‘Las epidemias son como mirarse al espejo de la humanidad’

‘Las epidemias son como mirarse al espejo de la humanidad’

El mayor experto sobre historia de epidemias afirma que tocan las fibras íntimas de los humanos.

Liberia, África

En Liberia, en el continente africano, niños se lavan las manos con agua clorada.

Foto:

Ahmed Jallanzo. EFE

Por: Hugo Alconada Mon - La Nación (Argentina) - GDA
05 de abril 2020 , 02:45 a.m.

“El coronavirus es la primera gran epidemia de la globalización”, dice Frank Snowden, acaso el mayor experto sobre la historia de las epidemias que devastaron a la humanidad, quien hoy se encuentra bajo cuarentena obligatoria en Italia, uno de los países más afectados por el covid-19, con cifras de muertos e infectados que escalan cada día. Pero el profesor emérito de Historia de la Medicina en la Universidad de Yale propone mirar más allá, hacia el pasado y hacia el futuro.

“Las epidemias permiten entender la humanidad y la historia. Tocan las fibras más íntimas de nuestra naturaleza humana”, dice vía skype. “Nos plantean preguntas de vida o muerte y nuestra actitud hacia ambas. Nos preguntan sobre nuestra ética. Nos muestran si nuestro mundo se preocupa por la gente más necesitada. Las epidemias son como mirarse en el espejo de la humanidad. Y puedo decirle que no todo es bello. Tenemos un lado oscuro. Pero también un lado brillante, hay héroes en esta historia”, afirma.

Snowden es reconocido por dedicar las últimas cuatro décadas de sus 73 años a estudiar las pandemias con varios libros premiados sobre la viruela, la malaria, el cólera, el ébola, la fiebre amarilla y varios flagelos más a lo largo de los siglos, el último se titula ‘Epidemias y sociedad: de la peste negra al presente’. Este último lo publicó en octubre, poco antes de que comenzara a gestarse la pandemia que puede causar un mundo distinto. Ahora el profesor se convirtió, desde su confinamiento en Roma, en fuente de consulta de medios de comunicación de todo el mundo.

¿Cuáles son las similitudes y diferencias entre el coronavirus y las epidemias que ha estudiado?

El coronavirus es la primera gran epidemia de la globalización. Esa es la gran diferencia. Por supuesto que tuvimos episodios previos como el Sars, pero no como la covid-19. Primero debemos comprender cómo comenzó, en un contexto de 8.000 millones de personas, ciudades enormes, una deforestación que ejerce una presión insostenible sobre los hábitats de los animales, que los lleva a trasladarse a otros lugares y a cruzarse con humanos, con los que nunca habían interactuado antes. Así comenzó el ébola, por ejemplo. Segundo, debemos comprender cómo se transmite, en un contexto de megaconcentración humana en centros urbanos, potenciando su propagación. Tercero, comprendamos cómo se expande, que es a través del transporte aéreo masivo, de modo que un virus que se desata en Yakarta por la mañana puede estar en Buenos Aires, Nueva York o Roma por la noche. El coronavirus no se puede entender sin la globalización, es un producto de esta era de la humanidad. Del mismo modo que la epidemia de cólera que asoló Europa y Estados Unidos durante el siglo XIX fue posible porque aquella era otra sociedad, distinta a la actual, con características en las que el cólera pudo avanzar, algo que hoy no sería posible en Nueva York o Roma gracias a la revolución sanitaria posterior.

Perú en coronavirus

Así es como lucen muchas ciudades del mundo por las cuarentenas. En la foto, Lima, la capital de Perú.

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EFE

Por eso usted suele remarcar que ‘las epidemias no afectan a las sociedades al azar’...

¡Claro! ¡Estamos lidiando con organismos vivos que requieren de ciertas condiciones para prosperar y somos nosotros quienes les damos esas condiciones! Fuimos quienes generamos las condiciones para que el cólera se expandiera en su momento, también el ébola.

Y ahora...

Creamos un nicho ecológico que permitió que el coronavirus fuera posible. Recuerde lo que planteó el premio nobel (de medicina) de 1958, Joshua Lederberg. Dijo que hay diferencias entre microbios y humanos. Los microbios tienen la ventaja de ser más numerosos y contar con una capacidad increíblemente rápida para mutar, por lo que pueden evolucionar de un modo que los humanos jamás podríamos competirles. Pero contamos con algo que no tienen los microbios: nuestra inteligencia y nuestra capacidad de colaborar, si así lo deseamos. Por eso, espero que como humanidad colaboremos todos. Si no, tendremos un futuro desolador. Tuvimos suerte con el Sars, pero olvidamos la lección que nos estaba dando: fue apenas un ensayo de algo más grande que se estaba gestando. Y le recuerdo: no sabemos si algo aún más grande que el coronavirus se está gestando. Ahora no se trata de ir contra la globalización, que ya es un hecho, sino que se trata de cómo la manejamos de un modo que nos beneficie y corregimos lo que debamos corregir. Solo así tendremos un futuro como humanidad. La definición de ‘estupidez’, según Albert Einstein, es seguir haciendo las mismas cosas y esperar un resultado distinto (risas).

Apoyado en lo que investigó de epidemias anteriores, ¿qué impacto cree que tendrá el coronavirus?

(Arquea las cejas) ¡Wow! Sabemos muy poco hasta ahora sobre el coronavirus. No sabemos cuánto durará, cuánta gente matará, si desaparecerá con las temperaturas más elevadas de la primavera, si afrontaremos varias oleadas o se convertirá en endémica. Todas son preguntas relevantes. Por eso, en esta tremenda niebla de ignorancia (sonríe), solo puedo decirle lo que me preocupa y lo que deseo. Me preocupa que esta enfermedad acentúe la brecha entre las naciones ricas y las naciones eufemísticamente conocidas como ‘países emergentes’, mientras vemos que el consejo que ofrecen los países ricos –“lávense las manos y mantengan distancia social”– es a menudo impracticable. ¿Cómo pueden lavarse las manos o aislarse en una favela de Río de Janeiro o en las barriadas de la Ciudad de México o de Bombay, o de Sudáfrica?

Muchas personas ilustradas deben comprender que en un mundo globalizado, lo que ocurre en una favela de Río nos pasará a todos

O en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires...

(Asiente) ¿Cómo pueden lavarse las manos, incluso en Estados Unidos, donde se les cortó el agua potable a 15 millones de personas? ¿Qué nos dice sobre la humanidad un consejo que no pueden cumplir millones? Por supuesto que como propuesta es maravillosa, pero hay algo más básico por debajo. Y es que muchas personas ilustradas deben comprender que en un mundo globalizado, lo que ocurre en una favela de Río nos pasará a todos.

Tras estudiar las secuelas de múltiples epidemias a lo largo de la historia, concluyó que ‘la libertad, por lo general, ha sido una de las víctimas’ de esos flagelos. ¿Cree que puede ocurrir ante el avance del coronavirus?

Mi respuesta corta es sí. Pero no es inevitable, ni estamos condenados. Creo que podemos aprender de las experiencias pasadas y corregir el rumbo para evitar los demonios de la mente humana. Esos de los que se aprovechan los políticos demagogos, rechazando los hechos, la ciencia y la salud pública. Lo vemos en Italia, en Brasil, en EE. UU. con Donald Trump. Llegan a denominar al coronavirus como ‘el virus chino’, como si hubiera algo en el ADN chino que causó esto y que podría solucionarse construyendo otro ‘muro’. Eso puede llevar al colapso del comercio internacional y, en la práctica, de la economía global.

Deme una consecuencia positiva, si me permite la expresión, de las epidemias. O dicho de otro modo, ¿puede algo bueno salir de todo esto?

¡Puedo darle veinte! (risas)No soy completamente pesimista. Para empezar, esta pandemia demostró de manera definitiva que no proveerles acceso a la atención médica a todos en el mundo es un error, no solo por motivos morales, sino porque le impide a la ciencia saber dónde están las nuevas enfermedades. Es ponerle una venda al servicio de salud del que dependemos. Creo que quedó claro que es más costoso abordar una epidemia cuando ya es una emergencia que como un riesgo por prevenir. Debemos montar sistemas que estén preparados para no afrontar luego los dilemas éticos que se plantean ahora sobre quiénes deben acceder a un respirador automático y si la prioridad debe tenerla un mayor, un joven o un profesional de la salud.

Usted sabe mejor que nadie que la humanidad suele lidiar con la epidemia del momento y, una vez que la deja atrás, se desentiende y avanza como si nada hubiera ocurrido, ni se prepara para la siguiente...

Me alegra que me desafíe y que me plantee preguntas difíciles. No siempre es así. Déjeme darle un contraejemplo: el sistema de salud que se montó en Europa occidental luego de la Segunda Guerra Mundial se levantó en gran medida basado en los antecedentes que conocían sobre la tuberculosis y cimentó la medicina social, que estableció que para tratar adecuadamente a un paciente debes abordar la sociedad en que se mueve, su vivienda, su salario, su barrio, su cobertura médica.

Usted ha planteado que las epidemias nos dan la oportunidad de afrontar una pregunta: ‘¿Qué es lo que nuestra muerte, probable e inminente, trata de decirnos?’...

La muerte inminente nos plantea la pregunta sobre qué es lo más valioso de nuestras vidas. Creo que ese es un mensaje poderoso que también debemos plantearle a la sociedad que exista poscoronavirus. Debemos replantearnos cómo logramos morir con nuestra conciencia en paz. Y creo que no podemos morir en paz sabiendo que hay millones de personas sufriendo por enfermedades que pueden prevenirse. Es la negación de nuestra humanidad. Si algo aprendí después de tantos años estudiando epidemias, es que los riesgos que afrontamos son aterradores. El mundo debe entender de una vez por todas que esto es algo que debe afrontar y solucionar.

¿Por qué cree que la humanidad reaccionará ‘de una vez por todas’, si no ocurrió con el Sars, el ébola o el sida?

No veo muchos motivos para ser optimista, es cierto, pero creo que siendo esta una epidemia tan global, acaso obligue a todo el mundo a tomar conciencia sobre esto al mismo tiempo. Eso sería, si me perdona la expresión, maravilloso.

OMS evalúa cambiar la estrategia con las mascarillas

Según un estudio publicado el viernes en la revista ‘Nature’, el uso de mascarillas quirúrgicas reduce la cantidad de coronavirus en el aire exhalado por los enfermos. En respuesta, el presidente de EE. UU., Donald Trump, anunció que las autoridades sanitarias aconsejan ahora a todos los ciudadanos cubrirse el rostro al salir de casa. “Se produjo una verdadera inflexión en Estados Unidos y la OMS está revisando sus recomendaciones”, declaró el profesor KK Cheng, especialista en salud pública de la Universidad de Birmingham (Reino Unido). La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, sigue en su posición inicial de recomendar la mascarilla solo para el personal sanitario, los enfermos y su entorno cercano, pues temen que el uso generalizado provoque un “falso sentimiento de seguridad”. Sin embargo, su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, admitió que la institución seguía “evaluando el uso potencial de la mascarilla de manera más amplia”. “La pandemia evoluciona, las pruebas y nuestros criterios también”, declaró.

HUGO ALCONADA MON
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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