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Asquerosa violencia sexual / Sexo con Esther
Licor y violencia sexual

El 10.2 % de los encuestados indicó haber tomado ventaja sexual del uso de drogas y alcohol en los últimos 12 meses.

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Asquerosa violencia sexual / Sexo con Esther

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No existe ninguna excusa para que estos maltratos sigan creciendo y menos ante los ojos de todos.

Que una de cada tres mujeres en el mundo sea víctima de violencia sexual o física por parte de su pareja, ya de por sí resulta alarmante, pero si a esto se suma que en el marco de la pandemia estas cifras se han aumentado, el asunto toma dimensiones trágicas.

De acuerdo con las Organización de Naciones Unidas (ONU), desde que se desató el brote de covid-19 se han intensificado todos los tipos de violencia contra las mujeres –de todas las edades–, principalmente en los hogares.

El asunto empeora al saber que la mayoría de estos casos se quedan sin denuncias o que incluso después de denunciarse no generan ningún tipo de respuesta de las autoridades, en una comparsa casi normal, que se pasea por el mundo.

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El sufrimiento se multiplica, si se tiene en cuenta que las medidas para limitar la propagación del virus terminan por favorecer la cercanía permanente de mujeres y niñas con sus agresores, que no tienen más remedio que soportar todo tipo de atropellos, sin que medie para ellas la protección de una justicia que desafortunadamente voltea los ojos, con la disculpa torpe de que lo que ocurre dentro de los domicilios son problemas menores que se resuelven por sí solos.

Pero la responsabilidad no es solo de la justicia, sino que aquí la sociedad entera tiene su cuota de participación en estos delitos que no pocas veces terminan en tragedias, previamente denunciadas.

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Y no se trata, de ninguna manera, de exacerbar situaciones que para ciertos agresores silenciosos se enmarca dentro del activismo.

Callar este tipo de hechos o desconocerlos es, en esencia, otra forma de complicidad que en los tiempos que corren es francamente inadmisible.

No existe ninguna excusa para que estos maltratos sigan creciendo y menos para que prosperen ante los ojos de todos. Los encierros condicionados por la pandemia no justifican que las víctimas tengan que seguir conviviendo al lado de delincuentes que fungen de familiares. Protegerlas es deber de todos y denunciar los casos conocidos, un compromiso moral ineludible.

Hasta Luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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