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La dramática situación económica que padecen empleados de hospitales
Protesta de funcionarios de la salud

Frente a Minsalud, trabajadores exigen mejores condiciones laborales para enfrentar el covid-19.

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Raúl Arboleda. AFP

JUAN GOSSAIN

La dramática situación económica que padecen empleados de hospitales

Frente a Minsalud, trabajadores exigen mejores condiciones laborales para enfrentar el covid-19.

La tercerización de los contratos se suma a la lista de problemas que tiene el sistema de salud.

Ustedes estarán pensando que me volví loco. O, por lo menos, cantaletero. En ambos casos tienen razón.

Este año me he dedicado, casi diariamente, a investigar y escribir crónicas sobre el tamaño, los pormenores y las terribles implicaciones que tiene para los colombianos la crisis que está padeciendo nuestro sistema de salud, enfermo moribundo.

Poco después, en marzo, escuché las réplicas de las empresas prestadoras de salud, conocidas como las EPS, que son acusadas por los hospitales de ser sus deudores morosos, el origen de la crisis, ya que ni siquiera les pagan los gastos que se ocasionan con la pandemia del coronavirus. Sus directivos se defendieron diciendo que la culpa es del Gobierno, que no les cancela a ellos lo que les debe y que ha llegado a adeudarles más de 20 billones de pesos.

(Siga leyendo: No les pagan a hospitales y el precio de medicamentos sigue subiendo).

Bueno, y, por último, ustedes recordarán que hace apenas unas pocas semanas, en mayo, hablé con el Gobierno a través de Adres, que es la agencia estatal encargada de cancelar dichos pagos. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que faltaba algo, y no solo algo, sino lo más importante: el factor humano. Envueltas en ese turbión del dinero que no les pagan por su trabajo, ¿cómo hacen para vivir tantas personas que integran los equipos humanos de la salud?

¿Qué dicen los médicos, pero no solo los médicos propiamente dichos, incluyendo especialistas, anestesiólogos, bacteriólogos, radiólogos y hasta odontólogos, sino también enfermeras, instrumentistas, camilleros, choferes de ambulancias, recepcionistas, porteros, las señoras del aseo, la que contesta el teléfono, la que arregla las camas y cambia las sábanas?

Los médicos y la tercerización

Entonces me puse a indagar con cuidado qué es lo que está pasando. Busqué información confiable y fidedigna en los hospitales públicos de las cinco ciudades más grandes del país, pero, también, en poblaciones intermedias y hasta en los puestos de salud de pequeñas localidades. Todos los colombianos merecen que les presten atención y que alguien escuche las penurias que están atravesando.

Lo que sigue de aquí en adelante es el resultado aterrador de esas pesquisas.

Para empezar, déjenme contarles rápidamente la historia de una nueva trapisonda que se les ha ocurrido a los políticos colombianos, aprovechándose de estos tiempos de pandemia, angustia y desesperación.

(Puede interesarle: EPS no les pagan a hospitales porque el Gobierno no les paga a ellas).

En varios hospitales públicos de esas ciudades, que son de propiedad del municipio, del departamento o del Gobierno Nacional, los políticos de la propia ciudad se han inventado un nuevo método de manipulación y enriquecimiento, horrendo e infame. Lo llaman “la tercerización”. En seguida les explico en qué consiste.

Nómina más comisión

Todo comienza cuando el concejal, diputado o congresista de la localidad logra que le nombren a un recomendado suyo como administrador del centro hospitalario. De modo que, a través de ese gerente, y a partir de ese momento, la nómina de empleados de dicho establecimiento le pertenece al político. Y es él quien decide a qué médico deben contratar.

A un médico, en esas condiciones, terminan pagándole unos 2 millones mensuales, es decir, 500.000 pesos menos
de lo que le costó cada mes de universidad

De paso, a un médico determinado solo lo recomienda para el cargo si se compromete a entregarle un porcentaje de su salario a manera de comisión. De tal suerte que la tercerización no es solo una martingala electoral, que permite manipular puestos públicos para conseguir más votos el día de elecciones, sino un negocio de dinero –“platica”, dicen ellos–, dinero que los políticos le arrebatan al médico trabajador.

“Como si todo eso fuera poco –me cuenta un médico antioqueño–, hay veces en que duran varios meses para pagarnos lo poco que nos pagan. A mí me deben, en este momento, cuatro meses. Ya me han llegado a deber hasta diez meses. Hay días en que no sé de qué estoy viviendo”.

¿Cuánto les pagan?

Y eso que todavía no hemos hablado de la suma que le pagan a un médico. Es decir: de la que deberían pagarle si no le hicieran tantas marrullas, comisiones, descuentos.

Primero háganme el favor de mirar esto: según lo que cobran entre las diversas categorías de universidades privadas que hay en el país, en este momento los estudios de medicina le cuestan al estudiante, haciendo un promedio de los diversos precios, aproximadamente 15 millones de pesos por cada semestre. Lo cual significa, sencillamente, 30 millones anuales en promedio. Es decir que sale el mes de estudios a unos 2 millones y medio, más o menos.

(Lea más: El Gobierno responde a hospitales, clínicas y empresas de salud (EPS)).

Pues bien: por asombroso que parezca, y por insólito que sea, esa es la misma suma que, también en promedio, le pagan al médico recomendado por los políticos en las diez ciudades y poblaciones donde pude investigar. Cerca de 2 millones y medio. Mucho ojo: después viene el descuento de la comisión del político que lo recomendó –es decir, la tercerización–, que, por lo general, está en un 15 por ciento, o sea 375.000 pesos mensuales, aproximadamente.

Y ahí faltan por restar todavía los impuestos y otros descuentos que manda la ley. En conclusión: a un médico, en esas condiciones, terminan pagándole unos 2 millones mensuales, es decir, 500.000 pesos menos de lo que le costó cada mes de universidad.

Y, como si fuera poco…

Los gremios de profesionales con quienes tuve oportunidad de conversar coinciden en afirmar que, en esas dolorosas circunstancias, se encuentra en este momento más de la mitad de los médicos que trabajan en los hospitales públicos de todo el país.

Triste conclusión: es más lo que pagan por aprender que lo que reciben por ejercer. ¿Se dan cuenta?

Nosotros te cuidamos a ti, ¿pero a nosotros quién nos cuida?

Pero eso no es todo. Con lo poquito que les queda del menguado salario, se calcula que siete de cada diez trabajadores de la salud en hospitales públicos –y no solo médicos, sino también sus compañeros– tienen que costear de sus propios bolsillos, aunque a ellos no les paguen, los implementos que necesitan para protegerse de los contagios del coronavirus: caretas y tapadores de protección, mascarillas, guantes, líquidos contra las bacterias, gafas especiales.

Las investigaciones más serias han logrado establecer que cada uno de esos trabajadores invierte los pocos pesos que le quedan en la búsqueda de protección para su propia salud. Es como si a la señora que le pagan por cocinarle a una familia le tocara comprar su propia estufa.

Los otros empleados

La situación se ha puesto tan delicada que la Sociedad Colombiana de Anestesiología ha tenido que denunciar que la deuda salarial con sus médicos afiliados estaba llegando ya a dos mil millones de pesos.

(Puede interesarle: ¿Quién fue el que sacó la mano? ¿Y quién hizo su agosto?).

Cómo será que los propios médicos han tenido que hacer protestas públicas, en las aceras de sus mismos hospitales, con carteles dirigidos a los ciudadanos y en los cuales se puede leer esta frase: ‘Nosotros te cuidamos a ti, ¿pero a nosotros quién nos cuida?’.

Tratando de hacer justicia a todos los trabajadores de hospitales públicos, y no solo a los médicos, permítanme ustedes ocupar una parte del espacio que nos queda en esta crónica para hablar de las otras víctimas. Por ejemplo, los camilleros.

“Ellos, al igual que nosotros, también son manipulados a través del sistema ese de las bolsas de empleo de los políticos –me dice un médico internista–. Conozco compañeros camilleros a los que les deben hasta cuatro meses de sueldo. Y eso que solo ganan el salario mínimo y, además, les hacen el descuento de la comisión”.

El 43 por ciento

A través de una muy completa encuesta, hecha en todo el país a más de 12.000 trabajadores de la salud, la Contraloría General de la República logró establecer que el 43 por ciento de ellos trabajan sin contrato (solo por servicios prestados), de manera provisional o, de nuevo, a través de los comisionistas de la tercerización.

Especialistas en asuntos legales de la salud tuvieron la paciencia de explicarme con cuidado que fue la bendita Ley 100 de 1993 –otra vez la Ley 100– la que autorizó a los hospitales y clínicas para contratar gente con los políticos (la tercería) en vez de hacerlo directamente con el trabajador.

Una investigación adelantada por Hugo Mario Cárdenas estableció los límites trágicos a que ha llegado esa situación. El médico José Norman Salazar, presidente de la Academia de Medicina de Caldas, le dijo a Cárdenas que, a causa de esa realidad laboral, “estamos viendo casos de médicos que hoy se pensionan con el salario mínimo”.

(Lea más: ¿Es hojear u ojear? ¿Se escribe con ‘h’ de hoja o con ‘o’ de ojo?).

Otro caso elocuente, estremecedor y patético es el del Hospital Universitario Evaristo García, el más grande de todo el occidente colombiano, y uno de los centros de salud más reputados del país. Pues bien, el 75 por ciento de sus empleados son de la tercerización y solo el 25 por ciento son trabajadores de planta, con contrato.

Epílogo

Podríamos seguir contando más ejemplos trágicos, más casos estremecedores, más hechos que causan indignación y vergüenza porque se trata, sobre todo, de la salud de Colombia. Pero yo necesitaría todas las páginas de este periódico para contarles a ustedes aunque fuera solo la mitad.

Esa es la realidad y no hay que seguir ocultándola, sino resolverla. Hay que buscar soluciones y lo más pronto posible, antes de que ya sea demasiado tarde. ¿Dónde diablos se metió el Estado? ¿Dónde está la Superintendencia de Salud?

Esta que describo en los párrafos anteriores es la historia que está padeciendo el elemento humano de nuestro sistema de salud. Sí, señor: son las mismas personas a las que, cuando empezaba la pandemia, ustedes y yo salimos a aplaudir masivamente una noche desde balcones y ventanas para agradecerles lo que estaban haciendo, exponiendo sus vidas, arriesgando su propia tranquilidad por ayudarnos y por salvarnos.

Pero ahora ellos no son los héroes, sino las víctimas. Esas son las ironías que tiene la vida. Y yo cumplo con mi deber de pagarles el favor.

JUAN GOSSAIN
Especial para EL TIEMPO

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