¿Por qué nos matamos tanto el día de la madre?

¿Por qué nos matamos tanto el día de la madre?

Un análisis desde el punto de vista de la salud mental sobre este fenómeno que se ve en el país.

Homicidios en zonas de disidencias

Las reuniones se convierten en un foco de tensión emocional que afecta a todos los asistentes.

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Jaime Moreno / Archivo EL TIEMPO

Por: Carlos F. Fernández
12 de mayo 2019 , 10:30 p.m.

La figura materna, en los humanos, se enmarca en una ambivalencia entre el bien y el mal. Esta condición, de acuerdo con la psiquiatra Olga Albornoz, en personas con estructuras mentales básicas (con imitaciones en el racionamiento) puede pasar de la madre a la madrastra como en los cuentos de hadas, lo que en una celebración como el día de la madre puede generar conflictos emocionales, difíciles de controlar.

Esto en razón a que, según la especialista, en una fecha de este calibre lo mandado es manifestar el amor a la mamá en toda su extensión y no está permitido no quererla y mucho menos expresar algún sentimiento de desprecio por ella. Lo que en estos individuos se convierte en una presión traducida en un malestar que para nada se alivia, con lo que hay que proyectar hacia el exterior.

Y en este contexto, la psicóloga Ruby Osorio manifiesta que se promueve de manera inconsciente una especie de competencia entre hijos, que trata de poner en escena quién quiere más y cuestionar al que no lo hace, en una especie de juego materializado en regalos, balances medidos en presencia, cercanía, colaboración y hasta abandono, todo en torno a la madre.

“Las culpas aparecen, los reproches, las frases calificadoras que al impactar en personas con dificultades para controlar impulsos, pueden ser detonantes de conflictos y enfrentamientos entre familiares”, dice la experta.

Rodrigo Córdoba, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario, dice que esto convierte al día de la madre en un elemento de coincidencia obligada, en virtud a que ella es el factor de mayor confluencia familiar en contextos sociales como el nuestro, por encima de celebraciones como la Navidad o el Año Nuevo, en las que cualquier disculpa es válida y sin dramatismo para no estar cerca de la progenitora.

Y como es natural, agrega Córdoba, entre hermanos y otros miembros de las familias pueden existir diferencias, enfrentamientos, heridas sin sanar o problemas irreconciliables, que en teoría tendrían que pasar a un segundo plano, ante el imperioso deber de estar todos al lado de la mamá. Sin embargo, en muchos casos, esto no es posible y las reuniones se convierten en un foco de tensión emocional que afecta a todos los asistentes.

Si a todo lo anterior se agrega el alcohol, como es habitual en toda fiesta colombiana que se respete, se liberan más fácil esas presiones, se desinhiben conductas, se exacerban los ánimos y hasta se promueve la violencia a partir de desencadenantes simples que pueden ir desde una frase, una discusión política, las diferencias por un equipo de fútbol o incluso la retoma de rencillas anteriores.

Todo confluye en un peligroso coctel que, según Albornoz, es avivado por patrones culturales de machismo, intolerancia y la falta de respeto por las reglas. “En una sociedad que no respeta los límites y en donde cualquier tipo de autoridad es frágil, el entorno familiar replica fácilmente estos determinantes”, apunta,

El resultado es el evidenciado en esta fecha: convertir el día de la madre en uno de los más violentos del país. ”Una triste realidad que no se modifica solo con invocar cariño y respeto por las madres. Se requieren abordajes más estructurales”, dice Osorio.

Las culpas aparecen, los reproches, las frases calificadoras que al impactar en personas con dificultades para controlar impulsos, pueden ser detonantes de conflictos entre familiares

Y en esto coincide Córdoba, quien asegura que el análisis sobre este problema debe darse desde todo componente de salud mental, e involucrarlo en una política pública, que el país está en mora de construir.

Para rematar, indican los tres expertos, podría convertirse en norma sacar de dichas reuniones a quien tenga antecedentes violentos o promover la autocensura, de quienes consideren que son incapaces de tolerar o de compartir con personas que necesariamente se reunirán el Día de la Madre.

Pero hay más. Dadas las cifras la variación del significado de estas fechas para algunos centradas más en lo comercial y en razón al impacto negativo en la salud pública y en el bienestar colectivo, hay voces que invocan por abolir dicha celebración y aplicar el adagio de que el Día de la Madre se celebra todo el año.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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