Lavarse las manos: ese sencillo hábito que tanto protege nuestra salud

Lavarse las manos: ese sencillo hábito que tanto protege nuestra salud

No imaginamos la cantidad de enfermedades que podríamos evitar si lo hiciéramos cotidianamente.

Simulacro: ¿Cómo debo cuidarme si en la casa hay alguien enfermo?

Saludamos, tomamos objetos, nos apoyamos... Las manos llevan y traen muchas bacterias, hongos y virus.

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Por: Redacción salud
21 de marzo 2020 , 11:16 p.m.

Por estos días, cuando el mundo se inquieta por la presencia de un nuevo virus, el lavado de las manos vuelve a ser protagonista de todas las campañas de prevención para frenar su expansión.

Y no es en vano, porque, de acuerdo con Carlos Álvarez, expresidente de la Asociación Colombiana de Infectología, el lavado correcto y frecuente de las manos disminuye el riesgo de contagio del nuevo coronavirus hasta en un 50 por ciento, una cifra suficientemente válida para insistir en hacerlo.

Según varios estudios, el aseo adecuado de las manos puede atenuar la posibilidad de adquirir o de transmitir hasta 200 enfermedades, la mayoría de ellas de tipo infeccioso, recuerda Cesar Burgos, médico dermatólogo y presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas.

“No es exagerado decir que el simple hábito de lavarse las manos frecuentemente puede salvar las vidas, no solo de quienes ejecutan la medida sino de su entorno”, agrega Burgos.

Pero ¿por qué las manos transmiten males? El dermatólogo Campo Elías Páez dice que basta ver que al toser o estornudar, son las manos la parte del cuerpo que instintivamente se utiliza para cubrir la boca.

“Sin pensarlo, la mano también va a la nariz, cuando esta se llena de secreciones”, dice Páez, y en estos dos actos los gérmenes quedan pegados a las manos, en donde pueden sobrevivir por mucho tiempo y pasarse con facilidad tanto a personas como a objetos.

Burgos insiste en que esto no ocurre solo cuando hay gripas, sino que bacterias, virus y hongos pueden fácilmente adherirse a la piel, con la mera realización de actividades cotidianas como la de tirar la cadena del baño, abrir una puerta, compartir objetos o agarrar algún elemento del transporte o del inmobiliario público.

En todas estas acciones, incluidas las de ayudar a otros, cambiar un pañal o simplemente apoyarse para no caer, pueden instalarse microorganismos que de no retirarse rápidamente incluso pueden multiplicarse en nuestras manos, asegura Álvarez.

Pero el asunto no es que los elementos patógenos queden en las manos, porque, según Páez, estos pueden fácilmente llegar al propio organismo, porque las personas contaminan con sus manos alimentos, elementos de aseo como cepillos de dientes o simplemente se llevan las manos a la boca más veces de las que imaginan.

Ahora, Páez dice que sobre la piel de las manos existen millones de bacterias que forman parte de la flora microbiana y la mayoría de ellas son inofensivas. Sin embargo, estos no son los problemáticos, sino aquellos que circulan de mano en mano, con capacidad para enfermar y entre ellos están principalmente los virus, agrega Páez.

A través de las manos se pueden transmitir infecciones respiratorias como gripa común, influenza, neumonías y tos ferina, alteraciones intestinales como cólera, diarrea, hepatitis, gastroenteritis y parasitosis; de la piel como el impétigo, dermatitis estafilocócicas y otras bacterianas y por hongos; a nivel ocular puede transmitirse conjuntivitis; en el oído, otitis; y a nivel genitourinario, virus del papiloma, herpes y muchas otras.

Simulacro: ¿Cómo debo cuidarme si en la casa hay alguien enfermo?
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De acuerdo con la Unicef, más de 300.000 niños menores de 5 años mueren anualmente en el planeta por enfermedades diarreicas ligadas a la falta de saneamiento y agua potable.

En armonía con esto, la Organización Mundial de la Salud calcula que sumando las enfermedades respiratorias, como neumonías y otras alteraciones prevenibles, los gérmenes dejan 1,4 millones de niños muertos cada año en el mundo, una cifra abrumadora “que se podría reducir fácilmente si se dispusiera de agua y la práctica simple de lavarse las manos”, dice el infectólogo Álvarez.

Pero, además de salvar vidas y de evitar enfermedades, de acuerdo con Álvarez, el lavado de manos también se ha demostrado que favorece significativamente la disminución en el consumo de antibióticos y, por ende, “también ayuda a bajar la preocupante resistencia a estos fármacos; todo con solo lavarse las manos”, remata Álvarez.

Y no piense que este es solo un problema de los países más pobres, porque varios estudios han demostrado que incluso en el llamado primer mundo hay naciones con estadísticas preocupantes de enfermedades transmitidas por esta vía.

lavar manos
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Aunque parece sencillo, el hábito del lavado de manos es muy difícil de consolidar. De ahí la importancia de recordar algunas pautas específicas para eso.

Lo primero que hay que decir, manifiesta Páez, es que el lavado ideal de manos se debe realizar con agua limpia (a cualquier temperatura) y con cualquier jabón. “Lo importante aquí –subraya–, es hacerlo a conciencia y dedicar el tiempo suficiente, para un restregado profuso, sin dejar ninguna parte de las manos sin lavar”, dice Páez.

Burgos insiste en que secar las manos es tan importante como lavarlas. De ahí que en las casas el uso de toallas limpias específicamente dedicadas para las manos es clave. Y en los espacios públicos, se recomienda un secado por ventilación o con toallas desechables de papel. En el caso de utilizarse geles específicos o toallas con solución jabonosa, hay que entender que estas son alternativas, mientras se llega a la casa.

¿Cuándo hacerlo?

Hay que hacerlo varias veces al día, especialmente en estas situaciones:

Siempre después de entrar al baño.

Después de toser, sonarse, estornudar o de tener contacto con cualquier secreción corporal.

Después de cambiar pañales o ayudar en el aseo a cualquier niño.

Después de entrar en contacto con mascotas.

Al manipular basuras.

Antes y después de preparar alimentos.

Antes de comer.

Después de entrar en contacto con personas enfermas.

Antes y después de realizar una curación, cambiar un vendaje o después de realizar alguna práctica de aseo o cosmética en el cuerpo.

Al bajarse del transporte público.

Al llegar a la casa.

REDACCIÓN SALUD

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