Análisis médico a la necropsia de Javier Ordóñez

Análisis médico a la necropsia de Javier Ordóñez

Con base en la información conocida se cuenta qué pasa en un cuerpo que reciba ese tipo de lesiones.

Javier Ordóñez

Javier Ordóñez falleció el 9 de septiembre luego de ser golpeado en repetidas ocasiones por policías en Bogotá, según se ha conocido.

Foto:

Archivo particular

Por: Unidad de Salud
21 de septiembre 2020 , 04:48 p. m.

El viernes pasado trascendieron datos de la que sería la necropsia practicada a Javier Ordóñez, el hombre que murió el miércoles 9 de septiembre en Bogotá en un caso de abuso policial que se investiga. La Unidad de Salud de EL TIEMPO hace un análisis clínico de lo que puede ocurrir en un cuerpo con el tipo de lesiones descritas.

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El estallido de una víscera sólida como el riñón, con separación de los vasos sanguíneos (arteria y vena) que lo irrigan, puede ser consecuencia de golpes muy fuertes que alcanzan a desplazar el órgano con tal fuerza que desgarran las estructuras de las arterias y las venas, provocando hemorragias que difícilmente se pueden contener.

Es una situación muy grave porque llega a comprometer de manera severa el equilibrio hemodinámico del cuerpo por la pérdida de sangre, pero si se le suma la ruptura completa de la arteria y la vena principales del otro riñón, el riesgo se multiplica en todo el organismo, a no ser que las lesiones se corrijan de manera inmediata.

Por estos daños se pierden dos litros de sangre, que se acumulan en forma de hematoma en la parte posterior del abdomen (retroperitoneo), y el funcionamiento general del cuerpo empieza a comprometerse por una carencia peligrosa de líquidos dentro de los vasos sanguíneos y de glóbulos rojos para oxigenar los tejidos.

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Hasta aquí la inminencia de muerte es alta. Ahora, si a estos daños se agregan lesiones en otras vísceras con desgarros en las membranas que los fijan al abdomen (mesenterio), que producen sangrados de otros 1.500 centímetros cúbicos, los cuales se concentran en el abdomen, la posibilidad de un shock hipovolémico (pérdida masiva de sangre) es muy elevada, dado que por un solo trauma ya se han perdido 3 litros y medio de sangre de los 5 que maneja el cuerpo, es decir, cerca del 60 por ciento.

Aquí hay que saber que pérdidas sanguíneas agudas (súbitas) superiores al 20 por ciento son consideradas de extrema gravedad, al punto de que caen en el rango de las llamadas urgencias vitales.

Y si ya la situación es extrema, hay que sumarle lesiones simultáneas en órganos como el hígado y el bazo, que por su alta irrigación también aportan su cuota de sangrados en esta catástrofe.

En este contexto, la tensión arterial del afectado cae de manera dramática, la frecuencia cardiaca se aumenta de manera exagerada y el pulso es demasiado débil, la persona toma una palidez extrema y al no haber sangre para irrigar las neuronas se pierde el conocimiento, lo que significa que el cuerpo no está recibiendo la sangre que necesita y literalmente el riesgo de morir es inminente.

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Por otro lado, si el afectado presenta otro tipo de lesiones externas, quemaduras eléctricas, traumas y heridas por arma de fuego, se consolida un verdadero politraumatismo que aumenta el estrés del organismo con exigencias mayores de irrigación sanguínea para tratar de compensar los daños. Ante esto, los sistemas de alarma literalmente ya no son capaces de compensar.

En este sentido, todas las funciones del cuerpo empiezan a fallar hasta llegar a un colapso general, empezando por la muerte de células muy sensibles a la carencia de oxígeno como las cerebrales, las cardiacas y, progresivamente, las de las estructuras vitales.

En términos funcionales, sin oxígeno, el organismo entra en una tríada mortal: acidosis (excesiva producción de ácido por activación de procesos anaeróbicos compensadores); hipotermia, por la incapacidad para producir calor, y fallas graves en los mecanismos de coagulación.

Sin oxígeno, los órganos resisten tiempos variables, por ejemplo, cerebro, pulmón y corazón no toleran esta condición más de 7 minutos, mientras que los órganos abdominales pueden estar hasta 45 minutos y el músculo y piel, hasta 6 horas.

En ese estado, si la persona no ha recibido atención inmediata, la situación es irreversible y el paciente fallece rápidamente.

Lo grave es que como en los traumas cerrados no hay huellas de sangrado, se puede pensar que el afectado no está tan mal.

Este puede ser el desenlace de traumas cerrados producidos por fuertes golpes con elementos contundentes en espalda y abdomen.

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