos. O reaparecido, mejor dicho, agravándose en estos tiempos de coronavirus.

El mismo gremio hospitalario hizo una encuesta entre sus afiliados y logró establecer, como si fuera poco, que en Colombia hay escasez de medicamentos que son imprescindibles para brindar una adecuada atención a las víctimas del virus. Y cuando por fin aparecen, entonces han subido de precio.

Ustedes me disculpan si les parezco un malpensado, pero, sabiendo cómo son las cosas que pasan aquí, ¿no será que primero los esconden para después subirles el precio?

Lo que han hecho con el precio de las medicinas y de algunos elementos para la protección del personal hospitalario, aprovechándose de esta tragedia monstruosa, no tiene perdón de Dios. Le pido a Aydé Cristancho, jefe de prensa de la Asociación de Hospitales y Clínicas, que me ponga algunos ejemplos. Su respuesta es oportuna pero estremecedora. Aquí va.

(Otro texto de Juan Gossaín: OK, les doy las gracias y se las entrego en una bandeja de plata)

Son varias las EPS morosas
que desaparecieron durante todo este tiempo y que fueron liquidadas sin haber pagado lo que debían al gremio hospitalario.

En los últimos meses algunos medicamentos, que son prioritarios para atender a los pacientes de covid-19 en las salas de cirugía y en las unidades de cuidados intensivos, comenzaron a escasear en medio de la pandemia.

En vista de esa realidad, el gremio hospitalario resolvió hacer una investigación entre 70 de sus afiliados, de los cuales la inmensa mayoría –52, para ser exactos– son instituciones privadas.

Fue entonces cuando se pudo comprobar cuáles eran los ocho productos que habían desaparecido misteriosamente del mercado: Midazolam, Ketamina, Fentanil, Propofol, Remifentanil, Metadona, Morfina e Hidromorfona.

Ya están reapareciendo, pero su precio ha subido de una manera tan alarmante que algunos cuestan dos veces más que el año pasado.

Fentanil, por ejemplo, subió 95 por ciento (el doble, como quien dice); Midazolam, el 81 por ciento, y Propofol, el 74 por ciento. El resto tuvo incrementos de precios que van del 5 al 38 por ciento.

Y, como si fuera poco, durante el mismo período lo que pagan los hospitales por elementos para la protección personal de sus trabajadores, incluyendo productos de laboratorio, pero también mascarillas, guantes, uniformes y demás, ha subido, en promedio, 163 por ciento.

(Puede leer: Incautan más de 400 mil unidades de medicamentos vencidos en el país)

¿Y dónde está el Estado?

En vista de semejante cantidad de abusos, y en vista de que la situación podría empeorar, el presidente de la Asociación de Hospitales y Clínicas de Colombia, el doctor Giraldo Valencia, resolvió que lo más conveniente era informarle al Gobierno lo que estaba pasando.

En una reunión personal que tuvieron hace varias semanas, él mismo le entregó al ministro de Salud los resultados de las encuestas que había hecho su asociación con los hospitales y clínicas de todo el país, y le pidió, en primer lugar, y con carácter de urgencia, que el Gobierno explore con la industria farmacéutica todas las opciones posibles para evitar esas escaseces y carestías de medicamentos

En aquella conversación quedaron en que el propio doctor Giraldo Valencia le remitiría tan grave información al Invima, el organismo oficial que es la autoridad competente en el tema de los remedios. Así lo hizo. Además, les propuso a los funcionarios oficiales que tomen todas las medidas necesarias para evitar la especulación con los precios de dichos remedios.

Tengo en mis manos la carta que Giraldo Valencia le mandó al director general del Invima. Está fechada el 23 de marzo pasado. En ella le cuenta, detalle por detalle, todos los resultados de la encuesta hecha a las setenta instituciones hospitalarias sobre la escasez y la carestía de los remedios.

Un drama de veinte años

Escribo estas palabras el 12 de abril. Han pasado ya veinte días desde el envío de aquella carta, y hasta ahora no ha habido respuesta alguna de esa entidad estatal. Ni de ninguna otra. Silencio completo.

Como ya llegamos al final, es hora de que volvamos al comienzo de esta historia. Esta situación se ha ido agravando tanto en perjuicio no solo de las instituciones hospitalarias, sino especialmente de la salud de todos los colombianos, porque desde hace más de 20 años los hospitales y clínicas empezaron a tener dificultades y contratiempos para que algunas Empresas Promotoras de Salud (EPS) les paguen a tiempo, y ojalá completas, las cuentas generadas por sus servicios.

Como ya lo vimos al principio, el no pago por parte de esas entidades morosas ha provocado que se acumulen deudas billonarias que en muchos casos, incluso, se quedaron definitivamente sin cancelar.

Son varias las EPS morosas, tanto privadas como estatales, que desaparecieron durante todo este tiempo y que fueron liquidadas sin haber pagado lo que debían al gremio hospitalario. Le pido al doctor Giraldo que me recuerde algunos de esos casos. Me menciona, para citar apenas algunos ejemplos, a Saludcoop, Cafesalud, Caprecom, SelvaSalud y varias más.

(Le sugerimos: Cómo hacer y qué debe contener una tutela contra la EPS

Epílogo

Confieso ante ustedes que estoy aterrado. Quedé tan apabullado al terminar este trabajo, que se me está saliendo el corazón por la boca.

No quiero estar presente el día en que las clínicas y hospitales de Colombia, sean privados o públicos, digan que, después de tantos martirios, ya no pueden seguir trabajando en medio de semejante calvario y que, en consecuencia, se ven obligados a cerrar sus puertas.

No quiero ni imaginarme lo que nos pasaría si eso ocurriera en este preciso momento y los hospitales dijeran que no pueden garantizar su atención al público y que no pueden mantener sus servicios para enfrentar la pandemia.

¿Vamos a seguir en esto toda la vida? ¿Es que aquí no hay nadie que defienda el primer derecho de la gente, el más importante, el derecho fundamental a la salud, por el cual estamos pagando con nuestro dinero? ¿Ya hemos llegado a semejante grado de postración?

¿Dónde están los dirigentes, la justicia, los líderes públicos, los que salen a pedir votos en época de elecciones? ¿Dónde?

JUAN GOSSAIN
Especial para El Tiempo

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