El viaje a lo más profundo de un cerebro adicto

El viaje a lo más profundo de un cerebro adicto

En él cohabitan varias personas, cada una con una fuerza distinta, según explican especialistas.

Adicciones

El espectro de las adicciones va desde las sustancias psicoactivas hasta el sexo y las compras.

Foto:

iStock

Por: Unidad de Salud de EL TIEMPO
07 de noviembre 2019 , 12:17 p.m.

Si se quisiera describir el cerebro de un adicto tendría que decirse que en él hay una voluntad secuestrada por la necesidad de buscar el bienestar que produce la sustancia o la condición que genera la adicción.

Y es que en medio de esa situación otras fuerzas se debaten, como la que anticipa lo que ocurrirá después (depresión, ansiedad, síndrome de abstinencia), la que lucha contra la soledad que se experimenta, al lado de la de las cargas de conciencia, la vergüenza con la familia, y, por supuesto, la del miedo.

“Todo eso en una batalla permanente, sin ninguna tregua para el afectado”, explica el psiquiatra Rodrigo Córdoba, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario.

Pero no se trata de manifestaciones de personalidad múltiple. Nada de eso. Según la psiquiatra Olga Albornoz, lo que ocurre es que las adicciones fragmentan por completo la personalidad de los afectados dejando por un lado su identidad; por otro, el pensamiento y, por otro, la voluntad. “Una adicción es como un delincuente que se introduce en la esencia del individuo y le destruye todos los elementos de su persona, su dignidad y su pensamiento; es algo gravísimo”, insiste Albornoz.

Y si ya está situación es dramática, Córdoba apunta que empeora porque recomponer todo es casi imposible, “de ahí que sea tan difícil tratar un adicto”, agrega.

Esa es la razón por la que muchas personas cuando caen en una adicción a alguna sustancia química o de conducta se enfrentan a callejones sin salida o a una especie de puertas giratorias por las que entran y salen de su condición de manera repetida, antes de encontrar la estrategia que mejor les ayude, expone la psicóloga Sandra Herrera.

“Por esa razón muchos tratamientos son prolongados y frustrantes”, señala la experta.

Varias caras, el mismo problema
Adicciones

El consumo de alcohol es una de las adicciones con mayor prevalencia en Colombia.

Foto:

iStock

El imaginario del adicto presenta, por lo general, a un consumidor de sustancias prohibidas, pero en realidad este problema tiene un espectro muy amplio que abarca desde adicciones a la comida hasta las generadas por las compras y el juego, pasando por las causadas por el trabajo, el deporte y el sexo.

“En realidad son desajustes del comportamiento producidos por la dependencia física y emocional a una sustancia o una actividad o conducta, que terminan por afectar el desempeño normal de un individuo con consecuencias dañinas para él mismo y su entorno”, indica Córdoba.

A pesar del amplio espectro de causas, lo cierto es que en todas las adicciones hay procesos en común. Hace unos meses, el Journal of Behavioral Addictions sugirió que el común denominador en ellas es la compulsión.

Sobre esto, Albornoz enfatiza en que casi todos los adictos presentan un trastorno obsesivo compulsivo acompañado de rigidez cognitiva y metas personales muy limitadas. “En ellos, las imágenes del encéfalo muestran variaciones en las regiones centrales de la corteza prefrontal, un área vinculada con el control y las emociones”, dice la psiquiatra.

Frente a estos combos anatómicos se puede inferir que las personas con adicciones podrían estar supliendo con sustancias o conductas necesidades emocionales que terminan por salirse de las manos y derivan en conductas compulsivas que el cerebro no puede controlar y que, a su vez, se realimenta en un peligroso círculo vicioso, afirma el neurólogo Gustavo Castro.

Una mirada al fondo del cerebro adicto
Adicciones

Muchos expertos ven las adicciones como callejones sin salida o puertas giratorias.

Foto:

iStock

El cerebro de las personas con adicciones -continúa Castro- funciona de manera diferente en razón a que su único fin es encontrar a toda costa el bienestar que le produce una sustancia o un comportamiento. “Esa es su única tarea al punto que estar bajo la acción de estos elementos externos se convierte en una nueva normalidad para dicho cerebro”, asegura el neurólogo.

En otras palabras, el bienestar pasajero que produce el objeto de la adicción sustituye por completo todas las recompensas naturales que pudiera recibir, plantea Córdoba. “Ninguna es igual, por eso solo se busca afanosamente el placer que deja lo que se consume, con el agravante de que un cerebro en esa condición siempre pide más”, remata.

En ese sentido, el papel de la dopamina (un neurotransmisor) es fundamental a la hora de hablar de adicciones porque esta sustancia es la encargada de producir el deseo y es la que activa a todas las regiones cerebrales para que no tengan otra prioridad más que buscar la sustancia o la conducta adictiva, explica Castro.

En ese proceso se suman el mesencéfalo y la corteza orbitofrontal, que son capaces de convencer a todas las áreas de que dejen otras funciones y se dediquen a exigir que se busque y se exija la sustancia a como dé lugar.

Ahora, como casi todas las drogas de abuso producen cambios en el sistema que depende de la dopamina, cuando el consumo de ellas se vuelve crónico entra en juego la plasticidad cerebral y la capacidad de adaptación para que dichos cambios sean permanentes, sustenta Albornoz. “Eso explica por qué para un adicto consumir forma parte de una normalidad frente a la cual no se puede abstraer; que es más poderosa que su voluntad”, agrega la especialista.

Castro complementa que también se producen cambios muy severos en la corteza prefrontal y eso altera la regulación de las emociones y los procesos de pensamiento. “No se puede razonar con claridad, controlar conductas y tomar decisiones propias, la persona queda a merced del consumo”, insiste el neurólogo.

No todo está perdido

Aunque desde diferentes esquinas la adicción se ha clasificado como una enfermedad cerebral recurrente y crónica, algunos investigadores consideran que esa misma condición que le permite adaptarse se puede usar para hacer proceso inverso y sacar al adicto del foso en el que ha caído, con base en los fenómenos de plasticidad cerebral que llevan a modificar las estructuras cerebrales como consecuencia del influjo de sustancias y comportamientos de los cuales terminan dependiendo.

En ese sentido, Córdoba recalca que el cerebro está hecho para cambiar y que gracias a esa característica la humanidad misma ha evolucionado, “así que su capacidad para recuperarse, cambiar, generar nuevas conexiones y mejorarse en otras condiciones permite creer que se pueden generar estrategias terapéuticas que modulen de nuevo el cerebro adicto y lo moldee para hacer que la fuerza que domina al adicto ceda ante las demás que podrían sacarlo de nuevo a flote”.

UNIDAD DE SALUD
Consulte aquí todas las noticias de la Unidad de Salud de EL TIEMPO.
Contáctenos a través de @SaludET, en Twitter, o en el correo salud@eltiempo.com.

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.