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Esta es la realidad de la pandemia en Colombia
Coronavirus en Bogotá

En el país se registran 456.689 casos de coronavirus, según el más reciente informe de las autoridades. 

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Milton Díaz. EL TIEMPO

Esta es la realidad de la pandemia en Colombia

¿Cómo va realmente el país con respecto a otros estados? Perspectivas del contexto nacional.

Cuando el país bordea el medio millón de infectados y sobrepasa los 14.800 fallecidos por el nuevo coronavirus, se intensifican discusiones sobre el momento, las comparaciones con otros países y las perspectivas de un proceso pandémico, que algunos consideran prolongado y otros, como el resultado de una estrategia sanitaria exitosa.

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Para sorpresa general, pero malestar en las autoridades locales de salud, el portal de noticias Bloomberg dijo el lunes pasado que, “en términos per cápita, las cifras de muertes (por covid-19) del país son las peores del mundo, con 43,1 muertes por cada millón de personas”. Una afirmación de este tenor, proveniente de una firma reconocida, por un lado tuvo eco en los críticos del Gobierno y, en la otra orilla, fue considerada injusta y descontextualizada.

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En este contexto, dos cosas son ciertas. Una es que, de acuerdo con Gabriel Riveros, exministro de Salud, si se observa exclusivamente lo corrido de agosto, Colombia se ubica a nivel mundial en los primeros lugares de la afectación por el virus. Y esto se debe a que Bogotá, Cali y Medellín están llegando simultáneamente al punto más elevado de la epidemia.

Y la otra cosa cierta, como lo expresó el ministro de Salud, Fernando Ruiz, “es que tomar un periodo breve para hacer un balance tan taxativo es como si un ciclista pensara que ganó la vuelta a España por haber llegado de primero en un premio de montaña”.

De hecho, en una mirada más amplia para analizar los datos globales del covid-19 en lo que va del 2020, las 280 muertes por millón de habitantes que la enfermedad ha ocasionado en Colombia pondrían al país en el puesto 22 en ese indicador, según los datos recopilados por la plataforma de la Universidad de Oxford.

Sin embargo, para César Burgos, expresidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, dado que al Sars- CoV-2 aún le resta un trecho muy largo de presencia activa tanto en el país como en el mundo, estos análisis siguen siendo parciales.

Tomar un periodo breve para hacer un balance tan taxativo es como si un ciclista pensara que ganó la vuelta a España por haber llegado de primero en un premio de montaña

Expectativas y realidades

Al revisar las cifras oficiales de la pandemia y los consolidados de algunas plataformas académicas, las preguntas que parecen inevitables son: ¿cuáles serían los criterios para hacer un balance justo? ¿Realmente cómo va Colombia frente al resto del mundo?

Para empezar, dice Riveros, es necesario entender qué buscaba Colombia con su estrategia y comparar lo planeado con lo que está ocurriendo. En ese sentido, hay que recordar que los primeros modelos matemáticos elaborados en marzo, con la poca información disponible en el mundo sobre el comportamiento del coronavirus, dejaban entrever una situación alarmante.

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El mismo Instituto Nacional de Salud ha reconocido que, según sus cálculos, si no se aplicaba ninguna medida, hacia el 8 de mayo más de 73.000 pacientes habrían necesitado atención en Unidades de Cuidado Intensivo (UCI). El colapso habría sido absoluto si se tiene en cuenta que en ese momento el país contaba apenas con 5.300 camas en UCI, que, según Burgos, solían permanecer con ocupación cercana al 90 por ciento.

Fue entonces cuando desde el Ministerio de Salud comenzó a hablarse de "aplanar la curva" o de aplicar la llamada "estrategia del acordeón”, que, de acuerdo con las mismas autoridades de salud, lo que buscaba era dosificar el número de casos a lo largo del tiempo, con el objetivo de no sobrepasar la capacidad de las UCI y, a su vez, aumentar su número para responder de manera más efectiva a la demanda. La cuarentena iniciada el 25 de marzo, en palabras del Gobierno, no tenía un fin curativo.

“Nunca asumimos el aislamiento como una solución total; con eso buscábamos, por una parte, darle tiempo al sistema de salud para expandirse y, por otra, lentificar la propagación del virus, para que no se fuera a presentar la disparada aterradora que mostraban los modelos matemáticos”, dice Ruiz.

Con base en esto, la estrategia demandaba, según Burgos, un aspecto que parece contraintuitivo, porque era necesario que hubiera contagio constante pero lento, para que paulatinamente se redujera la población susceptible de infectarse.

El exministro Riveros manifiesta que el Gobierno siempre tuvo presente que el aumento de los casos era parte esencial de la estrategia y que para conseguirlo era necesario permitir que la gente saliera a la calle, flexibilizando las cuarentenas.

Nunca asumimos el aislamiento como una solución total; con eso buscábamos, por una parte, darle tiempo al sistema de salud para expandirse y, por otra, lentificar la propagación del virus

Pero ese lenguaje, agrega Riveros, tranquilizador y hasta triunfalista del Gobierno llevó a que muchos pensaran que la idea era simplemente no infectarse. “Es por eso que ahora, cuando los números suben y suben, un grueso de la población siente que se está fracasando”, remata Riveros.

Las cifras muestran, a juicio de los expertos, que la estrategia de lentificar el contagio para tener tiempo de ampliar las capacidades hospitalarias y evitar el colapso ha funcionado. De hecho, hoy el país tiene casi 9.500 camas de UCI, de las cuales permanecen disponibles el 29 por ciento.

En términos generales, agrega Burgos, se podría decir que la estrategia le ha salido al Gobierno parecida a lo que esperaba, pero al revisar algunos detalles tendría que reconocer que los hospitales de la mayor parte del país tuvieron una desocupación muy larga que casi los quiebra; además, insiste el expresidente de Sociedades Científicas, que la ampliación hospitalaria de las ciudades que ya superaron el pico debió darse antes y no con la crisis encima y que si las estrategias de testeo y aislamiento de casos puntuales realmente funcionaran, no sería necesario tener cuarentenas estrictas en tantos lugares.

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Pico más bajo

Además de comparar lo que pudo ser con lo que realmente ha sido, a juicio de la salubrista Elizabeth Beltrán también puede compararse el país con sus pares, que por sus condiciones geográficas o debido a sus capacidades sanitarias optaron de igual forma por estrategias de mitigación.

En este sentido, un país como Nueva Zelanda, que por momentos ha eliminado el virus, dice la experta, no ofrece una comparación equilibrada, porque su condición de isla le ha permitido cerrarse casi herméticamente y aislar los pocos casos que han tenido.

Corea del Sur, similar por su tamaño de población, tampoco ofrecería una comparación acertada: “En general, los países que tuvieron Sars en 2002 tienen desde entonces una mejor infraestructura para hacer pruebas”, dice Riveros.

En términos generales, los expertos coinciden en que lo más apropiado es la proporción de muertes con respecto a la población; es decir, la tasa de mortalidad. Esto en razón, según Beltrán, a que el conteo de casos puede ser engañoso, porque está supeditado a la capacidad que cada país tiene para hacer pruebas, y en este sentido, el que realiza menos, tendrá un número bajo de infectados, incluso si una gran proporción de la población estuviera enferma.

Pero los números absolutos de muertes confirmadas tampoco resultan un buen comparativo, porque los países menos poblados siempre parecerían mejores y los más poblados, los peores.

De ahí que la preferencia, a juicio de muchos epidemiólogos, sea el número expresado en tasas (cada 100, 1.000, 100.000 o millón de habitantes).

Aunque la capacidad para hacer pruebas de un país también puede afectar la tasa de mortalidad, Riveros insiste en que este indicador es más certero, en la medida en que el diagnóstico por laboratorio es más frecuente para las personas que enferman (las que llegan a un estado grave son las que fallecen), incluso en países que realizan pocas pruebas.

En ese sentido, Martha Lucía Ospina, directora del Instituto Nacional de Salud (INS), manifiesta que un criterio que facilita la comparación es la identificación del momento que la pandemia vive en cada país, porque tomar una fecha del calendario y contrastar un país que está ascendiendo con uno que ya superó el pico no da muchas luces para evaluar el manejo que cada uno ha dado.

“Aunque hubiera sido errático, todo país que ya dejó la peor parte atrás tendrá indicadores en el presente aparentemente mejores si se miran solo día o semana que aquel que se está aproximando a su momento más crítico”, insiste Ospina.

Para ejemplificar, Riveros dice que según las bases de datos de la Universidad de Oxford, a finales de marzo y comienzos de abril, Italia y España tuvieron días de 16 y 20 muertos por millón de habitantes, respectivamente, mientras que Colombia prácticamente estaba en 0.

Y habría resultado ilógico criticar a dichos países, comparándolos con aquellos donde el virus apenas estaba llegando.

Hasta la fecha, el peor día de Colombia, según el mismo portal de Oxford, ha sido el 30 de julio, con 7,47 muertes por millón, cuando ya sus pares europeos llevan más de un mes reportando menos de una muerte por millón al día.

Lo que no se puede desconocer es que Colombia, de acuerdo con las estadísticas oficiales, tiene una pandemia en pleno ascenso y aún es incierto cuándo se detendrá. “La preocupación por el aumento de muertes es legítima y mucho más en un momento en que es evidente el cansancio de la población con las medidas de aislamiento generalizadas”, dice Rodrigo Córdoba, expresidente de Sociedades Científicas.

En lo que parecen coincidir los expertos es que al Gobierno no le queda bien el triunfalismo, ni a los críticos, la tesis radical del fracaso. En este sentido, Córdoba insiste en que las cosas hasta cierto punto funcionan según lo previsto, pero no se debe olvidar que ha habido retrasos en algunas acciones, que la pedagogía sobre la pandemia no ha calado del todo y que a esta le faltan aún muchos capítulos.

La preocupación por el aumento de muertes es legítima y mucho más en un momento en que es evidente el cansancio de la población con las medidas de aislamiento generalizadas

“Si vamos a tener 6 meses con distintos grados de cuarentena, y, sin embargo, el sistema colapsa y eso se traduce en altas tasas de mortalidad, las cosas habrán fallado; si, por el contrario, se salva la mayor cantidad de vidas, también habrá que reconocerlo”, dice el exministro Riveros.

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