Frondosas o depiladas / Sexo con Esther

Frondosas o depiladas / Sexo con Esther

Cada vez más se aprecia la tendencia a dejar el área 'bien podada', pero no completamente 'florida'.

Figura femenina

Los pelos en el departamento inferior tienen la tarea de proteger contra infecciones y enfermedades de transmisión sexual.

Foto:

iStock

Por: Esther Balac
01 de febrero 2020 , 08:00 p.m.

Aunque entre gustos no hay disgustos, la moda de la planta baja despejada o lampiña parece estar cediendo, al parecer, por cuestiones más de salud que por capricho de repoblarla.

De hecho, cada vez más se aprecia la tendencia a dejar el área bien podada, pero no completamente florida, como prueba de que los ginecólogos han posicionado bien sus conceptos, bajo la premisa de que los pelos en el departamento inferior tienen la tarea de proteger contra infecciones y enfermedades de transmisión sexual.

Ahora, no se trata de retornar a los matorrales indescifrables de los años 60, sino de garantizarle a la zona cierta protección dentro de un marco estético que deje a todos tranquilos.

Esto en razón a que, según los estudios, el vello en sus justas proporciones crea una barrera que evita que las bacterias y otros gérmenes exteriores invadan áreas sensibles por naturaleza y que por sus características pueden convertirse en domicilio grato para intrusos patógenos.

(Lea también: Siete situaciones que matan la pasión durante el sexo)

También dicen que los genitales femeninos agradecen la presencia del pelo porque les garantiza la temperatura adecuada para realizar todas sus tareas. Esto sin dejar de lado –también lo dicen los expertos– que los folículos pilosos retienen el aroma personal creado por las feromonas que se encargan de emitir señales sexuales que le promueven ganas a la contraparte.

Y ya deslizados por estos beneficios, encontré que las zonas con depiladas plenas son más propensas a irritarse durante el aquello, en razón a que el roce directo genera reacciones en la piel de los intervinientes. Por otro lado, también se ha encontrado que al eliminar el vello púbico se inflaman los folículos pilosos, al punto de dejarlos abiertos y fácilmente expuestos a la acción de elementos dañinos.

Bueno, también se ha encontrado que la depilación con cera puede causar quemaduras sutiles que alteran la capa superficial de estas zonas, dejando problemas de sensibilidad difíciles de recuperar, a lo que se suma que la humedad y la temperatura producen irritaciones molestas que terminan por espantar cualquier deseo.

No niego que la depilación allá –lo confieso– nos genera seguridad y tranquilidad a la hora del polvo, y en aras al respeto que me generan los sabios, transmito sus observaciones.

Sin embargo, creo que el mundo ha evolucionado y a la par, el cómo se lleva el vello en el periné. Y en ese caso, me quedo con lo que prefiera cada quien. Eso sí, con la suficiente información y la autonomía para proyectarse, como se sienta mejor y no propiamente haciéndole eco a sus parejas.

Total, la época de la Grecia antigua en la que la alta sociedad consideraba que dichos pelos eran una característica bárbara, al punto que se echaba mano de cualquier cosa para quedar completamente afeitadas, ya pasó.

Los vellos, como nos vengan en gana.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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