El órgano de Esperanza Gómez / Sexo con Esther

El órgano de Esperanza Gómez / Sexo con Esther

Alborotos como este explican por qué, en términos de sexualidad, la sociedad está como está.

Esperanza Gómez

La actriz porno colombiana Esperanza Gómez.

Foto:

Tomada de Instagram @esperanzagomez

Por: Esther Balac 
15 de septiembre 2019 , 08:51 a.m.

Tendencia con signos de escándalo, en medio de comentarios ignorantes y salidos de tono, causó un video de la pornoactríz colombiana Esperanza Gómez, por cuenta de las características de su órgano del placer.

La mojigatería fue tal que las dimensiones de un clítoris se pusieron por encima de todo el acontecer noticioso, en una muestra de grotesca de frivolidad, en donde lo único digno fue la actitud silenciosa y valiente de la citada actriz.

Y no es que pretenda revivir el insulso debate, sino resaltar la carencia plena de educación sexual en términos de anatomía de una sociedad que se ufana de la globalización, las comunicaciones inmediatas y de tener la información a la vuelta de un clic en una pantalla.

Digo esto porque el conocimiento que se tiene del clítoris es tan precario, no solo por parte de los hombres- cosa apenas entendible- sino también de muchas mujeres que no tardaron en hacerse cruces por el tamaño supuestamente desproporcionado que vieron en el video Gómez, dejando de lado que sus departamentos inferiores tienen exactamente la misma dotación y con similares dimensiones.

Mejor dicho, para dejar atrás la tontería hay que empezar por decir que todo el clítoris mide entre 9 y 11 centímetros. Así como lo leen. Pero la parte visible, es decir el glande, puede variar desde unos milímetros hasta varios centímetros, sin que esto configure ningún patrón de anormalidad, por lo que manifestar que la pornoactríz está más dotada que cualquiera otra es una aseveración tan falsa como torpe.

Bien les valdría a todos estos escandalosos -incluidas algunas periodistas- que se dieran un paseo bien por los libros de anatomía, bien por su propio cuerpo para conocer de cerca esta maravillosa estructura que la evolución llevó a ser el único órgano destinado exclusivamente para dar placer. Y esa sola condición le merecería un respeto supremo, independientemente de la persona en la que se encuentra.

Saber que allí se alojan 8.000 terminaciones nerviosas muy sensibles, más del doble de las que tiene el pretencioso pene que está conectado con 15.000 terminaciones nerviosas en la región pélvica, y que un estímulo genuino es capaz de desencadenar las sensaciones más gratas que puede experimentar un ser humano son razones suficientes para merecer mucho más que los estólidos comentarios de los que fue objeto solo por haber sido expuesto por una mujer que libremente escogió vivir de su sexualidad.

Alborotos como este explican por qué en términos de sexualidad la sociedad está como está. Tal vez si se dedicaran a sentir y a gozar más y a escribir menos tonterías en las redes sin duda el mundo sería mejor.

Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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