‘La imprudencia siempre será el mayor de los riesgos’

‘La imprudencia siempre será el mayor de los riesgos’

El infectólogo Carlos Álvarez habla sobre el reto de desempeñar su profesión durante la pandemia.

infectólogo

Carlos Álvarez, infectólogo, cuenta la situación del personal de salud en medio de la pandemia de covid-19.

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Milton Díaz

Por: Diana Ravelo Méndez - Especiales EL TIEMPO
15 de abril 2020 , 08:18 p.m.

Corre la tarde del 6 de abril del 2020. Y el sentimiento de incertidumbre sigue creciendo. Eran muchos los rumores sobre lo que podría pasar el 13 de abril, día en el que terminaba la medida de aislamiento preventivo obligatorio que mantenía a los ciudadanos en casa desde el pasado 25 de marzo a causa del coronavirus. No había certezas.

A eso de las seis de la tarde, la alocución del presidente Iván Duque —en la que anunció la extensión de la cuarentena hasta el 27 de abril— se tomó los televisores de los ciudadanos.

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Mensaje en el que dio paso al infectólogo Carlos Álvarez para que explicara, de primera mano, la importancia de esa decisión desde el punto de vista médico. Sentado entre ministros y otras personalidades, empezó a esbozar con precisión el panorama del país respecto a la pandemia.

Un momento que bien podría ser evidencia de que el sueño de compartir su conocimiento para ayudar en temas de salud pública, más allá de un consultorio, y repercutir positivamente en toda una comunidad es, finalmente, una realidad.

Si hay alguien que viva al día con las cifras de casos confirmados, fallecimientos y pronósticos relacionados con la covid-19 en la cabeza, ese es Álvarez, un bogotano que, a sus 49 años, además de ser el único médico de su familia, ya ostenta en su hoja de vida más de 315 publicaciones.

Además, en su hoja de vida hay un magíster en Epidemiología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana, una especialización en Medicina Tropical de la Universidad de Alabama (Estados Unidos), un máster en VIH/sida de la Universidad Rey Juan Carlos (España), entre otros estudios que lo han convertido en toda una autoridad en temas de salud en el país.

En los primeros meses pensábamos que iba a ser algo como lo que estamos viviendo, pero afortunadamente no lo fue

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covid-19
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No es la primera vez que este infectólogo y epidemiólogo se enfrenta a una pandemia. Aún rememora lo que vivió en el 2009, cuando apareció el AH1N1: “En los primeros meses pensábamos que iba a ser algo como lo que estamos viviendo, pero afortunadamente no lo fue”. También ha estado involucrado en investigaciones sobre la prevención y el manejo del VIH.

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Pasa las horas haciendo cuentas, recopilando información que le ayude a tener cada vez más luces sobre lo que estamos viviendo como nación y en el mundo entero.

Por eso, ya tiene claro que cuando se habla del coronavirus no se trata de una enfermedad de la magnitud del ébola, que mata al 70 por ciento de las personas que se infectan.

Ni tampoco de algo a lo que haya que darle poca importancia, pues ya se ha confirmado que produce 100 veces más muertes —o incluso, más— que una gripa común.

Y, adicionalmente, hace que muchos de quienes lo padecen terminen en las unidades de cuidado intensivo de los hospitales, lo que lo hace más peligroso.

“La covid-19 manda al 20 por ciento de los contagiados al hospital; de ese porcentaje, el 7 por ciento termina en cuidados intensivos y dos de cada 100 mueren, incluso, con la terapia adecuada. La cifra puede empeorar si no se tienen los recursos necesarios o cuando se trata de personas con riesgos, llevando a una mortalidad donde 10 o 15 de cada 100 fallecen”, explica Álvarez, actual vicepresidente de salud en la Clínica Colsanitas y docente titular de la Universidad Nacional.

Oficio: infectólogo

Los médicos generales deben saber manejar agentes infecciosos. Un especialista también, pero desde su área de experticia. Pero son los infectólogos quienes dedican su vida a estudiar de cerca esas enfermedades extrañas —ya sean tropicales, procedentes de otro lado o con un patrón diferente—, de la talla de la covid-19.

La labor de estos profesionales no es nada fácil, pues deben intervenir en los casos infecciosos más complicados y en los de aquellos pacientes que son inmunosuprimidos (con bajas defensas), además de encargarse de desarrollar políticas de control para evitar que se propaguen los virus.

No obstante, decir que se es infectólogo en el país sigue siendo algo confuso para muchos. “Seguramente hay formas más fáciles de conseguir dinero y con menos riesgo.

Por eso, uno debe amar lo que hace, tener vocación de servicio”, expresa el experto, quien admite sentir fascinación por estudiar la forma como interactúan los microorganismos con el sistema de defensa del ser humano.

“Sí, ya hemos tenido casos en el lugar donde yo trabajo”, responde el doctor Álvarez al preguntarle qué tan cerca ha estado de pacientes cuyas pruebas de coronavirus han arrojado resultado positivo.

La palabra miedo no es un problema para él. No porque no lo sienta, sino porque sabe que el estar bien informado hace que las posibilidades de contagio sean mucho más bajas en su caso.

De hecho, afirma que un infectólogo, aun estando cerca de los pacientes —si se hacen las cosas bien y se cumple con el protocolo, probablemente tiene menos riesgo que alguien que está lejos haciendo todo mal, por lo que el reto también es lograr que la gente tome las medidas de protección. “La imprudencia siempre será el mayor riesgo”, dice.

“Los médicos también nos morimos, pero a uno lo que más le genera miedo es lo desconocido, y en eso tenemos una ventaja”, dice.

Eso no quita que exista un margen de riesgo de contagio. Ya sea por fallas en las medidas de seguridad, porque se ignoraba el estado del paciente o como consecuencia de un descuido del profesional en medio del ajetreo de la atención.

Para eso también hay un protocolo que contempla el aislamiento preventivo y la prueba diagnóstica.

Si de momentos duros se trata, pedir el aislamiento de las personas en estado crítico encabeza el listado de situaciones difíciles de afrontar.

Los médicos también nos morimos, pero a uno lo que más le genera miedo es lo desconocido, y en eso tenemos una ventaja

Le es inevitable pensar lo doloroso que es para estas familias acatar las recomendaciones médicas y abstenerse de visitar a sus allegados mientras viven consumidos por el temor de no saber si esa fue la última vez que vieron a su ser querido.

Ponerse en esos zapatos no es sencillo para nadie. Sin embargo, es fundamental insistir en esa medida para evitar una propagación.

Algo que también le preocupa es escuchar sobre aquellos que están dejando avanzar sus enfermedades, incluso, terminales, porque creen que si van al hospital se van a contagiar.

Idea que es muy improbable, pues durante la fase de preparación de la contingencia se tomaron decisiones sobre cómo blindar los centros médicos.

“Todavía tenemos capacidad de maniobra, no estamos desbordados”, repite una y otra vez, recordando que en Colombia se hicieron simulacros durante un mes.

Ante el contexto actual, las jornadas de trabajo del personal médico son cada vez más largas. Madrugar nunca ha sido un problema, pues tiene por costumbre estar de pie desde las cuatro o cinco de la mañana para ver noticias, escribir, leer o corregir trabajos de sus estudiantes.

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Luego, a las 6 a. m., comienzan sus actividades como médico, que varían entre el trabajo en clínicas, el desarrollo de labores administrativas, asistir a reuniones (ahora virtuales) y trabajar en seguir aprendiendo y haciendo pedagogía.

Aunque las clases de la universidad se cancelaron, está regresando a casa más tarde de lo normal, lo que ha implicado pasar menos tiempo con sus hijos, de 12 y 15 años, y con su esposa.

Más que aplausos

En medio de la crisis, pareciera que la profesión médica está recuperando su valor. Eso es lo que más emociona al doctor Álvarez: conocer sobre las jornadas de aplausos y leer uno que otro comentario de gratitud publicado por personas del común.

De hecho, considera que ese gesto tan gratificante se debe extender a cada persona que, desde su ámbito, desempeñe alguna tarea significativa. A todas las personas que luchan contra ese virus que llegó para enseñarnos a valorar, aún más, nuestras vidas, nuestras familias y nuestro tiempo.

DIANA RAVELO MÉNDEZ – PARA EL TIEMPO

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