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Colombia retrocedería décadas en cuanto a planificación familiar
Embarazo covid-19

Una de las causas de deserción escolar en el país es el embarazo infantil y adolescente.

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Colombia retrocedería décadas en cuanto a planificación familiar

Una de las causas de deserción escolar en el país es el embarazo infantil y adolescente.

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Graves consecuencias de la pandemia en el deterioro de la salud sexual y reproductiva.

La pandemia transformó nuestros modos de vida: la incertidumbre hace parte del día a día, la interacción social se trasladó al mundo virtual y miles de familias sufrieron pérdidas tanto personales como laborales.

No obstante, la consigna ‘Quédese en casa’ recomendada por los epidemiólogos representó mayor dificultad para la vida de las mujeres que para la de los hombres. El aislamiento fue el regreso de la familia tradicional —cuya naturaleza es patriarcal—, lo cual afectó a las mujeres, pero especialmente a las mujeres de hogares con pocos ingresos.

Si antes de la pandemia las familias de bajos ingresos ya vivían en condiciones precarias, con la pandemia las mujeres adquirieron la sobrecarga de las tareas del hogar. Incluso, muchas mujeres dejaron sus empleos para ocuparse del hogar.

(Le puede interesar: Así le pegó el covid al dólar, la inflación, el trabajo y la longevidad).

Según los últimos datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (Enut), durante la pandemia aumentó el tiempo que la mujer dedica a las actividades del cuidado del hogar. En 2016 se registró un promedio de 3,25 horas más de trabajo en mujeres respecto de los hombres, mientras que en 2021 se registró un promedio de 4,45 horas más. Esta situación es un retroceso en la división equitativa del trabajo, pues obliga a las mujeres a atender la emergencia sanitaria y no a generar ingresos en otras actividades productivas. Lo anterior se traduce en la pérdida de autonomía, de proyectos de vida y de solvencia económica.

Un panorama difícil

Desatender los servicios de salud sexual y reproductiva en la pandemia se traducirá en 2,2 millones de embarazos no deseados

Ante este panorama, la nueva consigna para el segundo semestre del 2021 es ‘Volver a la normalidad’. Pero esta no es la misma, pues las mujeres perdieron en materia de salud sexual y reproductiva. Un informe del Fondo Nacional de Población (Unfpa) muestra que desatender los servicios de salud sexual y reproductiva en la pandemia se traducirá en “2,2 millones de embarazos no deseados, más de 1 millón de abortos, 3.900 muertes maternas y 51.400 muertes infantiles al final del año”.

En las últimas décadas, las mujeres hemos alcanzado una mayor capacidad de autogestión y desarrollo de los servicios de salud, de planificación de la maternidad y de disminución de la mortalidad materna. Pero, como hoy tenemos la posibilidad de retroceder lo recorrido, es necesario reorientar las funciones del personal de salud, que ha sido escaso para las necesidades de la pandemia.

Aunque para el Ministerio de Salud fue un triunfo la disminución de 2 puntos de la tasa de embarazo adolescente en el 2017 —respecto del 2014—, la Unfpa prevé un aumento de embarazos precoces después de la pandemia. Según el informe, las adolescentes tendrán cerca de “20 por ciento más de limitaciones para acceder a métodos anticonceptivos”, lo cual se verá reflejado en un aumento de la “tasa específica de fecundidad adolescente de entre 6 y 11 puntos porcentuales”.

Esta situación se agravó debido a las medidas de confinamiento, pues las niñas y adolescentes fueron aún más expuestas a situaciones de violencia sexual y abuso intrafamiliar ­—de donde provienen la mayoría de los victimarios—. Este último punto develó otra de las realidades que no tuvo en cuenta la consigna ‘Quédate en casa’: el hogar es el lugar más inseguro para muchas mujeres. Allí sufren violencia económica, psicológica, emocional, física y sexual.

(Lea también: La importancia de fomentar una vida sexual saludable en los adolescentes).

Al mismo tiempo, no hay una buena atención a la salud mental de las víctimas. Las mujeres que sufren estas violencias no acceden a este servicio por falta de recursos, por temor al contagio o porque el recurso humano es limitado.

Además de una menor oferta de anticonceptivos, la Unfpa proyecta menor acceso al control natal porque los ingresos de las mujeres son más bajos. Por ello, debido a la covid-19, “el porcentaje de mujeres con necesidades insatisfechas de planificación familiar retrocederá, posiblemente entre 10 años y hasta 30 años”.

Así mismo, la atención y tratamiento de mujeres con VIH/sida se ha deteriorado, “pues 5 de cada 10 personas tienen dificultades para obtener sus medicamentos durante la pandemia”.

Por último, sostengo que la interrupción clínica del embarazo por las causas previstas en Colombia —todas referentes a no causar serias dificultades a la madre y al hijo— también va a ser menos eficiente en su ejecución. Sobre esto, un grupo de trabajadoras sociales de la localidad de Usaquén realizaron entrevistas a mujeres con embarazo no deseado para profundizar en esta coyuntura.

De este modo, encontraron que las causas de embarazo no deseado estaban asociadas con la falta de servicios de salud sexual y reproductiva durante la pandemia. Así, aunque expresaron su deseo de no ser madres, tuvieron que seguir con el mismo.

Aunque algunas lograron reactivar las redes de apoyo para la situación imprevista, otras sufrieron el desempleo, el deterioro de sus condiciones de vida y el fin de su relación de pareja, tal como relata una mujer entrevistada: “Estaba preocupada. Mi pareja se fue y había perdido el trabajo por la pandemia. Así que tuve que regresar con mis padres y mi hermana, no sabía qué más podía pasar. El apoyo de mi familia fue fundamental” (Silvia, comunicación por videollamada).

En las últimas décadas, Colombia mantuvo una tendencia ascendente en los indicadores de salud sexual y reproductiva y mostró un interés por adecuar los servicios a las necesidades de las mujeres. Sin embargo, durante la pandemia aumentó la violencia obstétrica con menores posibilidades de protección y denuncia; “la sobrecarga de los equipos de salud aumenta el riesgo de que no se apliquen las orientaciones técnicas para un parto humanizado”.

Hoy lamentamos la fragilidad de los logros y reconocemos el aumento de la mortalidad materna por causas obstétricas. Según los reportes del Instituto Nacional de Salud (INS) en Colombia: “Durante el 2020 se produjeron 409 muertes maternas tempranas (ver nota secundaria), es decir, ocurridas durante el embarazo, parto y hasta los 42 días de terminada la gestación; 100 muertes más que las proyectadas para el mencionado año. La pandemia causó efectos considerables en la salud materna, no solo por la limitación de acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, sino también porque las mujeres dejaron de acudir a estos servicios por miedo a contraer el covid-19, o por las restricciones del confinamiento”.

Según la Unfpa, estos problemas de la salud sexual y reproductiva de las mujeres están asociados con la preeminencia del enfoque biomédico en la pandemia. Hoy podemos ver que toda la atención y recursos se dirigieron a evitar la propagación del virus y no a asumir una mirada más integral para evitar las consecuencias adversas.

¿Cuáles son las salidas?

En pandemia retrocedimos en la defensa de los derechos de las mujeres, que con tantas dificultades hemos construido. Esto ocurre tanto por la concentración de las tareas del cuidado como por el aumento de la pobreza, que afecta tanto a las mujeres adultas como a las nuevas generaciones y la sociedad en general.

Con UNFPA consideramos la necesidad de volver a dar prioridad a un plan de atención integral para la mujer que trascienda el enfoque de la salud. En este sentido, propongo:

- Reconocer y valorar la economía del cuidado –tanto remunerada como no remunerada–;
- Propiciar un cambio cultural en la división sexual del trabajo en los hogares;
- Prestar atención integral a las mujeres en torno a las violencias en los hogares;
- Mejorar los hogares temporales de atención a la violencia.

En materia de salud:

- Volver a priorizar las necesidades de las mujeres;
- Garantizar el acceso universal a servicios y productos de anticoncepción;
- Reducir los costos de los servicios y productos para la salud sexual y reproductiva –más ahora que las trasnacionales de farmacéuticas han acumulado tantos recursos con las vacunas–;
- Proporcionar de manera continua información acerca de los servicios, programas y espacios disponibles para mujeres y niñas, y
- Considerar los medios de información apropiados, los niveles de alfabetización y el lenguaje.


YOLANDA PUYANA VILLAMIZAR (*)
RAZÓN PÚBLICA (**)(*) Experta en temas de género de la Universidad Nacional.

(**) Razón Pública es un centro de pensamiento sin ánimo de lucro que pretende que los mejores analistas tengan más incidencia en la toma de decisiones en Colombia.

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