Así es el sexo de pie / Sexo con Esther

Así es el sexo de pie / Sexo con Esther

El 'aquello' en posición erecta permite desplegar la imaginación y cumplir fantasías entre ambos.

Sexo de pie

Lo ideal es que se permita la adopción de posiciones que, con un poco de esfuerzo, se pueden lograr.

Foto:

Felipe Tamayo / Archivo EL TIEMPO

Por: Esther Balac
03 de agosto 2019 , 10:00 p.m.

El sexo de pie se ve fabuloso en las películas, pero en la realidad no siempre funciona, dice Brenda Colon en una de sus buenas notas, en la que le achaca los malos resultados a caídas, calambres, torceduras y resbalones, que terminan por sacar a los amantes en estampida.

Sin embargo, el ‘Kamasutra’ recomienda los polvos contra la pared, porque permiten un goce mayor y una compenetración entre las partes que raya con la complicidad.

La verdad es que, con cuidado, el aquello en posición erecta permite desplegar la imaginación y cumplir fantasías y juegos eróticos entre ambos, esto sin contar que se ha demostrado que fortalece la confianza entre las partes, además de que es muy buena idea escaparse de vez en cuando del catre.

Ahora, como el asunto es para salir de la rutina, no se trata de que los dos permanezcan erguidos cual guardia inglés, sino que se permita la adopción de posiciones que, con un poco de esfuerzo, se pueden lograr.

Por ejemplo, se vale utilizar la pared como soporte, para que ella cruce las piernas alrededor de las caderas de la contraparte, mientras cruza sus brazos por el cuello, a la par que coinciden los departamentos inferiores de cada uno. Esto dicen los que saben, permite que ambos controlen el ritmo, a la par que se logra buen estímulo donde toca.

De igual forma, se puede probar algo que a ellos les gusta, porque no hacen mucho esfuerzo, y es cuando se adosan firmemente a la pared, mientras la mujer, de espaldas a él, se inclina hacia el piso y desde esa posición dirige la orquesta. Al parecer, esto incrementa el goce.

También se disfruta cuando ella se pega de frente a la pared y él la sorprende por la espalda, mientras las manos no ahorran caricias de lado y lado.

Esto, además de romántico, es fácil de realizar, porque solo se necesita imaginación. No me voy a detener en otras descripciones, que requieren además de elasticidad un entrenamiento en contorsionismo, como las de la carretilla tailandesa o la del equilibrista.

Pero sí le recomiendo una opción, también de pie conocida como el visitante, en la que puestos de frente, solo basta que ella flexione un poco sus piernas, para que las cosas se den naturalmente. Aquí hay que decir que ya entrados en gastos, el señor por lo general termina por levantar a su pareja, con lo que se aumenta el disfrute.

En fin, como dice Claudia Pamela Forestello, en una nota sobre este tópico, “detrás de una puerta, en un ascensor, en el baño, donde encuentres a tu pareja, puedes provocarla, para conocer una experiencia así”.

Así que a pararse. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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