¿Por qué los químicos nos enferman y empobrecen?

¿Por qué los químicos nos enferman y empobrecen?

El exceso de estos agentes, según un nuevo libro, promueve enfermedades y afecta nuestro bolsillo.

Alimentos enlatados

Los alimentos en lata contienen, según Trasande, compuestos potencialmente peligrosos.

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iStock

Por: Sofía Beuchat y Trinidad Rivera - El Mercurio (Chile) - GDA
19 de mayo 2019 , 04:47 p.m.

Era lógico que el nuevo libro del doctor Leonardo Trasande –pediatra, director del Centro de Investigación de Peligros Ambientales de la Universidad de Nueva York (NYU)–, sobre el efecto de los químicos en nuestro cuerpo, causara revuelo. En especial en la industria química: en enero, a días de que el volumen llegara a librerías, el American Chemistry Council lo tildó de “poco confiable”. Y es que Trasande ataca a la industria directamente: cada página de ‘Sicker, fatter, poorer’ (‘Más enfermos, más gordos, más pobres’) habla sobre cómo los agentes químicos presentes en nuestra comida, nuestros productos de higiene personal y el medioambiente nos están haciendo mucho más daño del que creemos.

El libro –explica el doctor en un extracto publicado por ‘Environmental Health News’– describe cómo “la introducción e inundación de cientos, sino miles, de químicos han literalmente cambiado –y con eso quiero decir dañado– los cuerpos y mentes de millones de personas”. Alarmado, advierte que “eso que llamamos hogar, ya sea en comunidades urbanas, suburbanas o rurales, esconde una perniciosa amenaza para la salud y el futuro de nuestros hijos”.

Trasande asegura que problemas como las crecientes cifras de obesidad y diabetes no son solo una respuesta a los malos hábitos de la vida actual, como el sedentarismo y una dieta con exceso de sal, azúcar y grasa, sino que también se deben a la acción de químicos que, al entrar en contacto con el cuerpo, interfieren con su funcionamiento. Estos actuarían a nivel hormonal, por lo que se conocen como “disruptores endocrinos”, y desde ahí serían capaces de producir alteraciones de salud, en su mayoría relacionadas con enfermedades crónicas. Los principales efectos se concentran en los sistemas nervioso y cardiovascular, el control del metabolismo y las funciones reproductivas (un estudio israelí de 2017 afirma que en los últimos 40 años el hombre occidental ha perdido más del 50 por ciento de sus espermatozoides).

Legislación desfasada

Dice Trasande que la industria química se refugia en que cumple con la ley, pero las regulaciones que la rigen a nivel global –afirma– por lo general “están más enfocadas en los años 60 que en el año 2019”, y no han incorporado la evidencia que hoy está disponible sobre los efectos nocivos que los compuestos químicos pueden tener sobre el cuerpo. Evidencia que él ha investigado y publicado en revistas científicas, pero que también ha sido consignada en varios documentos. Entre ellos, destaca la declaración publicada en 2009 de la Endocrine Society, agrupación médica que congrega a más de 17.000 miembros de 120 países, y un extenso documento de más de 260 páginas publicado en 2012 por la Organización Mundial de la Salud.

La lista de compuestos potencialmente peligrosos es larguísima (más de mil), pero Trasande simplifica las cosas dividiéndolos en cuatro grupos, sobre los que hay mayor evidencia: los pesticidas usados en la agricultura; los ftalatos, que se usan en productos de cuidado personal y envases de alimentos; el bisfenol A (conocido como BPA), que forma parte de las latas de aluminio y algunos plásticos, y los retardantes de llama bromados, usados en muebles, artículos electrónicos y colchones. La manera en la que estos químicos actúan en el cuerpo, explica el endocrinólogo Nicolás Crisosto, de Clínica Las Condes, en Chile, es conocida: “Por ejemplo, los ftalatos funcionan como antagonistas de una molécula fundamental para el metabolismo de los lípidos e hidratos de carbono, mientras que los fenoles son estructuralmente muy parecidos a los estrógenos, pudiendo alterar el desarrollo de las células adiposas”.

“Se trata de compuestos que pueden unirse a los receptores hormonales sin ser hormonas y desencadenar una cascada de señalización similar a la que haría una determinada hormona”, acota, desde la Sociedad Chilena de Endocrinología, la doctora Verónica Mericq, académica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Según explica, los cambios provocados por estos químicos pueden llegar a tener un efecto a nivel genético y ser traspasados de generación en generación, algo a lo que también alude el doctor Trasande en su libro.

La relación entre estos disruptores y la epidemia de obesidad es uno de los temas que más preocupan a los especialistas. Según las investigaciones disponibles, el tejido adiposo suele actuar como un reservorio de distintas sustancias, entre las que se incluyen estos químicos. Cuanta más obesidad, más acumulación de disruptores y, por lo tanto, más enfermedades asociadas al síndrome metabólico. Y al revés: los tóxicos también influyen en el aumento del sobrepeso, al incidir negativamente en el metabolismo de grasas y carbohidratos. “Algunos de estos compuestos podrían causar aumento del tejido graso y maduración puberal más temprana. Ambas condiciones se han asociado a una mayor morbimortalidad cardiovascular, menor calidad de vida y mayor incidencia de enfermedades psiquiátricas como la depresión”, afirma la doctora Mericq.

Un costo muy elevado

El doctor Trasande abre una veta en la discusión al incorporar, en su libro, el costo que esta “invasión de químicos”, de la que parece imposible escapar, tiene en el presupuesto familiar. En este escenario, comenta, la industria alimentaria –que en Estados Unidos recibe muchas subvenciones– es la única beneficiada. “Solo en Estados Unidos, las enfermedades que pueden atribuirse a la acción de disruptores endocrinos le cuestan al país 2,3 por ciento de su producto interno bruto, unos 340.000 millones de dólares al año. Y esta cifra es la subestimación de una subestimación, porque está basada solo en un subgrupo de menos del 5 por ciento de los disruptores, en un subgrupo de enfermedades y en un subgrupo de costos asociados”, dice Trasande en su libro.

“El efecto de la exposición a químicos tiene un costo (en dinero) para la sociedad. Todos lo sufren, todos tenemos que pagar estos costos. Y, como resultado, todos nos hacemos un poco más pobres”, afirma. Asegura que hay estudios que vinculan una exposición mayor a este riesgo en grupos económicos de menos recursos. Y si esto ocurre en un país desarrollado, con mayor razón se da en otros países. Según sus investigaciones, la exposición a químicos no para de crecer a nivel global, y se está notando cada vez más en A. Latina, donde se refleja principalmente en la creciente tasa de obesidad.

Según Trasande, está médicamente demostrado que los esfuerzos por hacer cambios valen la pena. “Si uno hace cambios en el estilo de vida, en días nota diferencias a nivel químico en la orina. En semanas, ve mejoras en el sistema hormonal. Y luego, quizás en meses o años, bajan los riesgos de sufrir condiciones crónicas”.

Para el médico lo más importante es difundir esta información, porque, a medida que la gente tome consciencia de este tema, los políticos y la industria no tendrán más remedio que tomar medidas al respecto.

El efecto de la exposición a químicos tiene un costo (en dinero) para la sociedad. Todos lo sufren, todos tenemos que pagar estos costos. Y, como resultado, todos nos hacemos un poco más pobres

Lo que hay que cambiar

El llamado del doctor Leonardo Trasande es a tener un enfoque preventivo, centrado en reducir el contacto y hacer cambios: dejar de consumir alimentos y bebidas en lata, para reducir el contacto con bisfenoles o mirar el número de reciclaje de las botellas de BPA, que está en su base, y preferir numeraciones por debajo de 6. El endocrinólogo Nicolás Crisosto sugiere el mínimo de alimentos procesados y airear los espacios en los que se vive o trabaja (el polvo acumulado puede contener disruptores). Y la doctora Verónica Mericq recomienda no cocinar en sartenes con teflón, evitar alimentos envasados en plásticos blandos, y, en el caso de los niños, reducir el contacto con productos cosméticos.

SOFÍA BEUCHAT Y TRINIDAD RIVERA
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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