Bisfenol A, el químico que preocupa, está donde usted menos se imagina

Bisfenol A, el químico que preocupa, está donde usted menos se imagina

Considerado en Europa como extremadamente preocupante, tiene graves efectos en la salud. Conózcalo.

Bisfenol A

El Bisfenol A está presente en la mayoría de los papeles térmicos que se usan en cajas registradoras para facturas y recibos.

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Por: Unidad de Salud de EL TIEMPO
06 de septiembre 2019 , 10:53 a.m.

El Bisfenol A (usualmente abreviado como BPA) es una sustancia química industrial que desde los años 60 se usa para fabricar plásticos y resinas. Hace dos décadas protagonizó muchas discusiones centradas en la alarma que generó su presencia en elementos de uso común y su relación con graves riesgos para la salud. Y hoy esa preocupación vuelve a estar sobre el tapete.

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Por sus características, el BPA se encontraba en los plásticos de policarbonato, que a menudo se usaban para fabricar envases de bebidas; y en las resinas epoxi, que recubría empaques y latas para alimentos. Pero poco a poco fue retirado de la mayoría de estos productos, al punto que las alarmas cesaron.

Hoy se sabe, por ejemplo, que persiste en algunos artículos de uso común que contienen gran variedad de plásticos como recipientes, cubiertas de superficies, adhesivos y pinturas e incluso en selladores dentales que al no ser consumidos, en teoría, no representan riesgo mayor.

Sin embargo, las autoridades sanitarias mantienen las alarmas frente a la exposición del producto en elementos que pasan por muchas manos como los papeles térmicos, utilizados en la mayoría de los recibos de caja registradora y facturas, porque en ellos actúa como revelador de color. En ese uso la exposición a este químico se incrementa al punto de llegar organismo, donde puede hacer daño.

De hecho, la Asociación Americana de Endocrinología ha demostrado que la exposición a altos niveles de Bisfenol A puede ser un disruptor hormonal que altera los procesos de desarrollo en la vida intrauterina y, además, otras investigaciones lo han vinculado con efectos negativos a nivel cerebral, de la conducta y aumento de la presión arterial.

Otro estudio realizado hace algunos años por 'Analytical and Bioanalytical Chemistry' encontró que de los 13 papeles de impresión térmica más comunes, 11 contenían preocupantes niveles de BPA. Basado en estos hallazgos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (Unep) publicaron un estudio sobre el estado de la ciencia de la disrupción endocrina, que sugirió una prohibición total de todos los productos que pudieran alterar la función endocrina a nivel fetal, incluido el Bisfenol.

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Y a pesar de que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ha manifestado que los niveles presentes actualmente pueden ser bajos, planteó medidas para reducir su exposición, sobre todo en ciertas etapas de la vida.

Para no ir muy lejos, en julio pasado el Tribunal General de la Unión Europea confirmó la clasificación del Bisfenol A como una “sustancia extremadamente preocupante” por sus efectos tóxicos probados para la reproducción humana, una designación criticada por la industria plástica de ese continente, que había presentado un recurso alegando que este químico se usa principalmente para la fabricación de polímeros.

Según la sentencia, la clasificación de una sustancia responde a sus “propiedades intrínsecas” y no “a sus usos” y, en ese sentido, el Bisfenol A se convierte en un potente perturbador endocrino, causante de males que van desde el cáncer hasta problemas de la reproducción humana, cuando entra al organismo vía oral.

En Colombia, a través de la resolución 4143 del 2012, el Ministerio de Salud prohibió tajantemente el uso de Bisfenol A en materiales plásticos que entren en contacto con el consumo humano. La medida, por supuesto, fue bienvenida en su momento, pero a juicio de expertos se queda corta frente a las potenciales exposiciones con este elemento.

Para profundizar en el tema, la Unidad de Salud de EL TIEMPO entrevistó a una de las máximas autoridades europeas en este campo. Se trata de Carlos de Prada, responsable de la campaña “Hogar sin tóxicos” y autor del libro que lleva el mismo nombre. También ganó el Premio Global 500 de las Naciones Unidas y otros galardones de medio ambiente en España.

¿Cuándo y por qué es riesgoso el bisfenol?

El Bisfenol A es probablemente la sustancia alteradora hormonal más estudiada. Hay centenares de estudios que lo asocian a los más diversos problemas. Muchos de ellos ven efectos a concentraciones muy bajas, como a las que, de hecho, se exponen cotidianamente millones de personas. Según la comunidad científica, con este tipo de contaminantes llamados disruptores endocrinos no puede establecerse con claridad un nivel seguro de exposición, especialmente en las primeras etapas de la vida y el embarazo.

El Bisfenol A ha sido detectado en personas de todas las edades, desde fetos a ancianos, y en los más diversos órganos, provocando las más diversas alteraciones

El Bisfenol A ha sido detectado en personas de todas las edades, desde fetos a ancianos, y en los más diversos órganos (cordones umbilicales, sangre, fluidos del folículo ovárico, líquido amniótico), provocando las más diversas alteraciones. Entre ellas, abortos espontáneos, alteraciones del comportamiento, déficit de atención e hiperactividad, diabetes, obesidad o enfermedades cardiovasculares. También con problemas de fertilidad, adelanto de la pubertad, endometriosis y, probablemente, cáncer de próstata o de mama, por ejemplo.

¿Qué elementos contienen bisfenol y con cuáles la gente está en contacto permanente?

La principal vía de exposición ha sido la alimentación, especialmente por la contaminación procedente de materiales que están en contacto con alimentos, como envases y recipientes alimentarios. Pero se usa en muchos productos de consumo, como botellas para biberones, tazas o botellas de agua reutilizables. También en CD, DVD, faros de coches, ventanas, gafas, carcasas de ordenadores, equipos médicos, ópticos, cristales antibalas, placas de circuito impreso, tuberías de agua potable, como aditivo en otros plásticos diferentes del policarbonato, como el PVC, la producción de resinas de poliéster, resinas de polisulfona y resinas de poliacrilato. Además, se utiliza en recubrimientos de superficies, adhesivos y pinturas, papeles térmicos e incluso en selladores dentales. Pero, como se ha dicho lo que preocupa más es su presencia en materiales en contacto con alimentos.

¿Qué tan amenazado se debe sentir el mundo por el Bisfenol?

Como en todos estos temas nunca conviene caer en el alarmismo gratuito. Pero tampoco desentenderse del clamor de la comunidad científica que nos está alertando. El principio de precaución debiera aplicarse de oficio, pero lamentablemente no es así. En este caso se deben adoptar medidas para reducir la exposición humana. El Bisfenol A es, por otro lado, una más de tantas sustancias problemáticas que hoy siguen utilizándose porque los intereses económicos de una serie de empresas pesan más que lo que dice la ciencia. Se puede tardar décadas hasta que los gobiernos hagan caso de la voz de la ciencia.

En Colombia, por ejemplo, hay una prohibición de su uso en elementos relacionados con alimentos. ¿Cómo saber si se está cumpliendo?

Como siempre, una cosa puede estar prohibida sobre el papel, pero luego seguir usándose. Es necesario adoptar medidas de control y seguimiento para verificar que la ley se cumple. Por ejemplo, realizando analíticas para ver si se está usando o no una sustancia.

¿Es suficiente una prohibición para erradicar el riesgo que implica esta sustancia?

La prohibición es siempre un paso importante. Al final obliga a que las empresas adopten medidas. En Europa, por ejemplo, bastó que Francia lo prohibiese unilateralmente en materiales en contacto con alimentos para que en algunos otros países, en los que no se había prohibido, las empresas fuesen sustituyendo el Bisfenol A por otras sustancias, aunque no han aclarado suficientemente cuáles son esas otras. La adopción de medidas por parte de los gobiernos es clave, en especial con químicos que están en infinidad de productos, difíciles de evitar para la gente sin ese tipo de medidas. Pero evidentemente hay prohibiciones y prohibiciones, unas más amplias y efectivas y otras menos. Al final en estos temas casi siempre se trata de una muy larga carrera de fondo.

¿Comparado con otros tóxicos de uso común, el Bisfenol qué tan peligroso es?

El problema de la exposición a sustancias químicas tóxicas dista mucho de poder circunscribirse a una sola sustancia o grupo de sustancias. No es fácil comparar a veces el riesgo relativo de unas y otras. Son muchas las sustancias problemáticas: como ciertos ftalatos, retardantes de llama, compuestos perfluorados, pesticidas o compuestos orgánicos volátiles. El problema originado por cada tóxico concreto se suma a todo un caudal de otras sustancias a las que una persona puede exponerse al mismo tiempo, sustancias que pueden combinar sus efectos entre sí, no solo sumándose estos sino incluso multiplicándose en algunos casos. Es lo que se llama el “efecto cóctel”.

Si en 1930 en el mundo se producía un millón de toneladas de química sintética, en el año 2000 eran ya 400 millones de toneladas anuales. Y el negocio químico se dobló para el 2010

Debemos darnos cuenta del problema que puede representar que el hombre haya puesto en circulación, sin haber estudiado antes debidamente sus posibles efectos, decenas de miles de sustancias químicas sintéticas que no existían en la naturaleza. Y en unos volúmenes muy considerables. Si en 1930 en el mundo se producía un millón de toneladas de química sintética, en el año 2000 eran ya 400 millones de toneladas anuales. Y el negocio químico se dobló para el 2010. Y la tendencia sigue igual.

El Bisfenol A es ante todo un ejemplo paradigmático, en especial por ser una sustancia alteradora hormonal. Las medidas que se adopten con él pueden abrir el camino a medidas que son necesarias para muchas más sustancias con ésas propiedades nocivas.

¿El bisfenol solo es riesgoso cuando ingresa al organismo?

Los riesgos posibles para las personas se generan cuando llega al cuerpo. Aunque la vía alimentaria parece ser la principal, también puede darse cierto grado de absorción dérmica en algunos casos o a través de la respiración (por ejemplo por respirar polvo doméstico con presencia de la sustancia). En cualquier caso, hay que aclarar que la exposición a la sustancia no implica que necesariamente vaya a producirse un efecto. No hay que alarmar de esa manera. Pero sí parece claro que ante la evidencia existente de que tales exposiciones pueden estar ligadas a incrementos de riesgo de que se produzcan una serie de problemas, es mejor hacer lo posible por reducirlo.

¿Qué tan comprometida está la industria en la sustitución de este químico?

Algunas empresas alimentarias en Francia o que venden productos a ese país afirman haber sustituido el Bisfenol A en las latas. Un tema que preocupa a los científicos, e incluso a países como Suecia que sacó un informe sobre el tema, es que en algunos casos la industria puede estar sustituyendo el químico por otros, por ejemplo bisfenoles, que también podrían estar asociados a efectos nocivos.

No es nada nuevo que cuando se acumula evidencia científica que alerta de los riesgos de una sustancia la industria la sustituya por otras sustancias sobre las que no se ha estudiado tanto. Pero el que no se hayan estudiado tanto o nada no quiere decir, obviamente, que no los puedan tener. Solo que se podrá usar durante un tiempo hasta que, de nuevo, se acumulen, si es el caso, pruebas suficientes como para que se prohíba. Desde luego sería preciso un control más estricto de las sustancias químicas que se ponen en circulación del que actualmente existe y que da excesivas alas a la industria.

¿Se pueden lograr ambientes libres de Bisfenol?

Libres del todo será difícil, pero se puede lograr una menor presencia con medidas restrictivas a nivel regulatorio por parte de los gobiernos. Especialmente en ámbitos en los que puedan exponerse personas más vulnerables ante sus efectos posibles. También con la toma de conciencia de las propias empresas y por supuesto de una población informada, que pueda cambiar sus hábitos de consumo y hacer que empresas y administraciones se sientan más presionadas a la hora de adoptar medidas en favor de la salud de la población.

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