¿Mejores, peores o iguales? Cómo seremos los humanos después del virus

¿Mejores, peores o iguales? Cómo seremos los humanos después del virus

Un grupo de psiquiatras opinó sobre qué medida y de qué forma nos impactó la pandemia.

Cuarentena niños

¿Será que muy pronto habremos olvidado los tiempos en los que se consideraba peligroso y era restringido usar los parques?

Foto:

Milton Díaz. EL TIEMPO

Por: Juan Gossaín
23 de septiembre 2020 , 10:43 p. m.

¿Volveremos a ser como éramos antes? ¿Mejores? ¿O tal vez peores?

Así como ustedes acaban de leerlo, con la primera línea de esta crónica llena de interrogaciones, así mismo está mi cabeza desde hace varios meses. Esas son las inquietudes que me zumban en la oreja mientras sigue la pandemia.

Entonces, como éramos pocos, parió la abuela: la primera consecuencia de tantas preguntas fue que me surgieran estas otras: ¿es posible saberlo desde ahora? ¿Quién puede decirme cómo seremos en el futuro los seres humanos? ¿Quién me orienta?

En ese momento me detuve a pensar que un psiquiatra es el científico que estudia la mente humana, pero también los sentimientos, las pasiones, los trastornos, los defectos y virtudes de la gente. Vale la pena contarles que la psiquiatría se volvió una verdadera disciplina profesional desde mediados del siglo XVIII, hace casi trescientos años.

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Me puse en esa tarea y pude conversar con varios doctores reputados y respetados de ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena. Sus propios colegas me los recomendaron. De manera que manos a la obra, amigos, porque esta tertulia de hoy es apasionante.

¿Optimista o pesimista?

Mi primer invitado es el doctor Miguel Ángel Sabogal García, presidente de la Asociación Colombiana de Salud Mental y médico de la Universidad de Cartagena. Desde hace dos años se trasladó a Bogotá y trabaja en el hospital Simón Bolívar. Allí han atendido hasta ahora a casi cuatro mil trabajadores de la salud y sus familias, mediante un programa de su propia creación llamado ConscienteMente.

Le pregunto, de sopetón, si es optimista o pesimista sobre el futuro de la gente.

Lo más probable es que, al final de la década, estemos viviendo lo mismo que antes, como si nunca hubiésemos padecido una pandemia

–Como decía el psicólogo Jacques Lecomte, yo soy un optirrealista –me dice–. Soy optimista, pero también realista. No digo que van a pasar cosas buenas; digo que pueden pasar cosas buenas. Yo no hago profecías.

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Hecha esa advertencia, agrega que, en su opinión, “el escenario más probable de todos es que el año 2021 sea el de la implementación de la vacuna y la reactivación de la economía, los viajes, los negocios, el turismo, la contaminación ambiental, la delincuencia, los conflictos. Lo más probable es que, al final de la década, estemos viviendo lo mismo que antes, como si nunca hubiésemos padecido una pandemia”.

Lo más y lo menos probable

–En cambio –prosigue– el escenario menos probable de todos es que las personas cambien sus prioridades y empiece una transformación social de abajo hacia arriba, con movimientos en defensa de la conservación planetaria, pasando más tiempo unidos en la familia, y que, como consecuencia, aparezcan movimientos políticos promotores de esas nuevas tendencias y que aglutinen a las mayorías, liderados por los jóvenes. De esa manera, en la próxima generación, ellos serían un factor decisivo en el cambio.

Luego hablo con el psiquiatra Pedro Claver Gómez Méndez, que ejerce su profesión en Barranquilla. Además, es profesor y coordinador del posgrado en Psiquiatría de la Universidad del Norte.

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–Soy optimista –me responde de modo tajante–. Sé que muchas personas pasarán por la transformación que produce la pandemia y ese cambio se reflejará en hechos buenos.

Analizando la realidad cuidadosamente, el doctor Gómez Méndez me hace una advertencia: “Eso sí, para cambiar se requiere inteligencia, cultura, honestidad, generosidad y apertura mental. Sin duda, aquellos aferrados al dinero, y los que son fanáticos políticos o religiosos, se mantendrán defendiendo sus intereses y su statu quo por encima de cualquier otra consideración”.

Veo que este es el momento preciso para preguntarle si hay alguna forma científica de inducir a que los seres humanos sean mejores de lo que son. “La educación, sin lugar a dudas, hace mejorar a los seres humanos”, anota el psiquiatra. “Y también, por supuesto, la crianza con afecto, sin hambre, con oportunidades, con valores y sin maltrato”.

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Y, para concluir, el doctor Gómez agrega sobre el mismo tema:

–Pero la verdad, en el caso colombiano, es que el manejo mezquino del Gobierno con los más pobres, con la clase media y con el sector de la salud ha generado una gran frustración y resentimiento con el Estado. Se perdió una oportunidad para reivindicar a los más necesitados, lo que llevaría a creer cada vez menos en la solidaridad y el respeto hacia la humanidad que tiene el poder económico y político de este país.

Y en seguida les presento al tercero de nuestros invitados. Es el doctor Rodrigo Córdoba, médico y profesor de Psiquiatría en la célebre Universidad del Rosario, de Bogotá.

–Lo primero que anhelo –responde sobre lo que nos espera a los seres humanos– es que ojalá no dejemos pasar esta oportunidad. Nunca antes el ser humano se había visto tan sometido a prueba como ha sucedido en esta pandemia.

‘No somos eternos’

Al analizar cerebral y emocionalmente los días que hemos vivido en estos meses, el psiquiatra Córdoba me dice que esta tragedia “nos recordó que no somos eternos, somos finitos, y nos lo puso en evidencia. Por fin entendimos que el miedo es un sentimiento básico, que la incertidumbre paraliza. Pero sin duda alguna esta pandemia nos demostró que entre todos podemos salir adelante”.

Le pregunto si él cree que existe la posibilidad de que eso ocurra, que nos unamos para enfrentar los avatares del futuro. Es decir: ¿hay lugar para el optimismo o no?

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La solidaridad y la esperanza son los motores del optimismo –me contesta–. Ese es el requisito para que la humanidad pueda subsistir como especie. Y, en el caso de Colombia, creo que es una magnífica oportunidad para que los líderes orienten a los ciudadanos en general, y a los jóvenes en particular, en la dirección de hacer un país mejor.

Ojalá no dejemos pasar esta oportunidad. Nunca antes el ser humano se había visto tan sometido a prueba como ha sucedido en esta pandemia

Colombia, los líderes y la juventud

En ese punto concreto el doctor Miguel Sabogal coincide con su colega Córdoba. Él también cree que “las generaciones más jóvenes serán las que saquen un aprendizaje más perdurable de esta emergencia. Me queda la esperanza, muy estrecha, de que alguno de esos jóvenes llegue a liderar políticamente a nuestra sociedad”.

Regreso con Rodrigo Córdoba para preguntarle si, en su opinión científica, él cree que Colombia ha sufrido más, menos o lo mismo que el resto del mundo.

–Creo que ha sido una prueba de fuego para toda la humanidad –responde–, pero América Latina en general, y Colombia en particular, tienen más problemas porque como Estado y ciudadanía apenas estamos en evolución.

En este punto resuelvo consultar también la opinión de un psicólogo que no desea identificarse. Vive y trabaja en Cali. Es él quien sostiene que “después de la pandemia los seres humanos sí cambiaremos, pero por un tiempo breve, mientras se nos pasa el susto. Después lo olvidaremos, así como olvidamos lo que ocurrió en el diluvio universal, o con la peste negra y la gripa española del siglo pasado y con la tragedia que provocaron las dos guerras mundiales”.

Las posibilidades

Cierro el recorrido de estas entrevistas, de las que tanto he aprendido, oyendo al médico psiquiatra Jorge Ospina Duque, funcionario de la Universidad de Antioquia y del Hospital San Vicente Fundación. Esta es, en esencia, su respuesta:

–Si algo nos ha enseñado esta pandemia, infortunio mundial que solo sucede cada centuria, es que la incertidumbre es universal y nos acompaña en la sombra todos los días y que, por eso, la predicción del futuro, como lo plantea esta pregunta, sigue siendo un acertijo. Me contentaría si se cumple una sola de las dos visiones que yo tengo.

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En primer lugar, el profesor Ospina Duque dice que su visión más optimista “consiste en que por fin aprendamos que debe existir una dependencia absoluta de todos los seres con todo el planeta, que la técnica humana para dominar el planeta es una mentira y que por fin veamos cómo es que los mamíferos superiores experimentan sentimientos sociales, la compasión, la solidaridad, la unión entre todos. Seríamos, o volveríamos a ser, mejores seres humanos”.

Su segunda posibilidad, en cambio, “es más pesimista y más temida, pero más probable”, según sus propias palabras.

‘El poder y las pasiones’

El doctor Ospina piensa que las reflexiones que hizo en su visión anterior “no serán aprendidas ni aplicadas porque, tal como se ha dicho varias veces, el hombre no es un ser racional, sino un ser emocional con capacidad de pensar”.

Ello se debe a que en los últimos tiempos “el hombre ha cambiado la armonía de la supervivencia colectiva de las especies y del planeta. Es muy difícil que un cataclismo como esta pandemia nos haga solidarios mientras los individuos y naciones más poderosos sigan creyendo que con su poder pueden vivir aunque sea sin contar con los demás habitantes de la Tierra y sin la Tierra misma”.

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Por esas razones, precisamente, Ospina Duque termina evocando una sentencia del historiador romano Tácito: “El apetito lujurioso del poder es la más flagrante de todas las pasiones”.

Epílogo

Salgo a la calle y doy una vuelta larga, pero sin bajarme del carro. Veo que los árboles renacieron, que las palmeras han reverdecido y oigo que los pájaros vuelven a cantar. En la orilla misma del mar el agua está tan transparente y fresca que se ven las algas bailando con el oleaje. Y en el cielo aletean las bandadas de gaviotas y alcatraces.
Las calles están limpias. No hay basura en el suelo. En las aceras florece la ardiente buganvilia, que en el Caribe se conoce como trinitaria, veranera o flor del verano. El mundo parece acabado de lavar. Mientras contemplo el formidable espectáculo de la naturaleza que renace, me pregunto si cuando esto haya pasado volveremos a ser los mismos indolentes de antes. ¿O será que estoy soñando despierto?

Por último, déjenme decirles que la vida y el lenguaje se han vuelto tan asombrosos con la pandemia, y tan paradójicos, que en estos días la palabra más negativa del idioma es positivo.

JUAN GOSSAÍN
Especial para EL TIEMPO

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