‘Debemos comprender la actual incertidumbre para mejorar el futuro’

‘Debemos comprender la actual incertidumbre para mejorar el futuro’

Consejos de una experta para manejar la incertidumbre de la pandemia y mejorar nuestra salud mental.

Incertidumbre que genera la pandemia

La incertidumbre que genera la pandemia y la ansiedad por el futuro pueden deteriorar la salud mental de las personas.

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iStock

Por: Gloria Helena Rey
19 de octubre 2020 , 01:45 a. m.

Temores sobre el trabajo, la familia, las deudas, los estudios, la vida o el futuro, entre otros, se están peleando un lugar en nuestra mente y erosionando nuestros pensamientos porque la pandemia nos sembró un jardín de miedos y fortaleció la incertidumbre, esa compañera permanente, fantasmal y silenciosa que viaja con nosotros desde que nacemos.

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Nunca la sentimos tan presente como hoy. Se trata de ese ramillete de desgracias que tememos o que imaginamos que podrían sucedernos durante la llamada nueva realidad que esculpe y deja la pandemia del covid-19. La incertidumbre puede inhabilitarnos y poner en riesgo nuestra salud mental, frenarnos, maniatarnos o bloquearnos. Producir ansiedad, estrés, depresión y demás alteraciones, que exigen cuidado preventivo o tratamiento, dicen los expertos.

Pero, como decía el novelista polaco Joseph Conrad (1857-1924), “la mayor virtud de un buen marinero es una saludable incertidumbre”, lo que aplicado a nuestros días significaría aprender a viajar con destreza por las tempestades que se anuncian para la nueva realidad que deja la pandemia.

Una gran parte de la ansiedad proviene de la sensación de que no tenemos bajo control lo que deberíamos tener. La preocupación acerca del coronavirus nos hace sentir indefensos frente a lo que podría suceder y eso aumenta el estrés y nos hace inseguros no solo respecto a la salud, sino también ante muchos otros aspectos de nuestra vida, observa la psicóloga estadounidense Doreen Marshall. Advierte que con la pandemia nuestra salud mental puede sufrir y que necesitamos tomar medidas para protegerla. Es posible que nos sintamos más nerviosos, enojados, frustrados, indefensos o tristes y eso exige atención.

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Sugiere como acciones preventivas que separemos lo que está bajo nuestro control y lo que no lo está, que realicemos lo que nos haga sentir más seguros, que tratemos de estar más cerca de la naturaleza, que nos desafiemos a permanecer y vivir solo en el presente y que nos mantengamos conectados con personas de la familia, con los amigos o con aquellos con quienes podemos dialogar.

“Si se siente particularmente ansioso o si está batallando con su salud mental, lo mejor es buscar ayuda profesional. No tiene que quedarse solo”, recomienda Marshall.
Al fin de cuentas, con la pandemia vivimos “el mayor experimento psicológico de la historia”, como dijo Elke van Hoof, profesora de Psicología y Salud de la Universidad de Vrije, en Bruselas, y especialista en estrés y trauma.

La forma en que pensamos el futuro es incorrecta e inútil, (...) es imposible saber algo que no existe

Una región muy afectada

América Latina es la región más afectada del planeta por el covid-19, con un número de infectados que ya superó los 10 millones, y es el epicentro de la mayor crisis humanitaria experimentada en el último siglo, según las más recientes estadísticas globales.

La pandemia afectará a todos los países de la región en lo económico, productivo y social y, probablemente, en lo psicológico. Posiblemente, retrocederemos en 2020 por lo menos 10 años en lo que se refiere a producto interno bruto por habitante, y entre 15 y 30 años en lo relativo a los índices de pobreza y de miseria, sobre los que se habían logrado progresos significativos, de acuerdo con la ONU. La incertidumbre se alimenta de los miedos y de panoramas como este y crece con perspectivas tan desalentadoras como las descritas.

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La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), teniendo en cuenta la importancia de la salud mental durante la pandemia, realizaron el seminario virtual ‘Manejo de las manifestaciones neurológicas y mentales asociadas a la covid -19’, el pasado 16 de octubre, que incluyó la incertidumbre, que produce ansiedad, ese sentimiento anómalo de temor ante un estímulo o una amenaza que no identificamos y que nos puede hacer sufrir y dificultar el funcionamiento.

Werner Heisenberg, nobel alemán de física de 1932, fue quien le dejó al mundo el principio de incertidumbre, que fue fundamental para la física cuántica, al afirmar en 1927 que la posición exacta de un electrón dentro de un núcleo atómico no podía conocerse con certeza en un momento dado y que solo podía calcularse estadísticamente dentro de una probabilidad. Y en eso estamos hoy: entre proyecciones estadísticas y frente a un abanico de probabilidades.

Adictos a la predicción

El ser humano “le tiene más miedo a lo que pueda sobrevenirle que a los sufrimientos que ya ha padecido”, decía William Faulkner, el nobel de literatura de 1949, y la incertidumbre, que hace florecer los miedos, es, precisamente, lo que tenemos que aprender a manejar en nuestra nueva realidad.

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo prepararnos psicológicamente para ese futuro turbulento que pronostican los analistas? Muchos han trabajado o estudian las respuestas a esos interrogantes. El manejo de la incertidumbre ha producido, de momento, algunos 'best sellers' como 'Lo inexplorado: cómo trazar el mapa del futuro' ('Uncharted: How to map the future'), de la estadounidense Margaret Heffernan, ex directora ejecutiva de la BBC, emprendedora de Silicon Valley y profesora en la Universidad de Bath School of Management, en el Reino Unido.

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La incertidumbre “existe de manera más significativa cuando hay cosas que son generalmente ciertas, pero específicamente ambiguas como, por ejemplo, epidemias, cambio climático, etc. Es decir, cuando no sabemos cuándo o dónde sucederán y no tenemos detalles confiables al respecto”, explica Heffernan a EL TIEMPO.

El problema, en su opinión, es que los seres humanos somos adictos a la predicción y buscamos seguridad frente al futuro, pero la complejidad de la vida moderna no nos proporciona nada de eso y los adivinos del futuro se resisten a hacer predicciones por más de 400 días. “La historia no se repite e incluso la genética no te dirá todo lo que quieres saber. La incertidumbre inevitable es ahora una realidad”, afirma.

Heffernan está convencida de que “la forma en que pensamos sobre el futuro es incorrecta e inútil. Imaginamos que alguien en algún lugar conoce el futuro, pero es imposible saber algo que no existe. Damos autoridad a esas personas y, al hacerlo, entregamos nuestro propio poder y esa es una muy mala idea”.

La principal lección
de la pandemia es que nos recuerda que la vida es incierta y que si esperamos a la certidumbre, siempre llegaremos demasiado tarde

Desmitificar la tecnología

Por eso considera que es necesario que enfrentemos lo desconocido con valentía e imaginación y que no nos rindamos frente a la incertidumbre. “En particular, que no debemos creer lo que las empresas tecnológicas nos dicen cuando insisten en que somos solo datos, que tienen esos datos sobre nosotros y, por lo tanto, nos comprenden. Eso es propaganda y mercadeo, no cuenta con los mejores intereses de nuestro corazón”, afirma.

Está convencida de que hemos sobrevalorado la tecnología, que no puede ayudarnos con los sentimientos ni a acercarnos realmente a otros seres humanos. Tal vez “podría ayudarnos a conseguir un trabajo, pero no nos inyectará el optimismo y la energía que necesitamos para conseguirlo y ejercerlo”.

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Por eso, “cuanto más dependamos de la tecnología para saber y conocer de todo y de todos, nos volveremos menos imaginativos, creativos y hábiles”, pronostica. Recomienda que comencemos a desarrollar habilidades que tengan que ver con la imaginación, que seamos capaces de pensar en diferentes posibles resultados de la pandemia y que nos adaptemos a los cambios que, sin duda, llegarán.

Aconseja a los que sienten que sus trabajos están desapareciendo que busquen ocupaciones que les gustaría hacer, que indaguen en qué otras cosas podrían ocuparse y de qué forma ajustarían a la nueva realidad las destrezas que poseen.
Dice también que necesitamos aprender a trabajar en compañía porque el actual momento exige que nos ayudemos los unos a los otros. “No es hora para ser egoístas ni egocéntricos, sino para que colaboremos entre todos para salir adelante”.

El libro de Heffernan fue incluido en la lista de los destacados en febrero pasado por 'The Financial Times' porque se opone a la predilección humana por la ‘ciencia de la predicción’. La autora, que ha publicado otros seis libros, se refiere también en esta obra a las organizaciones y personas que no se acobardan frente a la incertidumbre, y “nos desafía a resistir las falsas promesas que nos hace la tecnología, que minan nuestra creatividad y humanidad, y a que busquemos, en nuestra capacidad de crear, el futuro que queremos y en el que podemos creer”.

Heffernan también es autora de 'Ceguera deliberada: por qué ignoramos lo obvio a nuestro riesgo' ('Willful Blindness: Why We Ignore the Obvious at our Peril'), uno de los finalistas de The Financial Times Best Business Book Award en 2011 y considerado por el mismo diario como uno de los libros de negocios más importantes de la década.

¿Cómo hacer el mapa?

La pregunta del millón a esta altura sería: ¿cómo hacer un mapa del futuro si no existe y si tampoco sabemos para dónde iremos? “De eso trata mi libro, precisamente. Sobre cómo lidiar con la incertidumbre y fortalecer la resiliencia, sobre las habilidades que necesitamos para afrontar la nueva realidad que deja la pandemia. Creo que necesitamos hablar y escucharnos más los unos a los otros. Comprender (y aceptar) la incertidumbre y no seguir imaginando que sabemos más de lo que realmente sabemos. Tenemos que pensar más allá, en las instituciones y sistemas que queremos. El futuro no existe, pero podemos construir uno mejor si asumimos el presente”, afirma Heffernan.

No obstante, señala que para construir un futuro significativo y gratificante se requiere “un sentido común de misión, mucha tolerancia y paciencia, la capacidad de escucharnos los unos a otros y aceptar las experiencias vividas por otros que no son como nosotros. También se requiere que identifiquemos cuánto desconocemos y que aceptemos que mucho del presente cambiará o se desaparecerá. Nada es para siempre”.

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Considera que, de momento, es demasiado pronto para saber qué aprendimos o qué perdimos con la pandemia. “La pandemia está lejos de terminar. Lo que está claro es que está cambiando profundamente a las personas, pero sería completamente incorrecto asumir que todos están cambiando de la misma manera. Aunque todos la estamos viviendo, nuestras experiencias son diferentes y, debido a que somos diferentes y seguimos cambiando, el efecto de nuestra experiencia es intrínsecamente impredecible”.

No obstante, una de sus reflexiones más conocidas es que “la principal lección de la pandemia es que nos recuerda que la vida es incierta y que si esperamos a la certidumbre, siempre llegaremos demasiado tarde (a todo)”.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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